13 de julio de 2014 - 00:00

El Gobierno alimenta la recesión

Tratando de controlar las distorsiones que genera, la administración nacional toma medidas equivocadas, que generan menos movimiento en la economía.

Pese a diversos programas lanzados con bombos y platillos, el gobierno no consigue generar una reactivación de la economía y, a pesar de ello, se sostiene un ritmo inflacionario elevado, que ante el estancamiento se ve mucho más peligroso.

La inflación, sostenida por la inyección de moneda que hace el BCRA para financiar el déficit fiscal, prácticamente se consumió la devaluación del  20% de enero pasado. Hay que tener claro que la misma de ninguna manera corrigió el atraso acumulado, pero llevó alivio para varios sectores.

Los aumentos salariales otorgados en las últimas paritarias no han tenido el efecto que el Gobierno esperaba para reactivar la economía y esto puede deberse a una multiplicidad de factores. Por una parte, muchos productos aumentaron por encima de los datos de inflación. Además, muchas familias están pagando créditos tomados años anteriores que se les han acumulado, mientras han crecido los valores de los servicios públicos y combustibles.

Ya no es posible esperar que la economía crezca por la vía del consumo, mientras las exportaciones, salvo la de soja, están muy lentas. En la mayoría de los casos por problemas de costos internos y en otros casos, porque el Banco Central no entrega divisas para pagar importaciones de partes y componentes.

Una ecuación muy compleja

El Gobierno está enredado en una madeja tejida por él mismo, con un alta carga de ideologismo errático, impericia y alta ineficiencia por parte de los funcionarios encargados de administrar la economía.

Nuevamente debemos reiterar que el problema madre, la raíz del conflicto de la economía argentina, es la inflación y la interpretación de las causas de la misma por parte del gobierno.

En principio, la aceleración inflacionaria se vio motivada por lo que se denomina “inflación de demanda”, por efecto de diversos anabólicos aplicados por el Gobierno para estimular el consumo interno. Los subsidios a los servicios públicos, precios congelados con contrapartida de subsidios a las empresas, aumentos salariales muy encima de las tasas de crecimiento de la economía, generaron una mayor demanda.

Pero mientras esto ocurría la economía estaba cerrada, no se permitía importar, por lo que había restricciones a la oferta mientras se estimulaba la demanda, generando una puja que, inevitablemente, corrige por aumentos de precios.

Pero estos subsidios estimularon mucho la demanda de servicios públicos, mientras que la producción caía desestimulada por los precios pagados a los productores. Esta ecuación anómala obligó al Gobierno a importar energía eléctrica, gas y combustibles, generándole un problema adicional, ya que le cuesta más de 15.000 millones de dólares, divisas que deben salir del Banco Central.

Hoy, la inflación persistente está generando un problema adicional y es la escasez de reservas. Si bien el BCRA mantiene en sus arcas casi 29.000 millones de dólares, la caída del superávit comercial se junta con las necesidades financieras derivadas de los pagos de los servicios de la deuda externa.

Esta situación es compleja porque el Gobierno está entrampado tratando de postergar los ajustes todo lo posible, pero no puede evitar las consecuencias que la postergación de los mismos están generando.

Un angosto desfiladero

El Gobierno se empeña en sostener la inflación y mantener atrasado el tipo de cambio. Con un esfuerzo muy grande, el BCRA está tratando de sacar la mayor cantidad de circulante y de esa manera quitar presión sobre el precio del dólar paralelo, pero sube la tasa y eso complica mucho la obtención de créditos.

Por el sistema de control cambiario, cada vez que el Gobierno compra dólares de exportación amplía el circulante, pero cuando gasta los mismos dólares en pagos de importaciones o de la deuda, ese circulante queda en el mercado, el cual sigue teniendo restricciones en la oferta. Más allá de lo que se promete a través del programa “precios cuidados”, los precios siguen creciendo. Precios en alza, inflación y créditos caros no ayudan a reactivar la economía.

Esta situación pasó durante el gobierno de Raúl Alfonsín, hasta que la escasez de divisas los obligó a liberar el sistema de cambio para que el BCRA no tuviera que pagar importaciones, pero como seguía la emisión monetaria, se desató una feroz corrida contra el peso haciendo subir el dólar y generando una feroz inflación.

Hoy se administra la restricción cambiaria sin ningún tipo de plan, emitiendo nuevos bonos y generando situaciones que terminan complicando las exportaciones, que son la única fuente genuina que el Gobierno tiene para hacerse de divisas. Lo peor, es que se está quedando sin recursos para controlar y cuando el mercado lo advierta le hará sentir el rigor.

El Gobierno deberá tomar medidas inteligentes para superar esta situación. Pero no podrá evitar pagar costos y debe elegir cuáles pagará. Por ahora, solo alimenta la recesión con medidas restrictivas y se mete en un desfiladero cada vez más angosto y peligroso.

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