29 de septiembre de 2019 - 00:00

El futuro ya llegó, y nos aterra - Por Verónica Boix

Un análisis sobre cómo la distopía habla de nuestro mundo actual.

Al parecer la vida cotidiana es una distopía. Drones, robots, relaciones virtuales, inmigrantes que mueren en una balsa a metros de ciudades luminosas, Alexa, nanotecnología, selvas incendiadas, autos eléctricos. Hoy muchas de las profecías imaginadas en el siglo XX forman parte del día a día, aún más, existe una lista de películas que están situadas en 2019, entre ellas, el clásico futurista “Blade Runner”, basado en una novela de Philip K. Dick, “The Running Man” y “The Island”.

A pesar de que muchas no acertaron los pronósticos, llevan a pensar que habitamos un tiempo alguna vez imaginado. De ahí que la ciencia ficción nos tenga hipnotizados frente a las pantallas. Ya sean futuros tan cercanos que parecen anticuados o mundos dominados por religiones macabras, las historias nuevas nos ponen en alerta, o al menos, resultan un escape confortable para nuestras ansiedades ¿Serán estas distopías una suerte de catarsis para sobrevivir a la era digital o, tan solo, la lupa amplificada de un presente incomprensible?

Una familia acomodada festeja un cumpleaños en una mansión inglesa mientras Donald Trump ataca con armas nucleares una isla artificial en aguas disputadas a China . Así comienza “Years and Year”, la serie de HBO que construye un tiempo apenas futuro, muy similar al actual, excepto por dos factores, el primero y obvio es una tecnología evolucionada; en el segundo, realmente inquietante, los gobernantes que en nuestros días amenazan los derechos individuales con ideas totalitarias y racistas dan un paso más allá y las concretan.

Nadie está a salvo: los bancos se quedan con el dinero de los ahorristas, un empleado financiero termina trabajando en su bicicleta como delivery, desaparecen profesiones clásicas como los contadores, los empleos se precarizan, hay cirugías en sitios clandestinos, hipercontrol y un feroz cierre de fronteras. Sí, cualquier parecido con la actualidad del subdesarrollo es real.

Y no es la única historia que combina alta tecnología con un contexto humano nefasto. “Black Mirror “-serie original de la BBC que compró y siguió produciendo Netflix- juega con esa fórmula para explorar en cada episodio un escenario con tecnología de avanzada, pero siempre muy cercano a nuestro presente.

Los límites entre la realidad y la ficción aparecen cada vez más difusos. El futuro convive con el presente. Es curioso, en la base de las distopías actuales anida una tensión similar entre libertad y dominación.

Hoy la inestabilidad política y económica, las corrientes migratorias, el rebrote de las derechas extremas, las guerras atomizadas y los conflictos ambientales son el marco de una tecnología que, por un lado, vuelve más confortable la vida, pero por otro, esconde una cara sombría: la hipervisibilidad en plataformas digitales y la amenaza de manipulación de la información personal para fines espurios. Es difícil imaginar un escenario más distópico y al mismo tiempo, una sociedad menos resistente, que adopta la tecnología sin cuestionamientos.

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