Pensar la política en la región, más allá de la próxima elección es para sus políticos un ejercicio innecesario y sin sentido, basta con incluirlo en todos los discursos y promesas, pero como dice el tango "no pensar, ni equivocado". Sin embargo, muy pocas especulaciones podrían ser de tanta utilidad, para el resto de sus poblaciones.
Procuremos proponer algunas ideas en este sentido.
El contexto mundial de la región es sustancialmente distinto al que dominó durante la guerra fría, por lo que las ideologías propias de la era industrial están hoy, cuanto menos obsoletas.
Tras el fracaso del "fin de la historia" o de "las guerras de las civilizaciones", el tema dominante fue la globalización.
Los estudios sobre su naturaleza y alcance -mayormente deficitarios- cubrieron la última década del siglo pasado, junto a las "nuevas amenazas" con las que las estrategias de los países centrales procuraron responder a la amenaza de Gorbachov de dejar a los EE.UU. sin enemigo.
El nuevo milenio trajo nuevos objetivos globales, que procuraban dar solución a los grandes problemas del mundo más allá de fronteras políticas y culturales.
La dialéctica y el accionar antiglobalista de diversos grupos políticos continúa, como parte residual del conflicto con el capitalismo sin fronteras, "globalizado".
Pero diversos acontecimientos pueden ser tomados como indicadores del comienzo de un proceso de reversión: las multi-migraciones, el brexit, el renovado enfrentamiento de la OTAN con Rusia, que pareciera un reverdecer de las políticas de la guerra fría, la guerra de aranceles de EE.UU. y China, entre otros.
Está claro que el tecnocapitalismo - el capitalismo global apoyado hoy en la innovación tecnológica- genera nuevas contradicciones y conflictos muy diferentes de los del capitalismo tradicional que se escudaba en el Estado-nación.
El globalismo lo impulsa a ignorar fronteras políticas y jurídicas de los países.
Esto afecta a todos los países pero es más demandante en nuestros países, donde subsiste el estereotipo de considerar dividida la política en interna y externa; la primera es el ámbito de los políticos, dejando la segunda para los supuestos "profesionales" del servicio exterior.
Las políticas públicas y los mecanismos regulatorios, para visualizar y moderar los conflictos dando respuesta a los requerimientos nacionales o locales están cada vez más lejos de dar respuesta a los crecientes requerimientos sociales porque continúan respondiendo al viejo modelo estadual.
Lo cierto es que hay una creciente articulación entre requerimientos locales y condicionamientos globales, lo que está totalmente ausente en la agenda política regional.
Tomar conciencia de las imposiciones de la globalización frente a las necesidades endógenas de nuestros países exige a la política regional avanzar en el perfeccionamiento de la democracia teniendo en consideración las restricciones que surgen de un capitalismo sin fronteras, al mismo tiempo, que se piensen nuevas propuestas de desarrollo local.
La mayor amenaza está en que la dirección y aceleración crecientes de las tecnologías superan la capacidad de visualización y comprensión de nuestras estructuras institucionales y de lo que se requiere para controlarlas y regularlas.
El material que sirve a la construcción del futuro es la previsión, mediante un conjunto de alternativas que sirvan de base a las decisiones. El futuro no está determinado, sino que se modifica al mismo tiempo que nosotros mismos cambiamos.
Ahora no es posible gestionar el futuro sin un liderazgo de anticipación y una construcción sistemática de escenarios alternativos de futuros. Ninguno de estos escenarios encuadrará el futuro real, lo imprevisible domina en los sistemas complejos como es América Latina, pero es preciso acotar la complejidad y la incertidumbre y para ello sirven estas técnicas.
No se trata de una reacción frontal a la nueva articulación de intereses que supone la globalización, ni de sumarse acríticamente al capitalismo global como única alternativa, sino de entender donde radican estos intereses, cuales son los propios, que riesgos y conflictos suponen y que nuevas estrategias se pueden diseñar para poder vivir en una nueva era que deja en el pasado la sociedad industrial, para acceder a la sociedad del conocimiento. Ni el globalismo triunfalista, ni el "nacionalismo" tradicional contribuyen la comprensión de los nuevos contextos donde América Latina está obligada a vivir.
Las respuestas mundiales a los cambios operados de los monopolios mercantiles-industriales del imperialismo previo a las grandes guerras, hasta los intentos sostenido aún por el multilateralismo como el FMI y el Banco Mundial creados tras aquellas o la más reciente OMC, han sido ineficaces al extremo de representar serias restricciones a las naciones subdesarrolladas del mundo para obtener algún beneficio de las promesas de la globalización.
Pareciera como lo señala Dani Rodrik, de Harvard, que no podemos perseguir simultáneamente la democracia, la autodeterminación nacional y la globalización económica. Es claro que no bastan una democracias consolidadas para decidir como gestionar su desarrollo en una economía global que escapa a cualquier regulación diferente a las "reglas de los mercados".
Si no es posible regular la globalización a partir de los Estados nacionales, es aún más obvio que lidiar con las fuerzas que actúan en esta división exceden cualquier posibilidad de control por parte de algún partido al interior de nuestros países.
La incapacidad de los partidos tradicionales de defender los intereses de la mayor parte de la población, más allá de sus obsoletas ideologías, deja sin representatividad a este gran número de votantes, los que quedan a disposición de "nuevos" políticos o mejor diría de audaces sin ninguna capacidad probada, o abiertos a aventuras de las viejas derecha e izquierda. En paralelo con el riesgo de un total divorcio de la innovación tecnológica de los nuevos contextos sociales y culturales está la confianza ciega en las formas tradicionales del ejercicio político.
La obsolescencia de las dirigencias políticas latinoamericanas -más allá de su incapacidad para renovarse- también está claro en las estructuras políticas que los sustentan: los partidos y el divorcio entre programas de gobierno y ejercicio del poder.
En síntesis, el argumento principal que he pretendido transmitir con estas notas es que las lentes que utilizamos para mirar el mundo real pueden ser estrechas y superficiales o anchas y profundas. El reto está en emplear estrategias y tácticas simultáneas, atendiendo a las necesidades de las generaciones futuras y teniendo en cuenta también las necesidades del presente. La ampliación de nuestro horizonte cambia las posibilidades del futuro, expande lo que es posible.