La conmoción política y social que ha provocado el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) obliga a decir de qué se trata este organismo. Estuvimos becados allí.
La conmoción política y social que ha provocado el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) obliga a decir de qué se trata este organismo. Estuvimos becados allí.
Fue establecido en el año 1944, al concluir la Segunda Guerra Mundial en Bretton Woods, Nueva Hampshire, en EE.UU., lugar elegido por 44 países para la reunión. Inició sus actividades en el año 1945. Adherir o no, es una decisión libre y soberana. Actualmente son miembros casi todos los países del mundo.
La necesidad de reconstruir las economías de las naciones, dañadas por los efectos de la Guerra Mundial, llevó a los gobiernos de los distintos países a usar el remedio de la devaluación de sus monedas para promover las exportaciones y desalentar las importaciones, lo que afectaba a terceros países que también hacían lo mismo, provocando un desorden en el comercio internacional. Fue así como este organismo fue creado, con el compromiso de aportes de cada nación, para ayudar a los socios con problemas en sus balanzas de pagos, para que los resolvieran con medidas estructurales y no con artilugios monetarios, en la convicción que esta última herramienta no solucionaba nada, sino que postergaba el problema y lo agravaba en el tiempo.
No, no lo es, al menos como se entiende una entidad financiera, porque el objeto de su fundación no es el lucro, sino el equilibrio del comercio y las finanzas internacionales, por ello la tasa de interés más baja del mundo es la que cobra el FMI.
Por aportes de los países miembros. Si la toma de dinero del FMI es igual a ese aporte, no se pagan intereses, solo se paga el costo administrativo que puede estar alrededor del 0,05%. Cuando un país necesita un aporte mayor, la tasa de interés seguirá siendo baja y si por su situación económica crítica necesita un stand by (un plan de contingencia) otros países miembros harán aportes extraordinarios que permitan financiar la ayuda. Por ello, la tasa de interés puede trepar de un 2,5% hasta un 4% anual, según el costo del dinero para los países desarrollados. Cuando Kirchner le canceló la deuda al FMI de alrededor de nueve mil millones de dólares, fue por el impacto popular de la medida, pero no por su conveniencia, porque para ello tomó un préstamo de Venezuela con una tasa cinco veces mayor.
No se utiliza una sola moneda, sino una canasta o cesta de monedas que, actualmente, está compuesta por el euro, el yen japonés, la libra esterlina, renminbi chino y el dólar que determina la unidad de los Derechos Especiales de Giros (DEG).
Sus funcionarios son especialistas de todo el mundo y corresponden a las distintas naciones que componen el organismo. Por eso, la Directora Gerente actual, Christine Lagarde, es francesa y cuando en la década del '90 nos auditaba otra funcionaria del FMI, también mujer, su superior inmediato era un argentino, cordobés de Las Varillas, para más datos.
Porque así se decidió y EE.UU. prestó su territorio para ello, no por eso es del gobierno norteamericano. De la misma manera que no es suiza la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que funciona con sede en Ginebra.
El FMI solo reclama metas: eliminar déficit, lograr la estabilidad monetaria, promover las exportaciones y todo otro objetivo que lleve al país en crisis a ordenarse y recuperarse. Lo que sucede es que estos objetivos se pueden lograr por dos caminos: bajar los impuestos, eliminando los súper gastos de la política, establecer un sistema jubilatorio basado en la proporcionalidad de los aportes y sin jubilaciones de privilegio, eliminando organismos y cargos innecesarios, que existen por miles, no solo en la Nación, sino también en las Provincias, en los Municipios, en las empresas del Estado y en el Servicio Exterior, o bien, dejando todo como está, sin cambiar nada y subiendo los impuestos y suprimiendo solo los gastos que pueden ser indispensables para la población e incluso, disminuyendo la inversión y la obra pública, lo que es un desatino. Esta decisión la toma cada país de manera soberana. El FMI pide metas y los gobiernos fijan los instrumentos para lograrlas.
Porque es más fácil promover la culpa de otro que asumir la propia y en esta culpa, de estar en perpetua crisis haciendo alquimia con la economía sin hacer de una vez por todas lo que hay que hacer, los culpables somos todos los argentinos, ya sea por acción o por omisión. No el FMI.