7 de septiembre de 2014 - 00:00

El Estado Islámico exhibe gran dominio de los medios de comunicación

Los extremistas que se han apoderado de grandes partes de Siria e Irak han captado la atención del mundo con su destreza militar y brutalidad desenfrenada. Sin embargo, los servicios occidentales de inteligencia también están preocupados por su extraordin

El Estado Islámico está utilizando cada modo contemporáneo de enviar mensajes para reclutar combatientes, intimidar a los enemigos y promover su dicho de haber establecido un califato, un Estado musulmán unificado, basado en una estricta interpretación de la ley islámica. Si bien sus prejuicios y decapitaciones parecen provenir de un siglo distante, su utilización de los medios está a la altura del momento.

Una revisión de su prodigiosa producción impresa y en internet revela diversas sorpresas. La propaganda del Estado Islámico, por ejemplo, contiene, asombrosamente, pocos llamados a realizar ataques contra Occidente, aun cuando en el video más notorio entre los estadounidenses, dado a conocer hace dos semanas, se muestra la decapitación del periodista estadounidense James Foley, se amenaza a otro rehén estadounidense y se dice que los ataques de Estados Unidos contra el Estado Islámico “tendrían como resultado el derramamiento de sangre estadounidense”.

Esto fue distinto a casi toda su variada producción: la lucha para asegurar y expandir al Estado Islámico. Expertos dicen que eso podría cambiar de un día para otro, pero que, por ahora, hace una marcada distinción entre el Estado Islámico y Al Qaeda, la cual ha hecho, de tiempo atrás, de los ataques contra Occidente su más alta prioridad.

Y, si bien la primera está construida sobre la base del derramamiento de sangre, parece determinada a demostrar agudeza burocrática del Estado que dice estar construyendo. Sus dos informes anuales hasta ahora están repletos del tipo de contabilidad al estilo yihadista, con registros estadísticos de todo, desde “ciudades tomadas” y “asesinatos con cuchillos” cometidos por fuerzas del Estado Islámico, a “retenes establecidos” y hasta “apóstatas arrepentidos”.

Los medios del Estado Islámico enmarcan su campaña en términos históricos, montando un asalto frontal sobre las divisiones y límites nacionales en Oriente Próximo, establecidos por las potencias occidentales después de la Primera Guerra Mundial. Estas “divisiones de los cruzados” y sus modernos dirigentes árabes, argumenta el Estado Islámico en su revista en inglés, corresponden a una estrategia de divide y conquista, cuyo propósito era prevenir que los musulmanes se unificaran “bajo un imán que portara el estandarte de la verdad”.

Ese sentido de agravio histórico es un antiguo tema de Al Qaeda y de organizaciones islamistas más moderadas. La diferencia es que, al capturar un extenso territorio y armamento pesado, y funcionar con la riqueza de los secuestros, la piratería petrolera, los robos a bancos y la extorsión, el Estado Islámico dice haber dado un gran primer paso para corregir lo que ve como este antiguo mal, creando un Estado musulmán unificado que incorpore a los países existentes.

El Estado Islámico, con gran cuidado, hace a medida su presentación para el reclutamiento y envía mensajes claramente distintos a los musulmanes en Occidente que a los que están más cerca de ellos. Sin embargo, la imagen de un poder imparable e implacable anima a todos los mensajes.

La presentación es efectiva. La rebelión extremista en Siria e Irak ha atraído a cerca de 2.000 occidentales, incluidos, quizá, unos 100 estadounidenses, y muchos miles más de Oriente Próximo y otras partes, aunque algunos han regresado a sus lugares de origen. Expertos creen que la mayoría de los que quedan hoy están luchando con el Estado Islámico.

“El punto predominante es que el éxito llama al éxito”, notó Emile Nakhleh, un ex analista de la CIA. “La percepción de las victorias rápidas, el territorio, el armamento y las bases significa que no necesitan esforzarse demasiado para reclutar”.

Durante dos décadas, analiza Nakhleh, Osama Bin Laden habló de restablecer un califato, pero nunca dijo haberlo hecho.

“Los jóvenes ven a ISIS y dicen: '¡Cielos, lo están haciendo!'. Ven los videos con combatientes montados en tanques. Ven que ISIS tiene dinero”, dice usando las siglas que solía tener el Estado Islámico.

Antes que capturara a la ciudad iraquí de Mosul en junio, otras facciones que peleaban en Siria atraían a reclutas europeos, contó Thomas Schmidinger, un politólogo de la Universidad de Viena. “Pero, desde la caída de Mosul, casi todos se van” con el Estado Islámico, comentó.

En la evolución de la propaganda yihadista moderna, Bin Laden, al dirigirse hacia una sola cámara fija, con una retórica de pura palabrería, en un árabe altamente formal, representa a la primera generación (sus videos se tenían que llevar subrepticiamente a Al Yazira o a otra cadena de televisión para que se transmitieran). El personaje más prominente de la segunda generación fue la estrella de YouTube, Anuar al Awlaki, el clérigo nacido estadounidense, muerto durante un ataque con drones en Yemen, en 2011, quien se dirigía a los occidentales en inglés coloquial, tenía un blog y una página en Facebook, y ayudó a producir una revista a todo color, en inglés, llamada Inspire.

El Estado Islámico está en línea, en jihad 3.0. Se divulga su mensaje en docenas de cuentas de Twitter, y ha publicado algunos de los discursos importantes en siete idiomas. Sus videos tienen elementos de la Avenida Madison y Hollywood, de videojuegos de combates y programas dramáticos de la televisión por cable, y sus despachos sensacionalistas se reflejan y amplifican en los medios sociales. Cuando bloquean sus cuentas, de inmediato aparecen otras nuevas. También utiliza servicios como JustPaste para publicar resúmenes de las batallas; SoundCloud para dar a conocer reportes de audio; Instagram para compartir imágenes, y WhatsApp para divulgar gráficos y videos.

“Están muy versados en cuanto a dirigirse a un público joven”, explica John G. Horgan, un psicólogo en la Universidad de Massachusetts en Lowell, quien ha estudiado el terrorismo de tiempo atrás. “Existe una urgencia: 'Sé parte de algo que es más grande que tú mismo, y sé parte ahora’”. Fawaz A. Gerges, un profesor en la London School of Economics y autor de “The Far Enemy: Why Jihad Went Global” (El enemigo lejano. Por qué la Yihad se hizo mundial), comentó que, hasta ahora, el Estado Islámico se ha centrado, sistemáticamente, en lo que los extremistas llaman “el enemigo cercano” -dirigentes de países musulmanes como Bashar Asad de Siria- y no en “el enemigo lejano”, Estados Unidos y Europa.

“La lucha en contra de los estadounidenses e israelíes es distante, no es una prioridad”, notó. “Tiene que esperar a la liberación del lugar de origen”.

Ha sido frecuente que Al Qaeda enfatice la ventaja de la red terrorista de partidarios que tienen pasaportes occidentales y pueden atacar a sus países. Sin embargo, un rito de iniciación, público y común, de los nuevos reclutas del Estado Islámico es romper o quemar los pasaportes para simbolizar un compromiso sin retorno para con el Estado Islámico.

En un pulido video islámico se presenta a un recluta canadiense, llamado Andre Poulin, exhortando a los musulmanes norteamericanos para que sigan su ejemplo e, incluso, lleven a sus familias.

“Aquí se cuidaría muy bien de ustedes”, dijo en el video. “Sus familias vivirían aquí con seguridad, tal como sucede en su lugar de origen. Ustedes saben que aquí, en Siria, contamos con grandes extensiones de territorio”.

En otro video de presentación en inglés, un combatiente británico, identificado como hermano Abu Bara al Hindi, presenta el llamado a la Yihad como una prueba para los cómodos occidentales.

“¿Están dispuestos a sacrificar el empleo gordo que tienen, el gran automóvil, la familia?”, pregunta. A pesar de tales lujos, dice, “Vivir en Occidente, sé cómo se sienten; en el fondo, se sienten deprimidos”. Declara que el profeta Mahoma dijo: “La cura para la depresión es la Yihad”.

Tales llamados provocan curiosidad, y combatientes británicos han respondido cientos de preguntas sobre cómo unirse al Estado Islámico en el sitio web Ask.fm, que incluyen el tipo de zapatos que hay que llevar y si hay disponibles cepillos de dientes. Cuando se pregunta qué hay que hacer al llegar a Turquía o Siria, es frecuente que los combatientes respondan, en forma casual: “Kik me”, haciendo referencia a la mensajería instantánea para teléfonos inteligentes y prosigan la conversación en privado.

En los videos en inglés no se minimizan los peligros de la lucha; el de Poulin, por ejemplo, muestra y celebra su muerte en batalla. Sin embargo, el mensaje a los anglohablantes es, con todo, muchísimo más suave que los que se hacen en árabe, que se detienen en los cadáveres de los enemigos y muestran prisioneros esposados, a los que se ametralla con indiferencia.

El mensaje, comentó Gerges, es terminante: “No estorbes o serás aplastado. Únete a nuestra caravana y harás historia”.

En lugar de enfatizar a la Yihad como un medio de realización personal, la producción mediática en árabe lo expone como un deber de todos los musulmanes. Hace ostentación de la violencia hacia sus enemigos, en especial los chiitas, y los servicios de seguridad iraquíes y sirios, mientras que describe al asesinato sólo como venganza.

Un documental reciente del Estado Islámico, de una hora de duración, inicia con una toma en video desde un dron sobre Faluya, en Irak, y luego sobre un convoy de camiones armados del Estado Islámico que se aleja de la batalla. Una voz superpuesta dice que el Estado Islámico se está expandiendo y que la mezquita Al Aqsa en Jerusalén está “a tiro”.

En una escena posterior, un combatiente que sostiene un rifle y su pasaporte se burla de su país de origen, Baréin, por amenazar con quitarles la ciudadanía a quienes hagan la Yihad en otros países.

“¿Que no saben que ustedes, su ciudadanía, sus leyes, sus constituciones y sus amenazas están bajo nuestros pies?”, dice el combatiente, antes de utilizar un antiguo nombre del Estado Islámico. “¿Acaso no saben que somos los soldados del Estado Islámico en Irak y Siria, y que nuestro Estado se va a expandir hasta quitar los tronos por los que ustedes vendieron su religión?”.

En ninguna parte, durante la hora de la producción -llena de amenazas, disparos al pasar, explosiones y tiroteos-, ningún combatiente del Estado Islámico menciona a Estados Unidos ni habla directamente de Israel o lo amenaza, como no sea por la alusión a la mezquita Al Aqsa.

Hasan Hasan, un analista sirio en el Instituto Delma en Abu Dabi, dijo que el Estado Islámico se presenta como restaurador en épocas idealizadas de la historia islámica antigua, en una forma en la que resuena con muchos de los musulmanes en la región.

“ISIS trata de reflejar una imagen de ser la continuación del sistema del califato”, explicó. “En la mente de las personas, el califato se trata de victoria y dignidad de los musulmanes. Un califa es un defensor de los musulmanes contra los enemigos de dentro y fuera”.

El énfasis del Estado Islámico en una implementación estricta de la ley islámica también atrae apoyo, continuó, como lo hace su descripción de su batalla en términos firmemente sectarios.

Muchos de los sunitas de la región se solidarizan profundamente con cualquier fuerza que pueda impugnar a los gobiernos iraquí o sirio, porque piensan que han oprimido a los sunitas.

El Estado Islámico “es una organización capaz de golpear a las fuerzas de seguridad y a los leales de estos gobiernos”, que tiene “atractivo generalizado”, notó Hasan.

El Centro para las Comunicaciones Estratégicas de Contraterrorismo del Departamento de Estado de Estados Unidos ha intensificado sus esfuerzos para contrarrestar la propaganda del Estado Islámico, publicando en Facebook y Twitter un hilo constante con los horrores cometidos por el Estado Islámico, usando la etiqueta #ThinkAgainTurnAway.

Por ahora, parece un camino cuesta arriba. La semana pasada, un combatiente del Estado Islámico que se hacía llamar Abu Turaab escribió en Twitter: “Para quienes quieren venir, pero enfrentan obstáculos, sean pacientes y mantengan por siempre vivo dentro de ustedes el deseo por la Yihad”.

En la cuenta del Departamento de Estado, se respondió: “ISIS recluta 2 opciones: cometer atrocidades y morir como criminales, o que los pillen y desperdicien la vida en prisión”. Hasta el viernes, el comentario de Abu Turaab tenía 32 “favoritos”, mientras que el conteo para la respuesta del Departamento de Estado era de cero.

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