Compositor, multiinstrumentista, cantante, escritor, pintor, actor, David Bowie fue uno de los artistas más influyentes de la segunda mitad del siglo XX, dueño de un estilo inclasificable, una estética inconfundible y una multifacética obra que abarcó más de 40 años.
Su último disco, “Blackstar”, fue publicado por Sony el viernes 8 de enero, el mismo día en que Bowie cumplía 69 años y dos días antes de que se anunciara su sorpresiva muerte a causa de un cáncer con el que, según se anunció, venía luchando desde hacía 18 meses.
En el álbum que Bowie lanzó ese día el protagonista es Lazarus, un ser que vuelve de la muerte creado originalmente para un musical de Broadway donde el actor Michael C. Hall interpreta a Thomas Jerome Newton, el protagonista de “El hombre que cayó a la tierra” (1976), película de culto donde Bowie hace un papel a su medida: un extraterrestre perdido en la tierra que quiere regresar a su planeta.
En ese sentido, ya desde el título, “Blackstar” retoma el tema central de la obra de Bowie: el viaje espacial, la vida alienígena, las estrellas, como lo demuestran muchos de sus clásicos: desde “Space Oddity” a “Starman” y desde “Life on Mars” a “Ashes to Ashes”, entre otras canciones que reflexionan sobre el universo y la muerte de manera filosófica, poética y, como en este caso, demencial y con oscuros tintes apocalípticos.
La oscuridad que caracteriza a “Blackstar” se relaciona con algunos de sus discos más complejos, en la línea de “Station to Station” (1976), época de cocaína y paranoia; “Low” (1977), primera parte de la mítica trilogía de Berlín que grabó con Brian Eno, y “Outside” (1995), obra conceptual también junto a Eno que vuelve al espacio con “Hallo Spaceboy”, un poderoso tema remixado por Pet Shop Boys.
El disco, elogiado por la crítica, también guarda una relación con el enigmático álbum “Diamond Dogs” (1974), un sombrío trabajo inspirado en la célebre novela de George Orwell, “1984”, donde Bowie grabó uno de los temas más populares de su carrera: “Rebel Rebel”.
Los temas
La primera canción del disco, que le da nombre a la obra, es una pieza oscura, disonante, perturbadora, que a lo largo de diez minutos rompe con todo convencionalismo y genera un caos controlado que gira en torno a elementos del jazz, rock industrial, pop simétrico, texturas inquietantes y un clima apocalíptico de oscura claridad.
Para ese tema, el cineasta Johan Renck, que dirigió algunos capítulos de “Breaking Bad”, realizó un impactante video donde se lo puede ver a Bowie en un extraño planeta en medio de una coreografía siniestra donde aparece Lazarus, personaje que tiene su propio video, otra parte de la misma historia, también dirigido por Renck.
Sobre la experiencia de trabajar con Bowie, el cineasta sueco dijo en un comunicado: “Uno sólo podía soñar con la colaboración con una mente como esa; y mucho menos dos veces consecutivas. Intuitivo, juguetón, misterioso y profundo. No tengo ningún deseo de hacer más videos conociendo el proceso tan formidable y satisfactorio como este. Básicamente he tocado el sol”.
Otro de los grandes temas del disco es “Sue (or in a Season of Crime)”, una nueva versión más electrónica de un sencillo que Bowie presentó hace un año en el álbum antológico “Nothing has changed”, donde se destaca el trabajo de The Maria Schneider Jazz Orchestra, grupo creado por la discípula de Gil Evans, célebre colaborador de Miles Davis.
En esa línea cabe destacar “Tis a Pity She Was a Whore”, una pieza de pop simétrico que recuerda algunas sonoridades de Brian Eno, a la vez que sorprende por un juego circular con los vientos y las voces que muestran la inmensa capacidad de Bowie de contraponer elementos para producir un sonido que oscila entre lo suave y lo perturbador.
Los últimos temas del disco, “Girl Loves Me”, Dollar Days” y “I Can’t Give Everything Away”, retoman cierta atmósfera clásica en Bowie, en la línea de “Hunky Dory” (1971), “Black Tie White Noise” (1993) y “Hours” (1999), entre otros trabajos donde la melodía se vuelve central, ligeramente melancólica y, una vez más, espacial.
Acompañado por el saxofonista Donny McCaslin, el baterista Mark Guiliana, el bajista Tim Lefebvre y el tecladista Jason Lindner, entre otros grandes músicos, Bowie dejó como último legado musical un disco inquietante, innovador, fuera de serie, que busca la luz en una galaxia oscura, opresiva, donde parece no haber salvación.
A diferencia de muchos artistas de su generación, Bowie, arquitecto del sonido, decidió hacer de su persona parte de su obra y dejar que su arte hablara por él: un camino que lo reafirma como uno de los más grandes creadores de todos los tiempos.
Concierto homenaje
Será el próximo 31 de marzo en el Carnegie Hall, de Nueva York, y contará como anfitrión a Tony Visconti, productor y amigo personal del “Duque Blanco”.
Cyndi Lauper, The Roots, Jakob Dylan, Perry Farrell y Robyn Hitchcock, entre otros, interpretarán algunos clásicos de su discografía en un concierto que, si bien había comenzado a organizarse desde hacía varios meses, la sorpresiva muerte de Bowie lo resignificó y cuya recaudación será donada a programas de educación para jóvenes en situación de riesgo.
En este contexto, no se descarta que lo que en un primer momento se anunció como "20 artistas interpretando la obra de Bowie" se convierta en un tributo con la presencia de muchos más músicos que los previstos.