"Es el tipo perfecto de la naturaleza, con sus desbordamientos, sus secretos fuegos, sus horizontes reverberantes y sus misterios sombríos. Sus ideas brotan precedidas por el rugido de las fieras, como el rayo es anunciado por el estampido del trueno; y como éste, o deslumbra o mata, o ensordece y abruma". Así describió Joaquín V. González a Facundo Quiroga. Su mítico poderío traspasa generaciones; leyenda parece ser otro modo de nombrarlo. Sin embargo, no todas fueron victorias para el Tigre de los Llanos.
En 1830 José María Paz buscó organizar el país desde Córdoba, poniendo en jaque a Quiroga. El poder del riojano iba más allá de los límites de su provincia, dominando Cuyo y gran parte del Norte argentino. Su naturaleza hostil lo llevó a enfrentarse, pero Paz que nunca perdía batallas. Lo derrotó en dos oportunidades y Facundo terminó refugiándose en Buenos Aires.
Las victorias sobre Facundo permitieron al General Paz extender su hegemonía. Contó para esto con el apoyo de Gregorio Aráoz de La Madrid, que inmediatamente tomó La Rioja y se autoproclamó gobernador. A pesar de trabajar en conjunto, ambos hombres terminaron detestándose. Paz señaló en sus memorias: "Mucho daño hicieron las ridículas fanfarronadas del general La Madrid, que ofrecía con su escuadrón de voluntarios y algunos cientos de riojanos marchar a Buenos Aires a derribar a Rosas y a todos los caudillos que lo apoyaban. Después de haber estrujado La Rioja, sin haber hecho mucho para convertir a nuestra causa a sus habitantes, quería a todo trance salir de esa provincia para correr otras aventuras".
El cordobés no falta a la verdad pues La Madrid se volvió muy impopular en las tierras riojanas y cometió numerosos atropellos. Durante meses ejerció medidas de mucho rigor sobre los partidarios de Quiroga "y, lo que era vergonzante para un militar, sobre la anciana madre de éste, la cual fue llevada a la cárcel con una pesada cadena en el cuello" (Saldías). Debemos decir que tiempo después Facundo tuvo la oportunidad de vengarse pero no lo hizo y, por el contrario, protegió a la familia de La Madrid. Al revés, Paz no perdonó a su subordinado tucumano, alcanzando el extremo de no soportar su presencia: "Llegó a mi cuartel general -escribió-, vino a obsequiarme con una banda de cantores, y luego hizo lo mismo con otros jefes: todos tuvimos que sufrir tan fastidioso obsequio" (Paz).
Cada jornada en Buenos Aires se hacía insoportable para Facundo. Las noticias de lo sucedido en su provincia lo llenaban de ira e impotencia. Muchos sabían que había enterrado dinero y La Madrid lo buscó desesperadamente hasta dar con él. Para encontrarlo no escatimó violencia. Dijo dar una gran suma a Paz, pero este último lo negó rotundamente. Especificó que sólo llegaron a sus manos seis mil pesos y según lo dicho por el general Quiroga, el dinero pasaba los noventa mil pesos fuertes. "Mientras que lo que se me notició por cartas particulares de los coroneles La Madrid y Plaza -señala Paz-, apenas llegaba a treinta y dos mil (...) creo cierta la aserción del general Quiroga".
Finalmente La Madrid desobedeció a Paz y dejó La Rioja, poco después su jefe cayó en manos enemigas y Quiroga regresó a sus tierras, mientras el país se hundía en la tiranía rosista.
Así era la Argentina de entonces, dividida en dos, marcada por la codicia y el enfrentamiento. Un país en el que se enterraba el dinero malhabido y la violencia marcaba el ritmo a las horas. Cualquier similitud con la Argentina actual, no es pura coincidencia.