10 de mayo de 2020 - 00:00

El día después de hoy - Por Dr. Aldo Luis Biondolillo

La pandemia de COVID-19 nos muestra el típico caso de una enfermedad cuarentenaria cuyo control exige medidas que involucran a toda la comunidad, por lo que las conductas individuales deben quedar sujetas al interés del colectivo social.

Esta contradicción, termina generando un conflicto de intereses entre las preferencias individuales y las del conjunto de la sociedad.

Situaciones como estas son identificadas como fallas de mercado y reciben el nombre de “externalidades” porque aparecen cuando por la actividad normal de un individuo, que busca su máximo bienestar, se afecta el de terceras partes ajenas a su comportamiento.

Para resolver tales conflictos se recurre a la teoría de los juegos; cuyo desarrollo le valió a John Nash el Premio Nobel de Economía en 1994.

En el caso del confinamiento social obligatorio, la idea es plantear un juego en el que hay un participante que prioriza exclusivamente su interés individual, a sabiendas de que el resultado dependerá no tanto de lo que él haga sino del comportamiento del resto de la comunidad.

El resultado final será distinto en un escenario solidario o de nula cooperación.

Si la persona tiene actitud egoísta y el resto de la población también nadie se aislará y todos se contagiarán (-).

Ahora bien, si la misma persona actúa solidariamente y el resto acompaña, se benefician todos (+).

Pero si su actitud cooperativa, no es correspondida por el resto, aquel se verá doblemente perjudicado, por contagiarse y por haber incurrido en todas las molestias de la cuarentena (- -).

Finalmente si dicho individuo no cumple con la cuarentena, y el resto sí, resulta doblemente beneficiado porque no se contagiará y no habrá soportado el costo de aislarse (++).

Hemos alcanzado así lo que en la teoría de los juegos se denomina el equilibrio de Nash, caracterizado por una estrategia dominante en la que ninguna de las partes actúa solidariamente porque es la única forma de mejorar sus opciones personales.

La manera de modificar tal comportamiento es mediante la intervención de un árbitro, en este caso un Estado presente, que establezca reglas de juego claras y sea inflexible al momento de penalizar a quienes las desobedezcan.

En este tema el gobierno nacional parece haber elegido el camino correcto.

¡El falso dilema de la salud o la economía!

En un gráfico imaginario de cuatro cuadrantes podemos representar de a pares las combinaciones entre el estado de la economía y del sistema sanitario, según sean sus fortalezas (F) o debilidades (D) relativas. Un desplazamiento desde la doble debilidad (DD) a la doble fortaleza (dirección Noreste) será deseable para la comunidad, ya que la valoración social se basa en el criterio de “más es mejor”.

Lo actuado por el gobierno para ralentizar los contagios puede asemejarse al desvío del tráfico de una autopista por su senda lateral donde, en su primer tramo, no sólo se frenó la economía sino que incluso retrocedió respecto de su punto de partida. Aun cuando se entendió que la medida era correcta, de inmediato comenzaron las especulaciones acerca de qué debería hacerse “el día después”. Así se cayó en la trampa de que había que resolver el falso dilema de optar entre la salud o la economía, cuando en realidad lo que debe hacerse es actuar simultáneamente a favor de la salud y la economía para finalmente alcanzar la meta de la doble fortaleza (FF).

Ahora, en una cuarentena administrada sugerimos definir criterios de flexibilización y establecer algunas prioridades:

* Comenzar por las provincias más alejadas del GBA, con menor concentración poblacional, sin circulación local del virus y permitir mayor apertura en las zonas periféricas de sus centros urbanos. En los grandes conglomerados, flexibilizar la actividad laboral por grupos etarios, comenzando por los adultos menores de 50 años. La razón es que existe evidencia empírica que muestra una mayor tolerancia al virus de los adultos jóvenes, además de que el costo de oportunidad del tiempo de un joven parado es superior al de un adulto mayor. Que los jóvenes salgan a trabajar para dar mayor protección a los adultos, muestra también un sentido de solidaridad social y puede aportar adicionalmente al proceso de inmunización de rebaño.

* Las obras públicas y privadas podrán enfocarse al fortalecimiento del sistema sanitario mediante la construcción de salas de atención primarias, hospitales de campaña, escuelas públicas, tendido y mantenimiento de redes de servicios municipales, parques y plazas. Los trabajos de albañilería y reparación de viviendas, demandarán servicios a cuentapropistas del rubro y constituirán actividades de esparcimiento productivo para los mayores aislados obligatoriamente.

* Permitir la apertura de PyMEs sujetas a protocolos de seguridad sanitaria, ubicadas en zonas periurbanas, con un máximo de empleados que no requieran movilizarse en medios públicos de transporte y que preferiblemente provean insumos, partes o servicios a empresas exceptuadas.

* Se permitirá el funcionamiento de restaurantes que atiendan puertas adentro con un distanciamiento apropiado y que además provean de viandas y refrigerios a comedores sociales, merenderos, geriátricos y adultos mayores aislados.

* A los grupos sociales más vulnerables, que habitan viviendas precarias, con problemas de hacinamiento, amenazados por otras enfermedades contagiosas como el dengue, sin un trabajo formal y que necesitan aportar urgentemente al sustento familiar; además de aplicárseles las medidas restrictivas de los grandes conglomerados, se les otorgará un seguro de desempleo y se los capacitará para trabajar en cooperativas en la misma zona de residencia, donde cumplan turnos rotatorios de 14 días, hasta poder insertarse gradualmente en el mercado laboral.

La experiencia de la Cooperativa de Cartoneros Villa Itatí, podría ser el mejor ejemplo a imitar.

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