22 de junio de 2014 - 00:00

El deshielo de los glaciares

Estos gigantescos reservorios de agua han llegado a un punto crítico, al que muchos científicos definen como sin vuelta atrás.

Es posible que dentro de algunos siglos ya no exista una gran franja de la capa de hielo en el oeste de la Antártida; se habrán derretido sus cientos de miles de millones de toneladas, causando una elevación de cuatro pies en los mares, de por sí ya con mayor volumen.

Científicos acaban de informar que podría ser inevitable ese escenario, según investigaciones nuevas que concluyen que algunos de los gigantescos glaciares ya pasaron el punto de no retorno, posiblemente desatando una reacción en cadena que podría condenar al resto de la capa de hielo.

Para muchos, la investigación indica que los cambios en el clima de la Tierra han llegado a un momento crítico, aun si se detuviera de inmediato el calentamiento mundial. “Nosotros, como personas, lo vemos como el cierre de puertas y la limitación de nuestras opciones futuras”, notó Richard Alley, un profesor de geociencias en la Universidad Estatal de Pensilvania. “Personalmente, a la mayoría de nosotros nos gusta mantener abiertas esas opciones”.

Sin embargo, estos glaciares son solo los signos más recientes del aceleramiento en el derretimiento de las regiones glaciales de la Tierra. Si bien algunas se mantienen estables o hasta crecen ligeramente, la mayoría se están reduciendo, y los científicos creen que seguirán derritiéndose mientras no se frene la emisión de gases invernadero. “Es, posiblemente, la mejor evidencia del impacto mundial real del calentamiento”, señaló Theodore A. Scambos, principal científico del Centro Nacional de Datos sobre la Nieve y el Hielo.

Donde el deshielo es mucho mayor es en los glaciares más pequeños en las altas regiones montañosas de los Andes, Alpes y en el Himalaya, así como en Alaska. En sí mismo, su derretimiento no representa ninguna amenaza grave; juntos, solo representan uno por ciento del hielo en el planeta y solo provocaría un aumento en el nivel del mar de uno a dos pies.

Sin embargo, los glaciares en las montañas les han estado diciendo a los científicos lo que hoy confirma la desintegración del glaciar en el oeste de la Antártida: en los próximos siglos, habrá más tierra cubierta por agua y se habrá afectado a más naturaleza. Un deshielo total causaría que el nivel del mar aumentara 215 pies.

En recientes eras del hielo, los glaciares se expandieron desde los polos y cubrieron casi un tercio de los continentes. Y, en el pasado distante, hubo episodios conocidos como glaciaciones globales, cuando se congeló el planeta entero. En el otro extremo, es posible que un período caliente, cercano al final de la era de los dinosaurios, haya dejado al mundo sin hielo. Hoy día, es modesta la cantidad de hielo: 10% en zonas terrestres, casi todo en Groenlandia y la Antártida.

Los glaciares son, simplemente, ríos de hielo formados a partir de nieve en regiones que están congeladas todo el año. La nieve se compacta al paso del tiempo y se vuelve hielo granulado y poroso, al que los glaciólogos llaman nieve granular. Cuando ésta se compacta todavía más, se convierte en hielo glacial, que se desliza, en general, lentamente por las laderas de las montañas. Dependiendo de lo rápido que se acumule la nieve reciente en las cimas, o se derrita abajo, un glaciar aumenta de longitud y espesor, o se reduce.

No hace mucho, la única forma de medir los glaciares era colocando estacas en el hielo. Con herramientas para el sondeo, los glaciólogos marcaban la ubicación y regresaban después a ver qué tanto se había movido el glaciar. El método daba datos solo de las zonas medidas durante el período del estudio. “Estas medidas requerían de muchísimo trabajo”, contó Tad Pfeffer, un glaciólogo en la Universidad de Colorado.

Hoy, los satélites proporcionan una vista mundial. Las imágenes muestran dónde están los glaciares y cómo cambian las áreas con el paso de los años. El más útil ha sido el experimento de la NASA sobre recuperación gravitacional y clima, o Grace, por sus siglas en inglés. Dos naves especiales idénticas han estado midiendo la gravedad de la Tierra. Cuando se derriten los glaciares, el agua fluye a otros sitios y esa parte del planeta pesa menos, lo que debilita ligeramente el jalón gravitacional. Grace no es lo suficientemente preciso como para medir los cambios en la masa de un glaciar en particular, pero sí proporciona datos sobre los cambios regionales.

Otro satélite de la NASA, el IceSat, rebotó láseres en el hielo para medir con precisión su altura. En un análisis del año pasado de las medidas satelitales y terrestres, un equipo de científicos, coordinado por Alex S. Gardner, concluyó que, en promedio, los glaciares en todas las regiones se están desvaneciendo, lanzando 260.000 millones de toneladas métricas de agua a los océanos cada año. 
En 2012, cuando las temperaturas de verano en el Ártico fueron particularmente calientes, fue posible observar la superficie en deshielo en casi todos los glaciares de Groenlandia, incluso en las montañas. Eso no había sucedido en décadas.

Los investigadores de Dartmouth encontraron que otro efecto secundario del calentamiento mundial, los incendios forestales, hacen que el deshielo empeore todavía más. El hollín del fuego en otras partes del mundo cayó sobre la nieve de Groenlandia, causando que absorbiera todavía más calor.

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