El uso de los dispositivos tecnológicos ha llevado a que los chicos sean sumamente sedentarios. Si sumamos a eso la inseguridad existente (antes se podía llegar a la casa, salir a la calle, jugar a la mancha o a la pelota) el panorama nos muestra a niños que no tienen movimiento significativo en todo el día.
Por eso hay que propiciar la actividad física en ellos desde el entusiasmo, por más complejo que sea (por los compromisos adultos) llevarlos, traerlos o salir con ellos, ya que para el chico, compartir con su familia y amigos estos momentos, al igual que aceptar reglas desde pequeños, les suma mucho a su desarrollo.
La actividad física, vista como una riqueza desde el compartir con otros niños, aceptar habilidades diferentes (ya que muchos van a divertirse y otros a competir), y encontrar lo que les gusta, los va formando para el resto de sus vidas.
Para que todo ese desarrollo saludable pueda irse dando en los hijos, los papás tienen que dedicarles tiempo, dejando de lado los dispositivos tecnológicos, en esos momentos únicos e irrepetibles: desde compartir paseos en bicicleta, caminatas o verlos jugar en la plaza, hasta hacer con ellos las tareas escolares, por nombrar sólo algunos ejemplos.
El desafío de muchos padres hoy es dejar el mundo virtual de lado en determinados momentos, para dedicarse a compartir la realidad con sus hijos.