La Basílica de San Francisco fue declarada monumento histórico nacional en 1938. Una intervención que venía a completar la realizada en 1911, cuando el bastón de mando del Libertador fuera depositado en el Camarín de la Virgen del Carmen, cuya imagen había sido coronada por el cabildo romano.
La labor de la Comisión Nacional de Museos y Lugares históricos, y la mayor institucionalización de los estudios históricos en la provincia, contribuyeron a jerarquizar y diversificar los sitios y monumentos que evocaban el paso de San Martín en Mendoza.
En 1941 la Chacra de Barriales y el Campamento de Instrucción fueron declarados lugares históricos, mientras la Capilla del Plumerillo pasó a integrar el catálogo de los monumentos históricos nacionales. A su vez, el motivo sanmartiniano impregnaba la producción artística local.
Entre 1938 y 1944, el pintor catalán Fidel Roig Matóns compuso su obra épica sobre San Martín y los pasos de Uspallata y El Portillo, mientras preparaba la que dedicó a Los Patos, que concluyó en 1952. En 1947, se inauguró en plaza Chile el homenaje que evoca el abrazo de los Libertadores.
Y en 1949, por ley provincial, se expropiaron los terrenos del Solar, que disparó la creación del Museo Histórico San Martín, y la construcción de la Biblioteca “San Martín”.
1950: el Año del Libertador
El centenario de la muerte de San Martín abrió un nuevo ciclo en la monumentalidad de su recuerdo en la provincia y en el país. No se trataba de una agenda oficial de circunstancia, en tanto que su figura había sido exaltada por el gobierno militar instalado en 1943 y robustecida cuando ya Juan Perón ejercía su primer mandato como presidente.
En 1949 había expresado: “San Martín es el héroe máximo, héroe entre los héroes y Padre de la Patria. Para él sea nuestra perpetua devoción y agradecimiento.” Esa tónica vertebró la ley nacional que dispuso la obligatoriedad del recuerdo que incluyó el registro cotidiano de cada jornada escolar, y el montaje de altares efímeros en las escuelas. Mendoza tuvo un lugar de privilegio en los actos oficiales al constituirse en sede del Congreso Nacional dedicado al Libertador.
El rector de la Universidad, Dr. Irineo Cruz, en uno de sus discursos, remarcó los beneficios del evento en “la movilización de la conciencia nacional histórica”, y asoció “la peraltada ejemplaridad de San Martín” con la del “Libertador político y social de la Argentina que vivimos”. Entretanto, el homenaje incluyó la colocación de placas en cada paraje que atestiguaba el memorable Cruce y la inauguración en Tunuyán de la estatua que representa el regreso del general a la provincia en 1823.
El recuerdo oficial habría de permanecer intacto al año siguiente cuando fueron depositados en la Basílica de San Francisco, los restos de su hija Mercedes, de su yerno, Mariano Balcarce, y de una sus nietas. El acontecimiento fue simultáneo a la iniciativa del gobierno nacional que amplificó los lugares históricos en la provincia. En particular, el Batán de Tejeda, el Fuerte de San Carlos y algunas localidades de montaña, como Potrerillos (próximo a Punta de Vacas) y Paramillo de Las Cuevas.
Un patrimonio cultural que se renueva
En años recientes, la construcción del Memorial de la Bandera y el proyecto de erigir un centro de interpretación en el Solar de la calle Corrientes, sumó un nuevo eslabón a la red de sitios y monumentos sanmartinianos, que resultó simultáneo a la colocación de ricas siluetas que evocan el cruce de los miles de personajes anónimos que contribuyeron a la libertad de medio continente.
Las intervenciones de ayer, y las más actuales, atestiguan el zócalo constitutivo del patrimonio cultural de Mendoza, y recomiendan una adecuada política de preservación, jerarquización y resignificación de contenidos que sean eficaces para estimular y reactualizar el conocimiento de la relación entre el pasado provincial y su héroe.
Tal objetivo es el que fundamenta el proyecto de vinculación entre la Municipalidad de Las Heras, el COFECyT, y el CONICET, el cual promete poner en valor, mediante diferentes soportes, la ruta que remontó el Ejercito de los Andes a dos siglos de la epopeya.