26 de abril de 2020 - 00:00

El COVID-19 y la crisis del orden mundial - Por Raúl Bernal-Meza

Desde el punto de vista del sistema internacional de Estados la pandemia ha cerrado un ciclo de certezas e iniciado una etapa de incertidumbres.

Las conductas de la potencia hegemónica, de las otras potencias occidentales y luego la de los Estados semi-periféricos han llevado a esta situación, caracterizada por la política del “sálvese quien pueda”.

A pesar que la epidemia demostró que no fueron las relaciones Estado a Estado las que difundieron la epidemia, sino que ésta se transmitió a través de las relaciones entre individuos, de los intercambios entre personas y sus bienes materiales de unas sociedades nacionales a otras, es decir en el marco de un sistema social mundial, ha sido el Estado y su poder el que ha salido fortalecido.

La sociedad internacional está sucumbiendo frente al poder del Leviatán de los Estados, que han retornado a un mundo anárquico, de relaciones de todos contra todos.

¿Por qué ha sucedido esto, si desde hace décadas veíamos cómo las sociedades nacionales se interconectaban cada vez más estrechamente, como consecuencia de la interdependencia y los procesos de transnacionalización y sus sociedades civiles se fortalecían por nuevos derechos adquiridos?

La respuesta es que estamos asistiendo al fin del orden liberal internacional; al fin del multilateralismo y la cooperación internacional.

Después del fin de la Segunda Guerra Mundial, la alianza entre Roosevelt y Churchill construyó el orden de la post guerra, sustentado en el multilateralismo y el libre comercio. Fue el nacimiento del orden liberal internacional, que, dentro de lo que fue posible aseguró la supervivencia del capitalismo y la libertad. Pero el éxito del orden liberal, durante las siguientes siete décadas sucumbió frente al fracaso del Acuerdo de París y el fin de los esfuerzos por reflotar a la OMC; los últimos esfuerzos por mantener el espíritu de la gobernanza global.

Bajo la política proteccionista, unilateral y nacionalista en extremo de Trump, de su unilateralismo y del unilateralismo de los conservadores británicos por vía del Brexit, lo que están destruyendo es el multilateralismo global.

Los Estados, a través de decisiones de realpolitik, con políticas unilaterales y nacionalistas, han tomado el control de la sociedad internacional, para ejercer una política del “sálvese quien pueda”.

Gobiernos de países desarrollados capturando como piratas los bienes en tránsito aéreo de sus vecinos. Por medio del mensaje de sus líderes han fomentado el nacionalismo, la xenofobia y la desconfianza hacia otras sociedades nacionales, comenzando por los propios vecinos.

La OMS, la última organización multilateral que aún manifestaba acciones bajo el orden multilateral del que nació, está sucumbiendo frente al poder unilateral y nacionalista de Trump.

Los errores del gobierno chino en la gestión del brote del Covid-19 facilitaron al presidente conservador norteamericano frente a la sociedad norteamericana y de Europa occidental su decisión de suspender los aportes a la OMS.

El cuestionamiento y la decisión sobre la organización internacional ha sido el más reciente embate de Trump contra el multilateralismo.

No es el accionar de la OMS lo que movió al presidente norteamericano, sino lo que ella estaba significando, como la única institución multilateral con llegada a todos los países del mundo que escapaba aún a su política de destrucción de las instituciones del orden liberal internacional.

Ha sido una manifestación más de la forma cómo el presidente Trump entiende el ejercicio del poder hegemónico de los Estados Unidos.

El resto de países, grandes potencias, pequeñas potencias y Estados sin poder, se han lanzado a la política unilateral, nacionalista y xenofóbica contra los otros Estados.

No hay integración ni regionalismos. No hay Unión Europea, UNASUR, PROSUR, MERCOSUR ni CELAC. No hay multilateralismo. Las expresiones de gobernanza, global y regional, han desaparecido. Al interior de los Estados, los gobiernos concentran cada vez más poder; con sistemas judiciales y legislativos subordinados y pasivos.

Al amparo de la cuarentena, los gobiernos se constituyen en los únicos poderes. Las solitarias manifestaciones de reacción son las de aquellos ciudadanos que ponen en riesgo sus propias vidas y las de los demás no respetando las normas de protección sanitaria. Las respuestas anárquicas individuales son la otra cara del poder del Leviatán.

Ciertamente el mundo después del Covid-19 no será el mismo. No sólo habrá que reconstruir la seguridad sanitaria y la protección social de los más débiles al interior de las sociedades nacionales; recuperar los vínculos sociales, las economías y el empleo. Externamente habrá que esperar que aquellos que tienen entre sus manos el poder mundial, retornen, por la presión de sus propias sociedades civiles que no hayan sucumbido al canto de las sirenas del nacionalismo, estén dispuestos a construir un nuevo orden internacional, multilateral y de cooperación.

Cada sociedad nacional se enfrentará también al desafío de reconstruir sus sistemas democráticos y solidarios.

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