Dirigida, filmada y protagonizada por el propio Jafar Panahi, quien sigue con arresto domiciliario en Irán desde 2010 cuando fue detenido junto a otros opositores a la dictadura teocrática de ese país, la película “Taxi” es la tercera que el director rueda en condiciones de clandestinidad. La primera fue el documental “Esto no es un film” (2011), que Panahi rodó sin salir de su casa y logró enviar secretamente, en un pendrive, al Festival de Cannes de ese año que la había seleccionado para la competencia oficial.
La segunda fue “Closed Curtain” (2013), también rodada dentro de su casa en sociedad con su compatriota Kambuzia Partovi, quien viajó a Berlín a presentar el film y sufrió la confiscación del pasaporte cuando regresó a Irán.
Y la tercera es “Taxi”, que se estrena hoy aquí y en la que Panahi no sólo burla la censura sino hasta su arresto domiciliario para convertirse, él mismo, en el chofer de un taxi que lleva a distintos pasajeros por la ciudad, recorriendo las calles de Teherán y, por supuesto, poniendo el dedo en la llaga en cada una de las charlas que mantiene con ellos.
Con un registro en apariencia documental (queda claro que los personajes actúan), Panahi vuelve a pintar un panorama crítico sobre la situación política de su país, en esta película que ganó el Globo de Oro en el Festival de Berlín de este año y que su director no pudo ir a retirar.
“Taxi” es un nuevo acto de irreverencia, valentía y pasión por el cine de un realizador de títulos fundamentales como “El globo blanco” (1995) o “El círculo” (2000), condenado a seis años de reclusión y veinte de inhabilitación para hacer cine acusado de “hacer propaganda contra el Estado” en un país que no permite disidencias.
Se exhibe: mañana a las 19, sábado a las 18, domingo a las 20, martes a las 22, miércoles a las 20.