El cielo se volvió Loco

El cielo se volvió Loco
El cielo se volvió Loco

Julio Roque Pérez, el entrañable “Loco” e hincha más famoso de Godoy Cruz, falleció ayer y la noticia inundó de tristeza el ambiente deporti

"Me gusta como soy, un tipo de la calle que voy y vengo. En todos lados la gente me recibe con un hola Julito, ¿cómo andás? Y a mí me gusta que me conozcan y me quieran", dijo alguna vez Julio Roque Pérez, el querido Loco, quien ayer falleció a los 80 años, llenando de tristeza no solamente la vida cotidiana y deportiva de un departamento como Godoy Cruz, sino también de todo Mendoza. Es que como él mismo nos contó hace seis años "todas las hinchadas me quieren", por lo que era el hincha N°1 del Tomba y el más característicos de estos pagos. Y no era para menos, para una persona querible, cuya vida supo transcurrir entre la plaza y el Feliciano Gambarte, trayecto que en más de una oprtunidad lo tuvo como barrendero, quizás la profesión que sentía con una pasión incontenida ya que se trataba de dejar "lindo el club de mis amores".

La noticia de su partida inundó las redes sociales y es muchísimo el dolor que los hinchas del Tomba expresaron. Es que debido al aislamiento obligatorio por el coronavirus, el Loco Julio no pudo tener la despedida que se merecía, esa que supo ganarse muchas veces colgado de los alambrados y en otras tantas, haciendo alguna labor en el club y sin recibir remuneración alguna. Fue siempre un "loco lindo".


Hasta siempre, loco. Los hinchas del Tomba pasaron por calle Balcarce para darle su última ofrenda | Nicolás Ríos / Los Andes
Hasta siempre, loco. Los hinchas del Tomba pasaron por calle Balcarce para darle su última ofrenda | Nicolás Ríos / Los Andes

Respetuoso con propios y extraños, hasta cuando se acercaba a pedir una moneda para pagar la entrada para ver al "Tomba de mi corazón", o cuando se lo veía en la plaza departamental obsequiando tarjetas en días especiales, como en los festejos del Día de la Madre. Quienes llegaron a conocerlo en profundidad afirman que tuvo una vida difícil, aunque siempre fue un tipo simbólico y, como simpatizante, único, que sufría como nadie cuando las cosas no salían en el club.

Nació en Ingeniero Giagnoni (Junín), pero su patria siempre fue Godoy Cruz. "Soy del Tomba desde los 12 años. Recuerdo que el equipo fue a jugar a San Martín y le dieron tremenda paliza, desde ahí me hice fanático y los empecé a seguir", contó en su momento Julio Roque Pérez, nacido como fruto de una relación entre Pedro Ángel Rojas y Elvira Pérez. "El padre era jugador de Godoy Cruz, cuando el club estaba en la calle Castelli y Las Heras, a un par de cuadras de la plaza departamental. Después se metió a la Policía. Su relación fue escasa porque el padre tenía otra familia, pero sin dudas heredó la pasión por el Expreso", sumó Marcelo Espina quien, además de compartir la pasión por el Tomba, documentó la vida de este personaje.


El mural del Loco Julio y el famoso Tanque, un clásico que forma parte de las paredes del Gambarte.  | Los Andes
El mural del Loco Julio y el famoso Tanque, un clásico que forma parte de las paredes del Gambarte. | Los Andes

Para muchos, se transformó en la voz del hincha cuando ni siquiera existían las barras bravas. Su pasión era algo que no se podía explicar con palabras. Solía contar, en alguna práctica de invierno, que llegaba caminando a la cancha de Godoy Cruz desde el barrio Soberanía de Maipú, luego de alguna 'changa' para colaborar en la casa de su "hermana", aunque con el tiempo, se dijo que no lo unía ningún parentesco. De corazón gigante, muchos hinchas de los que peinan canas, recordaron que Julio supo tener ese no se qué para ayudar al prójimo, y quizás de todo ello se desprenda una frase que, según Espina, lo pintaba de cuerpo entero: "Era un Robin Hood de los barrios pobres del oeste. Recuerdo que en la época del terremoto iba con una carreta a repartir carne que le daba un frigorífico".

Supo vivir en la calle, cerca del barrio Bancario, sobreviviendo como se podía. "Íbamos a trabajar a la basura y de ahí conseguíamos cosas para vender y comer, hasta que un día un amigo murió aplastado por la compactadora del camión de la basura, yo quedé muy mal, me llevaron al hospital con un ataque de nervios", recordó Julio con tristeza, la misma que decía sentir cuando se jubiló de la Municipalidad de Godoy Cruz y se fue a vivir con otra familia adoptiva que vive sobre calle Balcarce. Sí, ahí nomás de su lugar en el mundo: el Feliciano Gambarte. El mito cuenta que a los 15 años se ganó la Lotería de San Juan y que, en ese 1955, donó la plata para que el club pudiera levantar una tribuna y ponerle las luces al estadio. El cielo se volvió loco.

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