24 de junio de 2014 - 00:00

El “chirlo” es una forma de maltrato

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) alertó sobre la necesidad de que existan leyes concretas que prohíban las agresiones hacia los niños. Según Unicef, uno de cada cuatro padres dijo haber golpeado a sus hijos. En Mendoza, la realidad es preocupa

Se trata de prácticas arraigadas en la sociedad, que calan hondo en el interior de las familias y dejan secuelas difíciles de revertir. No importa si es un “chirlo”, una palmada, una cachetada; un grito o un insulto. Todos estos métodos, lejos de contribuir a una crianza sana en la que el niño se siente protegido y resguardado, están considerados como formas de maltrato físico y psicológico que se reproducen en un contexto cada vez más violento.

Argentina, al igual que el resto de los países de América Latina ha sido alertada sobre esa realidad y de hecho, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha recomendado leyes específicas contra todo tipo de maltrato infantil.

Si bien en nuestro país la Ley de Protección Integral de los Derechos de los Niños, Niñas y Adolescentes  (N°26.061) -que rige desde hace ocho años- tiene un artículo dedicado a la problemática del maltrato (ver aparte), lo que solicita el organismo internacional es que se dicten normativas concretas que abarquen sus capítulos con la mirada puesta solamente en esta problemática.

En el Congreso Nacional existe un proyecto de ley en esa sintonía en el cual se propone una tajante prohibición hacia los adultos (de todos los ámbitos) para “aunque fuere ocasionalmente, utilizar el castigo corporal y todo acto que los lesione o menoscabe física, espiritual o psíquicamente bajo ningún concepto”.

Para entender el porqué de este llamado de atención, es necesario observar las estadísticas. Según los datos de Unicef, al menos uno de cada cuatro padres que habita la región, dijo haber utilizado en un momento determinado alguno de estos recursos al intentar imponer un límite a sus hijos. Aunque los equívocamente naturalizados “coscorrones” o “correctivos” no suelen dejar lesiones graves  a nivel físico, no son más que una forma más de violencia.

Ese aspecto, suele no ser concebido de esta manera en el interior de los hogares, configurando un círculo donde las agresiones ocupan todos los rincones de la vida cotidiana e incluso se naturalizan.

Quienes trabajan en temas ligados a la infancia coinciden con  esa percepción y de hecho la confirman. Marta Stagni, jefa del Programa de Prevención del Maltrato a la Niñez, asegura que ésta no sólo es una forma más en que la violencia se manifiesta y toma como  víctimas a los niños y niñas, sino que pone en riesgo su integridad. Las secuelas que estas situaciones dejan en los más pequeños suelen ser graves, tal vez, tanto como el resto de las formas de maltrato infantil.

“Se trata de una agresión y aunque el padre o madre no tenga la intención de generarle un daño mayor, esto produce en el pequeño un desequilibrio emocional y afectivo que hasta incluso puede poner en riesgo su vida. Lo daña, en lugar de colaborar a su formación”, explica Stagni y advierte que desde un empujón hasta una paliza son recursos que van en detrimento de los derechos del niño o niña.

En lo que a maltrato infantil se refiere, en Mendoza en particular, la realidad es preocupante. De acuerdo a los registros de la Dirección de Niñez, Adolescencia y Familia (Dinaf), durante el año pasado se atendieron en nuestra provincia 26.774 hechos que dejaron en evidencia una vulneración de los derechos hacia los más chicos. De acuerdo a Stagni, todos los años, los casos de maltrato (en todas sus formas) crecen en la provincia en una proporción del 25 por ciento.

La psicóloga infantil Verónica García dice que no avala como método para la formación del niño o niña el bofetón, el chirlo “ni ninguna forma de violencia que se practique hacia los más pequeños”. Desde su mirada como profesional  García detalla que cada vez que el padre o madre efectúa un acto que daña la integridad (física y psicológica) de su hijo, demuestra lo débil que es al momento de impartir límites sanos y duraderos, desde el ejemplo. Lo que hay que tener en cuenta en primer lugar -asegura la especialista- es que de acuerdo a la etapa de la infancia que atraviese el pequeño será la manera de ayudarlo a forjar su personalidad.

“Si a un chico se le enseña a los golpes, es muy posible que reproduzca estos métodos en su vida presente y futura”, dice García y recuerda que un golpe de hecho, conlleva en sí un mensaje sobre él mismo, que termina dañando lo más profundo de su ser.

En ese sentido, la profesional destaca la importancia de que los adultos sean conscientes del aprendizaje permanente que implica ser padres. “El diálogo es la herramienta más afectiva. No debemos olvidar que cuando ellos son pequeños, los padres somos la conexión que tienen con el mundo”, concluye.

Leyes y proyectos vigentes

El artículo 9 de la ley N° 26.061, de protección a la infancia en Argentina, reconoce el derecho de los niños y niñas a su dignidad e integridad física. Pero además establece las obligaciones de los organismos estatales como así también de las personas que tomen conocimiento de situaciones de malos tratos para alertar cuando este derecho está siendo vulnerado. Por otro lado, la normativa deja expresa la prohibición del castigo corporal, aún cuando no provoque lesiones visibles.

Por su parte, el artículo 647 del proyecto de modificación del Código Civil, que tiene media sanción de Senadores, prohíbe los malos tratos: “Se prohíbe el castigo corporal en cualquiera de sus formas, los malos tratos y cualquier hecho que lesione o menoscabe física o psíquicamente a los niños o adolescentes”, dice textual.

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