La palabra “bolsillo” deriva de bolsa, en todo caso un recipiente que sirve para guardar cosas, o para llevarlas encima por las dudas las necesitemos. Antiguamente los pantalones, territorio poblado de bolsillos, eran un atributo de los hombres, pero lentamente se fueron imponiendo entre las mujeres y ahora son millones las que lo usan.
Uno suele meter en el bolsillo muchas cosas, caramelos, preservativos, las llaves, media tortita raspada, el peine, pelusa, los documentos, una medallita, un crucifijo, los cigarrillos, y varias menudencias más que nos sirven en algún momento determinado del día.
Muchas mujeres usan el bolsillo de atrás para llevar el celular, hecho medianamente peligroso porque quedan a un manontón de un chorro.
El invierno propicia la proliferación de los bolsillos. Tenemos bolsillos en el pantalón, en la camisa, en el saco, en el abrigo. Por eso a veces cuesta encontrar las cosas, se pierden en el maremágnum de huecos que uno anda portando tranquilamente.
En el verano la cosa es más llevadera porque los bolsillos son pocos. Apenas algunos en las bermudas y a lo sumo dos en la camisa, se reducen las posibilidades de pérdida.
A veces producen verdaderas satisfacciones, por ejemplo cuando uno se pone una prenda que hace tiempo no utilizaba y se encuentra con cien pesos en uno de sus bolsillos. Es una alegría que no estaba prevista y nos cambia la vida, para el lado bueno, por unos instantes.
¿Hay bolsillos ubicados en lugares insólitos? Los hay. Por ejemplo adentro de los calzoncillos. Son usados por algunos turistas que portan alguna cifra considerable de dinero y consideran buen lugar para ponerla a resguardo.
El Perich, un célebre humorista catalán, dijo alguna vez que puestos a tener algo inútil como el ombligo, el ser humano bien podría venir al mundo con bolsillos.
¿Puede doler algo que no pertenece a nuestra anatomía? Puede. Por ejemplo el bolsillo. A la gran mayoría de los argentinos nos duele el bolsillo. Y no por bulto sino por carencia. Porque en alguno de ellos solemos llevar la billetera y hay algunas billeteras que en estos momentos tienen telarañas.
Y no hay antídoto para esto, nada que pueda mitigar el dolor, salvo una buena economía, cosa que entre nosotros parece ser un imposible.
Los precios nos atacan y uno solo puede defenderse con su sueldo, pero el sueldo resulta endeble ante la voracidad de los precios. El signo $ es algo que nos desvela todos los días. $ es un símbolo monetario utilizado por múltiples monedas del mundo, sobre todo en América, entre ellas el peso, dólar, Real brasileño y otras monedas más.
Un estudio de documentos hispanoamericanos y estadounidenses de los siglos XVIII y XIX afirma que el símbolo “$” es una corrupción de la abreviatura para la palabra “peso”, “ps”. A finales del siglo XVIII se ve que esta abreviatura se simplifica con las letras escritas una sobre la otra y la “p” reducida a una línea vertical.
Pues el $ nos clava los bolsillos y nos produce dolores que nos desalientan todos los días. Es como un dardo seguido de un número que nos ataca y no tenemos forma de contrarrestar.
A los argentinos nos duele el bolsillo, ese es nuestro mal. Y por lo visto no hay a mano ningún analgésico.