29 de junio de 2014 - 00:00

EIIL y SISI

Dos poderosas corrientes se asientan en el Oriente Medio: Dios como árbitro de la vida política y el Estado autocrático. Ambas posturas necesitan ser agotadas para dar paso a una tercera opción, que es la de una sociedad construida sobre el pluralismo.

Este mes ha presentado al mundo lo que el analista israelí Orit Perlov describe como los dos modelos dominantes de gobierno árabe: EIIL y SISI.

El EIIL, por supuesto, es el Estado Islámico de Irak y el Levante, la sanguinaria milicia sunnita que ha arrancado un nuevo estado de áreas sunnitas en Siria e Irak.

SISI, por supuesto, es Abdel-Fattah el-Sissi, el nuevo caudillo/presidente de Egipto, cuyo régimen debutó esta semana condenando vergonzosamente a tres periodistas de Al-Yazira a sentencias en prisión bajo cargos patentemente fabricados. Una gran nación actuando con gran mezquindad.

El EIIL y SISI, argumenta Perlov, investigador en redes sociales de Oriente Medio en el Instituto de Estudios de Seguridad Nacional de la Universidad de Tel Aviv, son tan solo el otro lado de la misma moneda: uno eleva a “Dios” como el árbitro de toda la vida política y el otro al “Estado nacional”.

Ambos han fracasado y seguirán fracasando -y requieren de coerción para permanecer en el poder- porque no pueden cumplir para los jóvenes árabes y musulmanes con lo que más necesitan: educación, libertad y empleos para hacer realidad su potencial pleno y la capacidad de participar como ciudadanos iguales en su vida política.

Vamos a tener que esperar a que una nueva generación “ponga la sociedad al centro”, argumenta Perlov, una nueva generación árabe/musulmana que no pregunte “cómo podemos servir a Dios o cómo podemos servir al Estado, sino cómo pueden ellos servirnos”.

Perlov argumenta que estos modelos de gobierno: híper islamismo (EIIL) impulsados por una guerra en contra de takfiris, o apóstatas, que es la manera en que musulmanes sunnitas de tendencia extremista se refieren a musulmanes chiítas; e híper nacionalismo (SISI) impulsado por una guerra en contra de “terroristas” islamistas, que es lo que el Estado egipcio llama la Hermandad Musulmana, necesitan ser agotados para abrirle espacio a una tercera opción construida sobre pluralismo en la sociedad, religión y pensamiento.

El mundo árabe necesita reventar finalmente los mitos gemelos del Estado militar (SISI) o el Estado islámico (EIIL) que traerán prosperidad, estabilidad y dignidad.

Solo cuando las poblaciones generales “finalmente reconozcan que ambos son modelos fallidos e inviables”, argumenta Perlov, pudiera existir “una oportunidad de ver a esta región pasando al siglo XXI”.

La situación no es totalmente sombría. Se tiene dos modelos emergentes, ambos frágiles y ninguno perfecto, en los que naciones musulmanas de Oriente Medio han formado un sistema de gobierno aceptable y que democratiza, fundamentado en la sociedad y con cierto pluralismo político, cultural y religioso: Túnez y Kurdistán.

Hay que considerar que ambos son obras en proceso, pero lo que reviste importancia es que ambas efectivamente surgieron de las mismas sociedades.

Están también las monarquías relativamente suaves -como Jordania y Marruecos- que están cuando menos experimentando en los márgenes con un gobierno más participativo, y permiten cierto grado de oposición y no gobiernan con la brutalidad de los autócratas seculares.

“Tanto el autoritario modelo secular -representado más recientemente por SISI- como el radical modelo religioso -representado ahora por ISIS- han fallado”, agrega Marwan Muasher, el ex canciller de Jordania y autor de “El segundo despertar árabe y la batalla por el pluralismo”, usando otro acrónimo para referirse al Estado Islámico de Irak y el Levante.

“Fallaron porque no han abordado las necesidades reales de los pueblos: mejorar la calidad de su vida, tanto en términos económicos como de desarrollo, y también en cuanto a sentir que ellos forman parte del proceso de toma de decisiones. Ambos modelos han estado marcados por la exclusión, presentándose como los guardianes de la verdad absoluta y de la solución de todos los problemas de la sociedad”.

Sin embargo, la población árabe “no es estúpida”, agregó Muasher. “Mientras nosotros seguiremos viendo discursos tendientes a la exclusión en buena parte del mundo árabe en el futuro previsible, los resultados terminarán superando la ideología. Además, los resultados solo pueden venir de políticas de inclusión, que le darían a todas las fuerzas una participación en el sistema, produciendo por tanto estabilidad, controles y contrapesos, así como, a final de cuentas, prosperidad. ISIS y SISI no pueden ganar.

Para mala fortuna, pudiera hacer falta que se agoten todas las demás opciones antes de que se desarrolle una masa crítica que internalice este hecho elemental. Ese es el desafío de la nueva generación en el mundo árabe, donde 70 por ciento de la población es menor de 30 años de edad. La vieja generación, secular o religiosa, al parecer no ha aprendido nada del fracaso de la era posterior a la independencia para alcanzar el desarrollo sostenible, así como el peligro de políticas que crean exclusión”.

De hecho, el Irak fundado en 1921 ya fue arrastrado por el viento. El nuevo Egipto imaginado en la plaza Tahrir aún es un mortinato.

Demasiados líderes y seguidores en ambas sociedades al parecer están determinados a darles a sus ideas fallidas del país otra vuelta por la cuadra antes de que, con suerte, opten por la única idea que funciona: pluralismo en política, educación y religión. Esto podría tomar cierto tiempo, o no. No lo sé.

Tendemos a convertir cada historia en algo sobre nosotros. Sin embargo, no todo esto tiene que ver con nosotros. Ciertamente hemos hecho muchas cosas ignorantes en Irak y Egipto.

Sin embargo, nosotros también ayudamos a abrir sus puertas a un futuro diferente, que sus líderes han cerrado de golpe por ahora. En adelante, donde veamos personas verdaderamente comprometidas con el pluralismo, deberíamos darles apoyo.

Y en los casos que vemos islas de decencia amenazadas, deberíamos ayudar a protegerlas. Sin embargo, esto principalmente tiene que ver con ellos, con su necesidad de aprender a vivir juntos sin un puño de hierro viniendo de arriba, y eso ocurrirá solo cuando y si ellos quieren que ocurra.

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