7 de diciembre de 2025 - 00:00

Una vergonzosa ceremonia de jura de los nuevos diputados

Se ha definido que “la jura de un representante del pueblo no constituye un mero trámite, sino la expresión de un pacto público y solemne donde el legislador elegido por la ciudadanía se compromete a respetar la Constitución y las leyes de la República”. Sin embargo, muchos de los que juraron como Diputados Nacionales esta semana, se ocuparon de faltarle el respeto a esa elemental formalidad institucional.

La reciente ceremonia de asunción de los diputados nacionales electos el 26 de octubre constituyó uno de los actos públicos más lamentables de los últimos tiempos en el país.

Fue una sesión especial dominada por los exabruptos y provocaciones de las principales opciones del abanico político que hoy ofrece la Argentina. Una muestra muy lamentable que pone de manifiesto, una vez más, el bajísimo nivel al que arribó la dirigencia política.

Si bien es justo reconocer que gran parte de las actitudes prepotentes, pendencieras, provino de los sectores claramente opositores al actual gobierno, hubo de parte de quienes ocupan y ocuparán bancas en representación del oficialismo respuestas también subidas de tono y absolutamente repudiables.

A todo este desorden inadmisible se debe sumar la generalizada mala costumbre de muchos de jurar no sólo por el cargo que se asume en respeto y salvaguarda de la Constitución Nacional, sino en nombre de otras cuestiones que nada tienen que ver con dicho acto solemne. Desnaturalizan el republicano mecanismo gestos que se refieren a cuestiones ideológicas, históricas y polémicas o relacionadas con asuntos de política de otros países que de ningún modo constituyen la esencia de la labor para la cual han sido electos dichos representantes del pueblo.

Se ha definido que “la jura de un representante del pueblo no constituye un mero trámite, sino la expresión de un pacto público y solemne donde el legislador elegido por la ciudadanía se compromete a respetar la Constitución y las leyes de la República”.

Por lo tanto, en la asunción de congresistas no deberían admitirse actitudes facciosas o bien proclamas contra gobiernos de otros países que van en sentido contrario del espíritu plural que demuestra la Constitución Nacional.

Hasta el presidente de la Nación, Javier Milei, presente en uno de los palcos del recinto junto a colaboradores, lejos de mantener una postura prudente conforme su investidura, se sumó y alentó cánticos de corte partidario de sus seguidores, como “La casta tiene miedo”, sumándose, lamentablemente, al pobrísimo espectáculo que en lo institucional ofrecieron los diputados.

Si uno de los principales argumentos del oficialismo de turno fue llegar al poder para desplazar democráticamente un estilo de hacer política que, sin ninguna duda, un amplio porcentaje de los argentinos detestó con el voto, ¿cómo es posible que desde las bancas de quienes representan al oficialismo utilicen a modo de respuesta los mismos mecanismos que dicen venir a combatir?

Por si fuera poco, se sumaron al escándalo inapropiados dichos del diputado Gerardo Cipolini, que presidió la toma de juramento. Sin advertir que su micrófono permanecía abierto dijo varias veces “¡Qué buena que está!” para referirse a varias diputadas que se acercaron para la jura de rigor.

Todo constituyó un bochorno que debería hacer recapacitar a más de un desubicado dirigente político argentino.

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