Como cada año, el festejo del Día del Periodista nos lleva a recordar el surgimiento de La Gazeta de Buenos Aires, el órgano informativo de la Primera Junta de Gobierno patrio en el comienzo de nuestro derrotero revolucionario e independentista.
En otro Día del Periodista, el recuerdo de Mariano Moreno, aquella voz pionera de hace 216, años debería resonar con mucha fuerza en los tiempos actuales que vive la Argentina, en los que el periodismo debe sortear obstáculos haciendo frente a numerosas alteraciones de su quehacer a favor de la verdad.
Como cada año, el festejo del Día del Periodista nos lleva a recordar el surgimiento de La Gazeta de Buenos Aires, el órgano informativo de la Primera Junta de Gobierno patrio en el comienzo de nuestro derrotero revolucionario e independentista.
Mariano Moreno, justo es reiterarlo para esta fecha, fundó dicho periódico con la finalidad de dar cuenta a la población de Buenos Aires de los acontecimientos que iban marcando el rumbo impuesto por la Primera Junta de gobierno. Una inquietud loable, tanto de Moreno como del resto de los patriotas de entonces, que vencieron diferencias puntuales para centrarse en un objetivo común: el avance hacia la libertad en estas tierras.
Pero, la aparición de La Gazeta no era sólo el intento de montar un simple órgano informativo: “El pueblo tiene derecho a saber la conducta de sus representantes”, señalaba entre otras sabias consideraciones su creador como respuesta al clamor previo al pronunciamiento republicano del 25 de mayo de 1810. Regía una premisa: desde su aparición, La Gazeta debía informar, sobre todo, con veracidad. La trascendencia era enorme: no se trataba de un periódico más, sino que era la palabra escrita de un cuerpo llamado a forjar el proceso fundacional de la nación incipiente.
Esa veracidad informativa de los patriotas de 1810 fue la línea conductora para la gran mayoría de medios independientes surgidos con los años, para analizar la información oficial o requerirla cuando no era aportada.
Lamentablemente, no siempre en democracia los poderes de turno respetaron la labor de informar y opinar. Durante los tiempos del kirchnerismo fueron frecuentes las descalificaciones públicas a los periodistas críticos, a los que se los acusaba de ser voceros de corporaciones que tenían fines desestabilizadores.
Además, apareció la figura del llamado periodismo militante, que aquellos gobiernos promovían para fortalecer la mirada oficial y marginar o atacar públicamente a quienes investigaban, por ejemplo, hechos de supuesta corrupción en el poder.
Los tiempos actuales también merecen poner a resguardo al periodismo independiente. Con una mirada política e ideológica totalmente opuesta, el gobierno nacional de turno no duda en denostar a viva voz a quienes vierten informaciones u opiniones que no son de su agrado. No es el procedimiento correcto. El disenso debe sustentarse prioritariamente en el intercambio de puntos de vista. Hasta podría resultar pertinente que las autoridades actuales revisaran sus mecanismos de información pública antes de salir a menoscabar a quienes se ven obligados a auscultar en lo que debería ser público.
En síntesis, aquella voz pionera de hace 216 años debería resonar con mucha fuerza en los tiempos actuales que vive la Argentina, en los que el periodismo debe sortear obstáculos haciendo frente a numerosas alteraciones de su quehacer a favor de la verdad.