Desde estas columnas propiciamos la recuperación industrial y una de las prioridades debería ser la consolidación de la Fábrica Militar de Aviones, en las afueras de la ciudad de Córdoba, establecimiento que muy pronto -el 10 de octubre de 2027- cumplirá un siglo de vida.
En rigor, este polo ahora tiene el nombre de Fábrica Argentina de Aviones Brigadier San Martín SA (FAdeA), pero sigue siendo el símbolo de la potencialidad industrial aeronáutica argentina, que en su momento se convirtió en el primer centro de ese tipo en América del Sur, aunque en la actualidad se encuentre en una declinación peligrosa.
E1 país y sus máximas autoridades tienen que apostar a la continuidad de esta empresa, cuyo desarrollo y alto nivel de tecnología nos recuerda a Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF), aunque naturalmente sus producciones y objetivos sean distintos.
La administración federal compró recientemente por una cifra importante -300 millones de dólares-seis aviones Lockheed F-16, provenientes de Dinamarca, máquinas que cursan cuarenta años de operación.
Por supuesto que no estamos en condiciones de construir estos aparatos en Argentina. Se los adquirió por “razones estratégicas” y porque nuestros aviadores militares se estaban quedando sin material para entrenarse y volar.
Sin embargo, nos preguntamos qué hubiera pasado si la importante inversión se habría destinado a actualizar y vigorizar la planta de Córdoba, instalaciones que con refuerzos tecnológicos y de personal estaría en condiciones de volver a construir las versiones modernas de los IA 63 Pampa, solo por citar un ejemplo del amplio espectro de posibilidades de fabricación. El lector recordará el éxito que tuvo este avión de ataque ligero en la guerra de las Malvinas de 1982.
La inversión millonaria de los F-16 también podría haber servido para fortalecer el equipamiento de la lucha contra los incendios forestales, que tantos estragos está causando en este verano en la Patagonia. El precio de una aeronave hidrante de tamaño medio cuesta cien veces menos que el jet de guerra: tres millones de dólares.
Pero, las inversiones ya se han asignado y son irreversibles. A pesar de ello sugerimos que no se desatienda la situación de FAdeA, cuya propia conducción describe con inusitada crudeza: “FAdeA atraviesa en la actualidad una crisis estructural sin precedentes, tanto en el plano operativo como financiero, producto directo de la falta de contratos vigentes con el Ministerio de Defensa y la Fuerza Aérea Argentina (FAA…”
Hay que volver a dinamizar un polo de alta tecnología como fue FAdeA. Sus antecedentes están a la vista y deben primar porque en el pasado reciente esta soberbia estructura fabril construyo aviones (Pucará y Pampa), pero no solo aeronaves sino también tractores, motocicletas, embarcaciones de recreo, el célebre utilitario Rastrojero y otras unidades, además de servir para la reparación de grandes aparatos como el Hércules.