Prioridades políticas que suelen desconcertar

¿Es prolijo y recomendable el procedimiento que piensa imponer el Gobierno para buscar la reelección presidencial? Ya hemos expresado desde este espacio que promocionar una reforma electoral recurriendo a métodos del pasado muy criticados no marca ningún avance; sólo un rápido reciclado, una popularmente definida lavada de cara.

Uno de los proyectos más ambiciosos que impulsa el gobierno nacional en cuanto a transformaciones en lo institucional es de la reforma política. En la misma se incluye un capítulo trascendente que busca definir un sistema electoral nuevo.

También está previsto el postergado debate sobre la Ficha Limpia, mecanismo que pretende impedir que las personas con condenas penales por delitos de corrupción contra la administración pública puedan candidatearse a cargos públicos o ejercer funciones en el Estado.

Lo destacado es que la Ficha Limpia ya fue aprobada por la Cámara de Diputados, con proyecto propio, por la Cámara de Diputados en febrero de 2025. Fue en una sesión especial con el voto mayoritario del oficialismo y sus aliados. Siguió su trámite parlamentario en el Senado, donde tuvo un rechazo en mayo del mismo año porque todavía la oposición tenía mayoría. Desde ese momento, y aun con la nueva conformación legislativa surgida de las elecciones del año pasado, el trámite se encuentra postergado.

Y aquí surge la posibilidad de plantear dudas con respecto al orden de prioridades que puede tener el actual gobierno. Es evidente que lo que más desvela por estos meses al oficialismo es la posibilidad de reelección del presidente Javier Milei. Un mayoritario sector del empresariado local y el ámbito financiero internacional consideran necesaria esa continuidad y por ello siguen con grandes expectativas las nuevas políticas, destinadas a reposicionar al país en el plano internacional.

Ahora, ¿es prolijo y recomendable el procedimiento que piensa imponer el Gobierno para buscar la reelección presidencial? Ya hemos expresado desde este espacio que promocionar una reforma electoral recurriendo a métodos del pasado muy criticados no marca ningún avance; sólo un rápido reciclado, una popularmente definida lavada de cara.

El mejor ejemplo de afán renovador de la política lo daría el oficialismo de turno agilizando la aprobación definitiva de la denominada Ficha Limpia. Se trataría del más claro propósito de comenzar a poner punto final al predominio indeseable de personajes que se refugian en los ámbitos de poder para cubrir desatinos personales o sectoriales sin dar cuenta libremente ante la justicia.

Dicha inacción viene generando enojos de parte de los sectores partidarios predispuestos a acompañar al Gobierno en sus reformas. Y el grueso de la ciudadanía observa una vez más cómo la política sigue más propensa a entuertos y componendas que muy lejos quedan de la transparencia y renovación que se prometió agilizar con el cambio de rumbo político.

Son gestos y señales que la ciudadanía vuelve debe poner en consideración cada vez que desde los partidos se pide el voto y en especial a la hora de decidir, boleta en mano, en la urna. La dirigencia tiene la palabra.

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