Se aproximan las elecciones nacionales y crece la intensidad de las campañas, aunque sin que se advierta una respuesta de la gente acorde a lo que pretenden movilizar los dirigentes políticos.
Ante una ciudadanía desconfiada y sobre todo apática, es de esperar que en lo que resta para las elecciones de octubre mejore la predisposición de los políticos para ofrecer sus propuestas.
Se aproximan las elecciones nacionales y crece la intensidad de las campañas, aunque sin que se advierta una respuesta de la gente acorde a lo que pretenden movilizar los dirigentes políticos.
Una reciente publicación de nuestro diario, en base a la consulta a varios encuestadores, anticipó la posibilidad de que la participación ciudadana en Mendoza el 26 de octubre pueda caer a un piso histórico. No descartan los analistas que la cantidad de mendocinos que concurran a votar se ubique entre el 55% y el 65%. Si estos números se confirman ese piso histórico se concretaría en esta provincia en cuanto a respuesta al llamado a las urnas.
Por otro lado, de concretarse dicha caída Mendoza iría en línea con los distritos que decidieron desdoblar para adelantar sus elecciones legislativas a nivel local. En todos esos casos, incluyendo la muy poblada Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la media varió entre 45% y 65% por ciento, un número muy pobre más allá de que se pueda argumentar que las llamadas elecciones de medio término suelen atraer a menos votantes que aquellas en las que se eligen presidente o gobernador. En esa línea, en Corrientes, el único distrito en el que este año se eligió gobernador, la participación el domingo 28 de agosto fue apenas levemente superior: 72%.
Volviendo al relevamiento efectuado por “Los Andes”, algunos de los analistas consultados coincidieron en el poco interés de la gente en el proceso electoral y a la existencia de un marcado desconocimiento de los distintos candidatos, salvo muy pocas excepciones, o directamente de por qué se vota.
En este último aspecto hay que señalar que la responsabilidad de las autoridades es muy grande. Si bien en toda elección legislativa, o de medio término (mitad de mandato), quien está a cargo del Gobierno, tanto nacional como provincial o municipal, busca poner a consideración su gestión a través del voto a sus candidatos a legisladores o concejales, esa premisa generalmente es descuidada por los dirigentes políticos y, de ese modo, se siembra mucha más duda entre los votantes.
Un ejemplo muy palpable lo tenemos en la previa de la elección desdoblada de la provincia de Buenos Aires, en la que prácticamente se libra una batalla por dos modelos: el libertario del gobierno nacional y el kirchnerista, ahora opositor en el país, pero gobernando en el distrito más grande de la Argentina. Y agrava más el cuadro la utilización de los denominados candidatos testimoniales, que terminan siendo una estafa, un engaño a la voluntad popular. ¿Se puede así saber qué y a quién se vota? Difícilmente.
Volviendo a citar la evaluación de analistas comentada, nuestra provincia tampoco es la excepción. Se presentan muchos frentes electorales con los que algunos aparentan suplir las suspendidas elecciones PASO, generando más desconcierto en el electorado.
Es por ello que ante una ciudadanía desconfiada y sobre todo apática, es de esperar que en lo que resta para las elecciones de octubre mejore la predisposición de los políticos para ofrecer sus propuestas.