La guerra en Ucrania, con una salida estancada

No se puede desconocer la condena unánime de organismos internacionales a la invasión rusa, como tampoco la implementación de sanciones económicas para ese país y la asistencia humanitaria para millones de personas afectadas por la guerra. Pero a la vez es de creciente preocupación que no haya más esfuerzos para negociar una salida a dicho tormento, que ya ha dejado elevada cantidad de víctimas y daños difícil de dimensionar en infraestructura y bienes.

El conflicto bélico entre Rusia y Ucrania no deja de inquietar. Fue desatado a fines de febrero de 2022, cuando las autoridades de Moscú decidieron encarar una ofensiva con invasión masiva en territorio ucraniano por tierra, mar y aire.

No se puede desconocer la condena unánime de organismos internacionales a la invasión rusa, como tampoco la implementación de sanciones económicas para ese país y la asistencia humanitaria para millones de personas afectadas por la guerra. Pero a la vez es de creciente preocupación que no haya más esfuerzos para negociar una salida a dicho tormento, que ya ha dejado elevada cantidad de víctimas y daños difícil de dimensionar en infraestructura y bienes.

Si bien el veto de Rusia en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas impide la acción de dicho cuerpo en este conflicto puntual, se advierte impotencia de países inquietos por la situación, especialmente por cercanía, como son los miembros de la Unión Europea y de la OTAN. Países que, por otra parte, proveen ayuda bélica con la Ucrania consigue responder de tanto en tanto los ataques que recibe.

En ese contexto recientemente fue gravemente dañada por un ataque ruso la catedral de la Dormición, del monasterio de las Cuevas de Kiev, uno de los principales símbolos religiosos de Ucrania y sitio que es patrimonio mundial de la Unesco. En el suceso hubo muchos heridos y daños en líneas eléctricas de la capital ucraniana.

Como respuesta, las fuerzas de Ucrania lanzaron un ataque con drones sobre infraestructura estratégica de Moscú, provocando un incendio en una importante refinería de petróleo que abastece a gran parte de la capital rusa. Una admitida vulneración de defensas aéreas que se sumó a otros ataques previos dirigidos contra instalaciones energéticas.

Entre las mediaciones a lo largo de estos años de enfrentamientos hay que destacar la acción de la Iglesia Católica, que tanto con la conducción del papa Francisco como del actual, León XIV, consideró al conflicto como una “guerra insensata” y buscó mediar dentro de sus posibilidades.

Rusia argumentó siempre recurrir a la protección de las poblaciones prorrusas de las regiones del Dombás, pero en gran medida su mayor preocupación siempre se basó en las intenciones de integración de Ucrania a las potencias occidentales por considerar esa política como una amenaza a su seguridad.

El gobierno ucraniano teme que una salida pacífica suponga una nueva mutilación de su territorio en base a aquellos argumentos del Kremlin de cuidado de poblaciones afines a Rusia.

Para justificar un próximo entendimiento de las partes se deberá tener en cuenta la gran cantidad de bajas militares y civiles producida en estos largos años y la fatiga generalizada de poblaciones sumidas en la tensión.

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