11 de abril de 2026 - 00:00

El sinuoso camino para conseguir la paz

El Papa León XIV consideró “inaceptables” las temerarias amenazas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien había llegado a sostener que “morirá toda una civilización” si el régimen iraní no acataba su ultimátum del martes último. Ponderable una vez más el rol de la Iglesia instando al orden internacional en base al diálogo por la paz.

A pesar de su fragilidad, la reciente tregua en la guerra de Oriente Medio, entre Estados Unidos e Israel contra Irán, transmite al mundo entero la esperanza de que la mediación efectuada por Pakistán, para frenar la violencia, actúe como bisagra en un mundo dominado por la intolerancia en todas sus escalas.

Mientras tanto, la intervención de la Iglesia a través de expresiones de seria preocupación por parte del papa León XIV, también sirvieron de advertencia por la gravedad creciente, especialmente a partir de dichos y acusaciones de las partes en guerra que provocaron durante muchas horas fuerte temor en la población mundial.

En ese contexto, el Papa se abrió al diálogo con el periodismo y consideró “inaceptables” las temerarias amenazas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien había llegado a sostener que “morirá toda una civilización” si el régimen iraní no acataba su ultimátum del martes último.

Si bien la advertencia de León XIV fue realizada sin mencionar en forma directa al gobierno de Estados Unidos, dijo al periodismo que “se produjo esta amenaza contra todo el pueblo de Irán y esto realmente no es aceptable”. Y añadió que dicha advertencia, en el marco de una crisis bélica tan preocupante, obedecía más a una cuestión moral que a admisibles situaciones vinculadas con el derecho internacional.

Vale recordar que el Vaticano se expresó a favor de una solución pacífica ni bien comenzó la escalada bélica contra el régimen de Teherán, el 28 de febrero, acentuando su plegaria por la paz con motivo de la celebración del Domingo de Pascua.

Queda claro por otra parte, que la conducción de la Iglesia no intenta en absoluto ejercer defensa alguna de la violencia bajo el control de la teocracia gobernante en suelo iraní desde 1979 y de sus redes de terrorismo en el mundo. Ese oprobio en algún momento debe caer, por el bien de Irán especialmente.

Lo que sí pretende evitar el Pontífice es que la guerra atente contra una población de más de 90 millones de iraníes y contra una infraestructura que si es destruida puede llevar injustamente a una elevada precariedad en la calidad de vida.

Ponderable una vez más el rol de la Iglesia, ahora con el pontificado de León XIV, instando al orden internacional en base al diálogo por la paz. Una postura que contrasta con la función demasiado silenciosa de organismos como Naciones Unidas, creada luego de la Segunda Guerra Mundial para mantener la seguridad internacional tras la devastación y fomentar la cooperación entre países, pero que en estos tiempos se muestra pasiva y resignada a la impronta dominante de líderes que demuestran querer imponer sus criterios por la fuerza.

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