El índice inflacionario oficial, conocido el jueves, confirmó lo que marcaban las estimaciones de consultoras privadas para el mes de abril. El dato arrojó una importante baja con respecto al número de marzo, más aproximado a lo que pretende el gobierno nacional en su búsqueda de desaceleración.
Esta primera baja luego de diez meses consecutivos de aumento dejó lecturas importantes, aunque los economistas dudan de que de ahora en más la caída sea rápida. Por lo tanto, seria improbable que mayo perfore el piso del 2%.
Más allá de los duros efectos de la política de equilibrio fiscal que el Poder Ejecutivo pretende sostener, es muy razonable que se insista con erradicar el mal inflacionario que durante años agobió a la economía argentina, potenciando la incertidumbre y falta de previsibilidad. Hasta se sostiene el mensaje presidencial que indica que la satisfacción plena llegará cuando la inflación sea 0.
Sin embargo, lo que repercute una vez más, y ya para nada sorprende, es la sobreactuación del presidente de la Nación con apreciaciones acusatorias de alto nivel cuando, en realidad, lo que debía hacer, si quería expresarse públicamente, era solo celebrar la nueva baja de la inflación y apostar por el programa de gobierno que lleva a cabo en la faz económica.
En una entrevista en un canal de YouTube, Javier Milei dijo, entre otras acusaciones y términos hirientes hacia sus destinatarios, que debió enfrentar con su gobierno “un intento de Golpe de Estado”, contando como cómplices de la supuesta embestida institucional a “los medios, políticos y empresarios a los que no les gusta este modelo”.
Según el presidente, “los medios jugaron en contra del programa económico y también cargaron la calle con malas intenciones”.
Todas estas afirmaciones desproporcionadas ya son, hay que lamentarlo, habituales por parte de Milei y, por ende, recurso agresivo al que apelan con frecuencia seguidores libertarios a través de redes sociales.
Sería injusto señalar que los descalificativos hacia opositores, economistas con puntos de vista diferentes o profesionales de la comunicación críticos es de autoría de la actual gestión. Los argentinos ya hemos padecido en tiempos remotos y también recientes campañas tendientes a buscar consolidar un relato unívoco en base a la descalificación del disenso principalmente.
Por ello no debería ser aceptable que la misma metodología, aunque con otra orientación ideológica con respecto al pasado reciente, pretenda ser impuesta como sostén de un plan de gobierno.
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