Se cumplen hoy 50 años del inicio de una de las etapas más oscuras de la Argentina reciente: el gobierno de la dictadura militar autodenominada Proceso de Reorganización Nacional. Invocando la necesidad de restaurar el orden público, durante sus siete años apeló al aberrante método de la desaparición de personas mediante el secuestro, tortura y asesinato de opositores, excediendo los mecanismos normales a disposición del Estado para combatir la violencia de los grupos insurgentes que se habían alzado en armas contra el sistema democrático.
Fue justamente con el consentimiento de un importante sector de la sociedad, que reclamaba la restauración del orden público prácticamente a cualquier precio, como las Fuerzas Armadas, para muchos todavía en aquellos años con envergadura de un partido militar, encontraron el sendero que condujo a la debacle.
De esa forma se llegó al trágico desenlace de emparentar la violencia insurreccional con el combate a las ideas o a los disensos, relegando al pensamiento crítico que debe primar en toda sociedad civilizada. Además, la dictadura llegó a ser cuestionada en el mundo por su excesiva rigurosidad contra la libertad de prensa en la Argentina.
En parte, también se interpretó que lo vivido fue el precio a pagar por la orden constitucional previa de aniquilar la guerrilla izquierdista que crecía y ocupaba espacios políticos y territoriales cada vez con más fuerza, aunque el método ilegal de secuestro y asesinato político haya comenzado con el gobierno de María Estela Martínez de Perón como consecuencia de las luchas ideológicas intestinas del peronismo. Por lo tanto, se llegó a una dictadura amparada en una medida adoptada por un gobierno tambaleante y decadente, pero constitucional al fin.
Nada justificaba que la lucha ideológica encarada ordenara llegar al extremo de secuestrar niños o recién nacidos como parte del castigo a quienes la dictadura detenía.
Con el transcurso de los años el descontento social creció, fundamentalmente por una economía que nunca respondió y que dejó más desigualdad y pobreza. Y el atropello militar terminó de derrumbarse con la aventura de Malvinas; una derrota humillante y el retroceso del país en sus propósitos de recuperación de las islas.
Todo contribuyó a resembrar en el campo democrático y por ello la gran mayoría de los argentinos revalorizó la vida dentro del marco constitucional. Y a entender que las fallas en el ejercicio del poder se pueden corregir a través del voto. Fue así como en estos más de 40 años de vida institucional hubo varios ejemplos de renuncias, tensiones y recambios que se ejecutaron siempre en el marco de la Constitución.
Por ello cualquier cambio cultural propuesto debería encararse en un marco de sano disenso.