Mendoza, una de las provincias que creció y trascendió en la Argentina por el esfuerzo de sus productores y la impronta emprendedora de varias generaciones, sufre, sin embargo, un preocupante estancamiento productivo que invita a replanteos por parte de las autoridades políticas y el sector empresarial.
Esta definición surge de un informe elaborado por el Consejo Empresario Mendocino (CEM), recientemente publicado por Los Andes. Según el trabajo, nuestra provincia tiene la misma densidad de empresas que tenía hace 30 años, en la década de los años 90 del siglo pasado. Con esta realidad se advierte que la baja densidad de empresas en actividad limita las posibilidades de competitividad de la provincia.
El trabajo del CEM acota que Mendoza está ubicada en estos momentos por debajo del promedio nacional de densidad productiva y, junto con las provincias vecinas que conforman la región de Cuyo, se coloca en un bastante lejano lugar en el ecosistema empresarial argentino, obviamente siempre liderado con comodidad por la región pampeana.
Si bien hay, según el trabajo, un claro liderazgo de Mendoza con respecto a San Juan y San Luis en lo que se refiere a densidad empresarial, trasciende el dato clave de que no existe tendencia a crecer. Esto vale como una muestra del estancamiento apuntado y que, pese a todo, el prestigio que mantiene la empresa mendocina en general se basa en la amplitud de su estructura productiva con relación al resto de la región.
En líneas generales, las cifras emitidas por el empresariado local confirman muchas señales de alerta vigentes ya durante años por parte de sectores emprendedores y productivos.
Ante dicha realidad, voceros del empresariado local ponen de manifiesto la necesidad que tienen la provincia y el país de crecer en un contexto de credibilidad. Esto lo señalan, con total acierto, porque siempre el avance económico se sustenta en dos aspectos salientes: la estabilidad de la macroeconomía y la seguridad jurídica. En ambos casos es la Nación la que debe allanar el camino.
Durante décadas, la Argentina ofreció al mundo condiciones poco confiables para la inversión privada, que forma parte del andamiaje que, por el caso que nos ocupa, se necesita en una provincia o región para salir del estancamiento.
El contexto inflacionario en el que se movió durante tanto tiempo nuestro país derivó en los resultados previsibles en dicho contexto: bajísimo poder adquisitivo, con escaso consumo e incertidumbre en cuanto a la inversión. En estos momentos se debe esperar, no obstante, que el equilibrio marco se acerque a la economía del día a día de los argentinos. Y que prospere la apertura a la inversión que se delega en las provincias.
Todos aspectos que deberían resonar con fuerza en la faz pública para que, de una vez por todas se encaren con compromiso los proyectos que Mendoza necesita a mediano y largo plazo para asegurarle a su población un porvenir seguro.