1 de abril de 2026 - 00:00

Cloacas desbordadas en Los Corralitos: drama que se mantiene en el tiempo

Para los tiempos que corren, resulta imperdonable que una zona del Gran Mendoza atraviese el riesgo sanitario por cloacas desbordadas. El problema lo padece el distrito de Los Corralitos (Guaymallén), importante área de la horticultura mendocina y de residencia de muchas familias.

Desde hace muchos años se reitera un grave problema sanitario en una vasta zona de Guaymallén, en el distrito Los Corralitos, por la presencia aguas servidas en calles, olores persistentes y riesgo sanitario.

Los Andes se ha ocupado frecuentemente de este problema, pero las soluciones de fondo no llegan y los afectados, como siempre son los vecinos, y toda la zona en cuestión, que tiene un fuerte desarrollo en horticultura de hoja.

El sábado pasado el colapso cloacal en Los Corralitos fue abordado en la sección Ciencia de este diario, por la licenciada en Sociología e investigadora del Conicet, Carla Carabaca (Guaymallén) poniendo en evidencia una crisis silenciosa del saneamiento urbano en el Gran Mendoza.

Tras las intensas lluvias de febrero pasado, la colectora máxima de residuos cloacales Humberto Primo, que atraviesa Los Corralitos, volvió a colapsar. Las aguas servidas desbordaron sobre calles y terrenos.

Para los habitantes del área, sin embargo, no se trató de una sorpresa. Desde hace meses la comunidad convive con derrames cloacales recurrentes que anegan calles, impregnan el aire de olores nauseabundos y favorecen la proliferación de insectos y roedores. Una de las conclusiones del trabajo al que hacemos referencia hace mención “a un territorio prácticamente inhabitable, con riesgos sanitarios evidentes y una cotidianeidad profundamente alterada”.

La obra destinada a aliviar esta situación —el colector cloacal Colonia Segovia–Paramillo— fue anunciada en 2022 como solución estructural. Hoy se encuentra ejecutada apenas en un 50%. Mientras tanto, el sistema funciona al límite, y cada episodio de lluvias intensas actúa como detonante de nuevos desbordes.

Esa es una parte de la solución que la comunidad espera ver ejecutada. Los vecinos han asumido la postergación de los trabajos de remediación de manera imperturbable ante la adversidad, pero últimamente su paciencia parece declinar y se está organizando para llamar la atención de las autoridades y militar la reparación final del problema planteado.

Es verdad que las soluciones a las falencias en grandes infraestructuras no se resuelven de un día para otro. Detectar una necesidad, concebir la solución, evaluar varias alternativas, hacer anteproyectos, seleccionar el más adecuado y realizar el proyecto definitivo a construir. Luego habrá que buscar financiamiento, licitar y adjudicar y construir la obra. Son emprendimientos que, dependiendo de su envergadura y complejidad, pueden llevar entre 2 y 5 años, o aún más. Por esa razón, no puede esperarse que un servicio colapse, para recién entonces ponerse a pensar cómo se resuelve el tema.

En atención a la gravedad de la situación, es urgente que los organismos competentes en estas anomalías, como Aysam, el Departamento de Irrigación y el Ministerio de Planificación e Infraestructura, más el municipio de Guaymallén, elaboren un programa de acción serio y definitivo para empezar de una vez por todas a poner punto final de la afligente realidad de una parte muy importante del Gran Mendoza.

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