24 de febrero de 2014 - 23:06

Las edades del hombre

Citando particularmente un estudio del filósofo y teólogo Romano Guardini, el autor analiza el sentido propio que tiene la vejez y el papel fundamental de los ancianos en la sociedad.

Durante la primera mitad del siglo XX tuvo una gran relevancia el escritor ítalo-germano Romano Guardini, filósofo y teólogo. De él acabo de leer un excelente trabajo sobre las edades del hombre. En una cultura como la nuestra la atención está pendiente de la edad juvenil. Esto produce un olvido lamentable de las otras edades, particularmente de la vejez. Si hace un siglo y medio o dos el promedio de vida en Occidente era de cuarenta o cincuenta años, hoy bordeamos los ochenta. Es decir, tenemos una gran cantidad de ancianos a nuestro alrededor. El fenómeno debe ser estudiado.

Los ancianos somos muchos. Yo lo soy (pasé los ochenta y uno) y a decir verdad no tengo mayores quejas. En general la gente es respetuosa y acomedida con los de la tercera edad. Recuerdo una vez, hace unos diez años, en un tren londinense (el "tube", le llaman) estaba yo de pie y una joven quiso cederme el asiento. Como los ancianos no tenemos clara conciencia de que somos mayores, yo rechacé sonriente el ofrecimiento. En eso el tren hizo una maniobra brusca y yo casi voy a parar al suelo. Recapacité y humildemente acepté el asiento que se me ofrecía; también se aprende a ser viejo. Actualmente tropiezo con cualquier irregularidad del camino y recibo la corrección de mi mujer que me reclama que levante los pies. Mis cuadras a esta altura se hacen más largas y la mayoría de los caminantes me pasan.

Pero, en fin, sumando y restando, esta edad no es tan mala. Romano Guardini señala algunas cosas bien interesantes al respecto. Ante todo advierte que la edad senil no es solo la conclusión de la vida sino que tiene un sentido propio, "quizá un sentido muy bueno y profundo, y por eso sería muy importante entenderlo y esforzarse por realizarlo (...) Sólo envejece como es debido quien acepta interiormente el envejecimiento", afirma.

El papa Francisco hizo un viaje a Alemania, años antes de ser Papa, para hacer una tesis sobre Romano Guardini. Mientras escribo esta nota leo que Francisco acaba de decir que ningún anciano debe estar "exiliado" de su familia. "Los ancianos son un tesoro para la sociedad". Creo ver en estas frases un eco de lo que dice Guardini sobre la vejez. Francisco es un modelo de anciano lleno de vida y de espíritu juvenil, cosas que no son contradictorias.

Guardini insiste en que también la vejez es vida; ella misma es vida con valor propio. El autor se arriesga a decir que la muerte misma es vida, no un cese y una aniquilación sino que lleva un sentido en sí. La muerte no es la aniquilación sino el valor terminal de la vida, algo que nuestra época ha olvidado.

Por cierto esto es así si se acepta que hay algo más después de la muerte. Para lo cual hay que creer en una trascendencia.

Cada edad, sigue diciendo nuestro autor, tiene su propio sentido, su propio valor. "La vejez tiene su forma propia, cuyo sentido puede predeterminarse por la palabra "sabiduría". Y agrega: "El que envejece como es debido se hace capaz de entender el conjunto de la vida". Y esto es sabiduría.

El papa Francisco ha dicho recientemente, hablando a los embajadores ante la Santa Sede, "sucede que los ancianos son considerados como un peso, mientras que los jóvenes no ven ante ellos perspectivas ciertas para su vida. Ancianos y jóvenes, por el contrario, son la esperanza de la humanidad. Los primeros aportan la sabiduría de la experiencia; los segundos nos abren al futuro, evitando que nos encerremos en nosotros mismos. Es sabio no marginar a los ancianos en la vida social para mantener viva la memoria de un pueblo. Igualmente, es bueno invertir en los jóvenes, con iniciativas adecuadas que les ayuden a encontrar trabajo y a fundar un hogar", afirma el Papa.

El estudio de Guardini sobre las edades del hombre tiene una densidad digna del tema y merece ser rescatado. Él se pregunta para qué sirve la gerontología médica (estudio científico de la vejez) y la previsión social en la atención del anciano, si es el propio anciano el que no llega a tener una conciencia lúcida de su edad, del sentido profundo de ella.

Yo, que transito esos años de la vejez, me he admirado de los estudios como el de Guardini, que nos enseñan, como dice el Papa, a no tener "exiliados" a los ancianos, porque los ancianos son un tesoro de bienes para la humanidad.

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