Rocas antiguas de las profundidades de la corteza de la Tierra están produciendo mucho más gas de hidrógeno de lo que se creía antes, situación parecida a las condiciones existentes cerca de las fuentes hidrotermales que albergan prósperos ecosistemas.
El descubrimiento, publicado en la revista Nature, provee un mapa de ruta con el que buscar vida microbiana en las profundidades de la Tierra y, posiblemente, en Marte.
Los científicos alguna vez pensaron que los ecosistemas microbianos subsuperficiales consumían energía que se filtraba de la superficie de la Tierra, implicando que dichos ecosistemas al final dependían de la luz del Sol y de la fotosíntesis.
Pero el descubrimiento de biomas microbianos profundos que se alimentan de químicos como hidrógeno ha generado cuestionamientos sobre qué tan generalizadas son estas comunidades.
En busca de una respuesta, la geocientífica Barbara Sherwood Lollar y sus colegas de la Universidad de Toronto, en Canadá, reunieron información sobre producción de hidrógeno en más de 200 perforaciones de 32 sitios mineros, principalmente en Canadá, Sudáfrica y Escandinavia.
Los investigadores utilizaron esta información para estimar cuánto hidrógeno se produce en las partes más antiguas de la corteza continental, lo que podría ayudar a identificar áreas que pudieran albergar vida subsuperficial.
El equipo calcula que la roca más antigua de la Tierra (la litosfera continental precámbrica de entre 550 millones y 6.600 millones de años) produce aproximadamente 100 veces más gas anualmente de lo que creían los científicos.
Dos reacciones químicas producen este gas, incluyendo una donde radiactividad natural dentro de las rocas separa moléculas de agua en hidrógeno y oxígeno.
La nueva estimación efectivamente duplica la energía disponible del gas de hidrógeno disuelto en el agua en las rocas de las fuentes hidrotermales de las profundidades del mar. “Esto cambia masivamente el concepto de dónde puede haber vida en este planeta”, dice Sherwood Lollar, porque más de 70 por ciento de la roca que forma los continentes data de tiempos precámbricos.
En 2006, los científicos descubrieron microbios moradores de rocas que comían hidrógeno, viviendo a 4 kilómetros por debajo de la superficie en la Cuenca de Witwatersrand, en Sudáfrica.
Pero el equipo de Sherwood Lollar muestra que otros sitios, incluyendo los de Finlandia y Canadá (donde ella y sus colegas recientemente identificaron agua de más de mil millones de años), muestran mayores niveles de gas de hidrógeno, sugiriendo que podrían ser más acogedores para la vida microbiana.
“Eso es fascinante”, dice Sean McMahon, un geomicrobiólogo de la Universidad de Yale, en New Haven, Connecticut. “No se ha hecho microbiología en la mayoría de las demás perforaciones, y probablemente debería hacerse”, afirma.
El hallazgo podría ayudar a los científicos a entender mejor la vida primordial en la Tierra. Un debate se centra en cómo pudo haberse diseminado y diversificado la vida luego de formarse en fuentes marinas hidrotermales, dice Emily Catherine Pope, una geoquímica del Museo de Historia Natural de Dinamarca, en Copenhague.
“Si se identifica una fuente de energía que está por todas partes, ya no es un factor limitante para la diseminación de la vida”, apunta.
El nuevo descubrimiento también podría llevar a los científicos a estudiar áreas de la Tierra parecidas a la geología marciana haciendo perforaciones en cratones, los gruesos y antiguos núcleos de los continentes.
“Se puede profundizar mucho más antes de llegar a la temperatura máxima de la vida; ahí es donde se esperaría encontrar las cosas vivientes más profundas”, agrega McMahon.