Un relevamiento realizado en por la consultora en un barrio popular, expuso el alto nivel de vulnerabilidad en sus ingresos que enfrentan los hogares pobres. Entre otros puntos, se observó una fuerte dependencia de ingresos inestables y un presupuesto prácticamente absorbido por la compra de alimentos.
El informe fue elaborado por la consultora Focus Market a partir del procesamiento de 47 cuestionarios respondidos por una mayoría de mujeres de entre 30 y 49 años. El estudio describe la estructura de gastos, el peso de las deudas y los mecanismos informales a los que recurren las familias cuando los ingresos no alcanzan para cubrir las necesidades del mes.
Según los resultados, el 40% de los participantes declaró percibir ingresos variables, mientras que el 32% afirmó no contar con ingresos propios. Solo el 21% indicó recibir un ingreso fijo mensual. El relevamiento también reflejó la falta de estabilidad económica durante el mes.
El 55% de los encuestados aseguró no atravesar ningún momento de tranquilidad desde el punto de vista financiero, mientras que apenas el 23% identificó el cobro de principios de mes como un período de mayor alivio. “Que el 40% de los ingresos sea de carácter variable evidencia una fuerte dependencia de actividades informales, trabajos ocasionales o fuentes inestables de recursos”, señaló Damián Di Pace, director de Focus Market.
Al mismo tiempo, que el 93% de esos ingresos se destine a la compra de alimentos muestra que el presupuesto familiar está prácticamente absorbido por necesidades básicas, dejando escaso margen para ahorro, inversión o consumo de otros bienes y servicios. “Esto confirma que cualquier variación en los precios de los alimentos tiene un impacto directo e inmediato sobre el bienestar de estos hogares”, sumó Di Pace.
El informe sostuvo además que, en este contexto, la planificación financiera resulta especialmente compleja. La consultora remarcó que la dificultad para organizar un presupuesto no responde a una falta de conocimientos, sino a la imposibilidad de prever ingresos estables a lo largo del mes.
La deuda como eje de la economía doméstica
Así, la alimentación encabeza la lista de gastos prioritarios para el 93% de los encuestados. Esto indica que cuando el presupuesto se organiza casi exclusivamente alrededor de la subsistencia, queda poco margen para cualquier otro rubro. En ese contexto, el 44% de los encuestados incluye las deudas entre sus principales gastos mensuales. Pero cuando se pregunta cuál fue el gasto que más pesó durante el año, las deudas trepan al primer lugar: el 62% lo señala por encima de los servicios y el alquiler.
El dato indica que la deuda no opera como un gasto más dentro del presupuesto, sino como una carga que condiciona el resto. Esa dinámica se vuelve más clara cuando se analiza el destino del dinero extra. Ante un ingreso inesperado, el 53% destina ese dinero a cancelar deudas. Solo el 19% lo utiliza para consumo o inversión y apenas el 2% logra ahorrarlo. El ingreso adicional no representa un margen de mejora: representa la oportunidad de reducir un pasivo que, de otro modo, se acumula.
El recorte de consumo que surge del relevamiento no se expresa en grandes categorías macroeconómicas. Se expresa en decisiones concretas: el 65% dejó de comprar ropa durante el último año, el 65% dejó de comprar carne y el 41% redujo o eliminó las salidas. Son resignaciones que no siempre captura un índice de precios, pero que definen la calidad de vida de un hogar.
El dato más crítico, sin embargo, es otro: el 20% dejó de comprar medicamentos. En un presupuesto donde la alimentación ya consume casi todo el margen disponible, la salud pasa a ser un gasto prescindible. Ese desplazamiento —de la proteína y la medicina hacia la deuda y la comida básica— describe un ajuste que opera por debajo de los indicadores formales y que difícilmente se revierta sin intervención sobre las causas estructurales que lo generan.