Salarios formales pobres: uno de cada cuatro trabajadores no come al mediodía
Así lo destacó un estudio de la UCA junto a Edenred que sumó que más del 80% de los trabajadores con salarios formales poseen alguna inseguridad alimentaria.
Tener trabajo no garantiza, en la Argentina, comer todos los mediodías o hacerlo bien durante la jornada laboral. Así lo mostró un estudio del Observatorio de la Deuda Social Argentina (UCA) y Edenred, una plataforma digital líder en soluciones de beneficios que promueven el acceso a la alimentación durante la jornada laboral. Los datos del trabajo realizado en todo el país en función de una encuesta nacional a 1.171 trabajadoresasalariados expuso un panorama crítico con relación a la nutrición y a la salud de los empleados.
Según consignó, el 83,5% de los argentinos que poseen un empleo formal enfrenta algún tipo de vulnerabilidad en su alimentación. Es decir que deben restringir la cantidad o resignar la calidad nutricional debido a motivos económicos. “Solo el 16,5% de la fuerza laboral está libre de privaciones alimentarias”, precisó el informe que se presentará esta tarde a las 18 a través del canal de Youtube a UCA https://www.youtube.com/@UCAarg
Ianina Tuñón, investigadora responsable del informe, y Bárbara Granatelli, directora de Asuntos Públicos para Europa, América Latina y Medio Oriente de Edenred, ofrecieron detalles del trabajo en una conferencia de prensa. Entre otros puntos, se desglosó la situación por regiones así como por género, núcleos etarios y situación de pymes y empresas grandes. “Una cifra que me marcó particularmente es que uno de cada cuatro trabajadores no come al mediodía en Argentina”, destacó Granatelli. Agregó que esto se debe, en gran medida, a cuestiones económicas. Esta ausencia se concentra en el sector público, las pequeñas empresas y, de manera específica, en el Noreste argentino (NEA), donde la mitad de los trabajadores (50,1%) declaró no hacerlo.
1
Uno de los datos más preocupantes es que el 61,1% de los asalariados admitió haber tenido que saltearse alguna comida durante su jornada por falta de recursos (un 46,7% de forma ocasional y un 14,4% de manera regular). En este marco los grupos más vulnerables son las mujeres, los jóvenes y las personas mayores de 60 años. Del mismo modo, son los que poseen ingresos menores al millón de pesos por mes quienes se encuentran más afectados en esta situación.
Según los datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), Mendoza registró en el tercer trimestre de 2025 un ingreso individual promedio de $922.616, por debajo de la media nacional de $956.283. En otros rankings privados, la provincia se encuentra entre las que poseen menor salario promedio de país dado que no cuenta con actividades que en los que los sueldos suelen ser altos.
Con relación al trabajo de la UCA, Cuyo se ubicó por debajo del promedio nacional en la cantidad de comidas durante la jornada laboral. Así, el 72% de los trabajadores de nuestra región declaró alimentarse durante el trabajo, cifra que es menor al 77,4% registrado a nivel nacional. Ianina Tuñón expresó que si bien esto puede deberse en parte a la costumbre de las provincias de almorzar en los hogares o cortar durante la siesta, existen diversos sectores de actividad en los que las personas más vulnerables no pueden volver a comer a su casa.
Mujeres, jóvenes y estatales entre los más vulnerables
Entre los trabajadores que o no comen o comen mal durante su jornada laboral, la situación más compleja se da entre los más jóvenes ya que el 70,7% de los empleados de 18 a 29 años omite comidas, un ajuste forzado por los salarios iniciales más bajos. A esto se suma que el 78,5% de los trabajadores ha tenido que optar por alimentos menos nutritivos y más económicos para poder comer. De este grupo, uno de cada cuatro ya lo incorporó como una práctica habitual.
“Esto pone de manifiesto que, para la mayoría de la fuerza laboral, los ingresos no logran cubrir los costos de alimentación durante la jornada de trabajo”, advirtió Tuñón. Sumó que el objetivo del trabajo fue medir los hábitos de los asalariados relacionado con la alimentación, la nutrición y salud en el marco de la jornada laboral. La profesional explicó que más de la mitad de los relevados (56,2%) admitió una doble privación durante el día de trabajo. O sea que del 83% que tienen vulnerabilidad alimentaria, casi 6 de cada 10 alternan entre omitir comidas o buscar opciones menos nutritivas.
2
En este combo, las mujeres también se cuentan entre las más afectadas así como las personas que poseen empleos poco calificados, menores ingresos y las que trabajan en el sector público. Los que se emplean en pymes también poseen peores condiciones al momento de alimentarse que quienes lo hacen en compañías más grandes. Entre otras cosas por falta de recursos como comedores, microondas o heladeras para poder alimentarse en los espacios laborales.
La infraestructura básica en el trabajo es un factor determinante. Entre quienes no tienen acceso a recursos como heladera o microondas, el salteo de comidas asciende al 72%. “La inseguridad alimentaria de las mujeres es habitual en contextos adversos ya que son las primeras que restringen su ingesta alimentaria laboral en términos de cantidad y calidad preservando la fuerza de trabajo masculina y a los niños”, señaló la responsable del Observatorio de la Deuda Social de la UCA.
Un salario que pierde
El economista del Centro de Economía y Finanzas de Mendoza, Nicolás Aroma, expresó que los datos del estudio de la UCA deesnudan el achatamiento del salario que lleva varios meses por detrás de una inflación que viene en alza entre 2,5% y 3% mensual. Una lectura similar realizó la economista Paula Pía Ariet, al frente de Gestión Consultores. “En enero y febrero el aumento de sueldos fue cero con precios que se incrementaron en torno al 5%”, ejemplificó la profesional. El atraso, aclararon ambos especialistas, viene desde 2025 y no está clara la recomposición que pueda darse hacia adelante.
3
Sin tener en cuenta el fuerte aumento de la informalidad laboral –con condiciones inferiores a los asalariados formales- Aroma destacó que en el trabajo muestra cómo los trabajadores ajustan cada vez más. Si esta dificultad se nota en los bajos niveles de consumo (CAME mostró una baja de 5, en marzo), el estudio de la UCA muestra que se trata de ahorrar en todos los frentes lo que incide cada vez más en algo tan básico como la alimentación. “El verdadero desafío de la política económica es que este año pueda crecer el consumo y, por tanto, el salario”, reflexionó Aroma.
“Los trabajadores deben así sacrificar su bienestar nutricional como mecanismo de ajuste frente al costo de vida actual", advirtió Ianina Tuñón, investigadora responsable del informe. En términos concretos, almorzar en el trabajo implica un fuerte desembolso: el 43,9% de los trabajadores gasta entre $5.001 y $10.000 diarios, y un 20% supera los $10.000, lo que convierte la comida en un “costo operativo” que presiona sobre el salario real.
El beneficio de un aporte para almorzar
Entre las conclusiones que destacaron las profesionales a cargo del estudio hay varias que están concatenadas. Una es el grave impacto que la mal nutrición posee no solo en las personas que trabajan sino también en los resultados de las empresas en líneas generales. Otra son las consecuencias netativas que esta situación posee en la salud de los trabajadores, con una fuerte incidencia en el aumento de la obesidad y en las enfermedades asociadas. Ante este escenario, la demanda de un cambio fue contundente, según el estudio de la UCA.
El 80,4% de los asalariados se manifestó a favor de recibir un aporte de su empleador para la alimentación, con libertad de elección (por parte de las empresas). El apoyo fue casi unánime entre quienes más lo necesitan: los trabajadores de la construcción (90,1%), los jóvenes (84,9%) y, de manera especialmente significativa, aquellos que ya sufren las dos caras de la vulnerabilidad (saltear comidas y comer mal) reclamaron este beneficio en un 91,5% de los casos.
En este punto, la expectativa de mejora en la salud es alta ya que un 58,7% de los trabajadores espera mejoras significativas en su bienestar si recibiera este tipo de ayuda. La percepción que se eleva entre mujeres, jóvenes y empleados del sector público, donde las condiciones actuales son más precarias. Sobre este punto, Ianina Tuñón expresó que se trataría de un aporte específico para almorzar, que se destinara solo para este fin lo que mejoraría la calidad de vida y de los trabajadores.
image
“Está comprobado que una persona bien alimentada es más productiva y posee menos accidentes de trabajo”, subrayó Tuñón. Agregó que el impacto sería positivo, además, para la empresa y el sistema de salud en su conjunto. Entre los datos que se ponderaron en el estado es que más del 35% de quienes se saltean comidas tienen problemas de obesidad, proporción que disminuye notablemente entre los que pueden comer todos los días. La representante de Enred destacó en este marco que la reforma laboral podría traer cambios positivos en este punto al permitir extender los servicios de comedores de las empresas a áreas que hoy están excluidas.
En este marco, Paula Ariet recordó que el almuerzo es uno de los principales beneficios que pueden ofrecer las empresas. No solo porque es una manera de asegurarse de que la persona esté bien para trabajar sino debido a que es una oportunidad de crear mejor clima y relaciones duraderas dentro del contexto laboral. La profesional explicó que la definición de “beneficio” por parte de las empresas debe cumplir con tres puntos. El primero es que no sea obligatorio por ley, el segundo que sea medible en dinero y el tercero que esté valorado por la persona. “Una de las cosas que más unifica es compartir la comida y tener amigos en el trabajo incide en personas más comprometidas en líneas generales”, comentó Ariet quien se sumó a la importancia de contar con empleados bien nutridos.
Los datos de Cuyo
En comparación con el total del país, en Cuyo una proporción menor de trabajadores que comparte la comida con compañeros laborales mientras que aumenta la frecuencia de comidas realizadas en soledad o con personas del entorno personal. En tanto, en la región se observa una mayor centralidad de los alimentos preparados en el hogar ya que casi la mitad de los trabajadores (46,6%) lleva el tupper desde casa. Esta proporción es mayor que el promedio nacional (37,7%).
image
El almuerzo casero no implica que el momento sea compartido con los compañeros ya que en Cuyo esta proporción de los que comen solos es más alta que en el promedio nacional. Con respecto a los datos de quienes declaran tomar pausas regulares para comer, Cuyo también va por detrás de la generalidad. Al mismo tiempo, aumenta la cantidad de quienes señalan que solo toman pausas ocasionalmente o casi nunca, lo que indica mayor irregularidad en los tiempos destinados a la alimentación durante la jornada laboral.
Los datos muestran que en Cuyo la proporción de trabajadores que declara tomar pausas regulares para comer es menor (65,1%) que en el promedio nacional (74%). Al mismo tiempo, aumenta la cantidad de quienes señalan que solo toman pausas ocasionalmente o casi nunca, lo que indica mayor irregularidad en los tiempos destinados a la alimentación durante la jornada laboral.
“La vianda que un trabajador lleva a la oficina, el menú que elige en un comedor o la comida que se saltea por no llegar a fin de mes son mucho más que actos privados. Son el reflejo de un modelo de desarrollo, de la calidad del empleo que se genera y del contrato social vigente. Mejorar la alimentación laboral es, en definitiva, mejorar la calidad del trabajo y, por extensión, la salud colectiva”, concluyó el estudio de la UCA y Enred.