1 de agosto de 2026 - 00:05

Oscar Sayavedra: "Podés ganar más plata poniendo un puesto de hamburguesas que haciendo un concierto"

El productor musical analiza el presente de la industria, el impacto del streaming, el futuro del Teatro Griego y los desafíos de hacer recitales en Argentina.

Oscar Sayavedra es productor musical y mánager con una carrera de más de cuatro décadas en la industria discográfica de Argentina y Chile. Fue mentor y representante de Enanitos Verdes en sus inicios, trabajó junto a Soda Stereo y Charly García en los años 80, y hoy conduce la carrera internacional de la banda chilena Gondwana.

En Valor Agregado, el ciclo de entrevistas de Los Andes, el productor repasa el éxito de sus últimas producciones en el Teatro Griego Frank Romero Day, analiza la transformación del negocio de la música con la llegada del streaming y da su mirada sobre el futuro de la escena musical mendocina.

—Tu última producción en Mendoza fue un éxito enorme, ¿no?

—Sí, fue bastante impactante. Tan Biónica había estado hace dos años, cuando volvieron a las giras, en San Martín. Pero la convocatoria nuestra fue casi el doble. Estábamos muy impactados y muy contentos. Todos los productores que estamos recuperando o poniendo en valor el Teatro Griego, con otras productoras que han hecho más espectáculos fuera de la Vendimia, le han dado vida a este lugar, que es maravilloso, y pretendemos seguir en esa línea. Vamos a hacer varias fechas este año, nuestras y de otras productoras.

—¿Qué tiene el Frank Romero Day que no tiene otro lugar?

—El entorno ya es un impacto para los mendocinos que lo conocen, pero para los turistas que llegan quedan realmente shockeados. Pero tiene una cosa técnica que es inigualable: se ve y se escucha perfecto. Eso en ningún otro lugar se puede lograr. Vos podés hacer la cancha de River, fantástico, pero estás plano. Acá el formato de teatro griego le da esa maravilla acústica y visual, porque hasta la última fila se ve bastante bien el escenario.

—¿Cuánto sufrís con el clima?

—Demasiado. Es un tema, fijate lo que pasó este año con la Fiesta Central, que se tuvo que cancelar. Por suerte Mendoza no llueve tanto, entonces por ahí la sacamos.

—¿Cómo empezó tu recorrido con la música?

—Empecé desde chico, de los once, doce años, a comprar mis propios discos, con la plata que me daban mis abuelos y mi viejo para el fin de semana. La guardaba y el lunes bajaba religiosamente a comprar discos y revista Pelo. Eso me fue formando como un fanático, un entendido, un melómano del rock nacional y extranjero. Mi mentor fue Rodolfo José Muratorio, uno de los primeros productores que traía artistas de Buenos Aires a Mendoza. Cuando él se fue a Los Ángeles, yo heredé ese puesto.

Con Enanitos Verdes empezamos juntos: ellos eran una banda underground y yo un mánager en formación. Así crecimos juntos, llegamos a hacer cosas muy interesantes en Mendoza sin haber grabado, giras por la provincia, llenábamos Independencia varias veces. En una época donde, sin haber grabado, ¿cómo la gente conocía la banda? Por Diario Los Andes, Diario La Tarde, las pocas radios que pasaban ese tipo de música. Yo iba con la gacetilla escrita por mí al diario y a veces me la publicaban, ponían un avisito chiquito con una foto, y se llenaba Independencia.

—¿Qué cambia cuando un artista graba con un sello grande?

—En nuestro caso, que era una compañía independiente, te cuesta más todo. Pero cuando grababas para los Enanitos o Soda, que estaban en CBS, tenés cobertura nacional. En esa época tenía que sonar en radio; eso ahora medio que lo reemplazan las redes y el algoritmo. Pasar a un sello grande significaba que tu disco de 45 revoluciones sonaba en toda la radio del país, porque esas compañías tenían empleados promotores en todas las provincias. Al sonar en la radio se hace una necesidad mucho más rápido que la cosa artesanal que hacíamos nosotros, de boca en boca.

—¿Cómo cambió el negocio de la música con los años?

—A mí me tocó todas las etapas. Empecé cuando solo había vinilos, después se sumó el cassette, más portátil para el auto. Después vino el CD, que fue un boom; a mí me tocó vivir ese ascenso trabajando en Chile, eran millones de dólares, era un soporte carísimo, y se volvieron a publicar todos los catálogos viejos. Fue un momento de locura total. Y después me tocó la decadencia con la piratería: fue un desastre, se me cerraron tres departamentos de artistas nacionales en Chile, en BMG cerraron y me fui, en la EMI a los dos años lo mismo. En 2009 me tocó ir como mánager de Gondwana a una convención mundial de la industria musical en Dinamarca, donde un sueco desconocido mostró el modelo de negocio de Spotify y dijo que eso iba a salvar a la industria. Todos decíamos que no, porque era gratis, con avisos. Y realmente eso ha sido: hoy el ochenta por ciento de los ingresos de las compañías discográficas y de los artistas proviene del streaming.

—¿Y eso eliminó la piratería?

—La legalizó. Al principio fue muy duro porque lo que cobrás por cada escucha es cero coma cero cero cero uno dólar, decían que era una miseria, pero se demostró que con volumen se hace una diferencia importante de plata.

—¿Qué papel juega YouTube ahí?

—YouTube, junto con Spotify, son las dos plataformas que más generan visualizaciones de streaming. YouTube tiene aún más penetración, sobre todo por los celulares, en la calle vas a ver videos. Después vienen todas las demás, pero esas dos son las reinas.

—Si tuvieras hoy un grupo desconocido pero con talento, ¿qué le aconsejarías?

—Eso no ha cambiado. Sigue siendo fundamental tocar en vivo. Salvo en solistas pop, que son otro mundo, los grupos de rock tienen que tocar en vivo, ir a que haya veinte personas y bancársela, e insistir. Vos podés poner plata en redes o en Spotify para invertir, pero aunque pongas un millón de dólares, el grupo va a seguir siendo chiquito si no tiene actividad fuera de las plataformas. Tenés que tocar en vivo, eso es lo que yo más creo.

—¿Cómo ves el rock nacional hoy?

—Sigue siendo una fuerza. A mí no me gusta la música urbana, el reguetón, nunca me gustó. Creo que en Argentina hubo un muro de contención para esas músicas más machistas, porque el rock siempre mantuvo una cierta poesía, un cierto compromiso social. Ahora, al fusionarse un poco con el trap, con chicos que son urbanos pero rockeros, hay una fusión muy interesante. Creo que ahí hay un futuro inabarcable.

—¿Cómo es el público mendocino?

—Es veleidoso. La impuntualidad es una cosa increíble: anuncian el show a las diez y media y la gente todavía está entrando, en la fila dando la vuelta a la manzana. Pero es un público exigente. Mendoza es una de las provincias más cultas de la Argentina, con un nivel de educación mejor que varias provincias, y eso lleva a un nivel de exigencia bastante bravo. Tenemos un panorama cultural impresionante, superior a cualquier provincia, incluyendo Córdoba.

—¿Cómo te llevás con la baja del consumo?

—Difícil, muy riesgoso, porque empezás a tener inversiones muy altas para un margen demasiado bajo. Podés ganar más plata poniendo un puesto de hamburguesas que haciendo un concierto, pero hay que insistir hasta que la cosa se vaya reacomodando.

—¿Traés a Los Fabulosos Cadillacs al Frank Romero Day?

—Sí, fue un viejo anhelo. Yo era colega de ellos cuando estábamos con Soda Stereo y Enanitos, hicimos todos los 80 juntos en miles de festivales. Son una banda extraordinaria, y me encanta lo que han hecho ahora, combinar las actividades solistas de Vicentico y de Flavio con las grandes giras que hacen, que son brutales. Vamos a insistir en el Frank Romero Day hasta que se vuelva un clásico; por suerte varios productores nos han acompañado, viene también La Renga, va a haber un uso constante del teatro griego.

—¿Cómo ves el futuro de la escena musical mendocina?

—Hubo un fenómeno bastante fuerte con el under indie, con bandas que llegaron a ser casi diez, que repercutió muy fuerte en Buenos Aires, llenando teatros importantes como el Niceto. Hubo una especie de saturación hace un par de años, tal vez la pandemia durmió un poco la cosa, y ahora veo que están todos de vuelta alineados. Ojalá que a esos primeros diez grupos que formaron esa escena independiente en Mendoza se sumen más. Sé que hay bandas moviéndose, y también una artista, Catalina Segura, hija de Javier Segura, solista, con un material muy sofisticado entre pop, flamenco y balada. Ojalá haya pronto un recambio, que se sumen nuevos nombres a esta primera línea de los grupos indies que salieron hace diez, quince años.

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