—¿O sea que el fin de semana trabajabas en fiestas y en la semana tenías otro?
—Sí, yo fui empleado administrativo en aquella gran empresa que hubo en Rivadavia, que es Bodega Gargantini, durante muchos años; llegué a ser jefe de personal, gerente de compras. Simultáneamente, hacíamos eventos los fines de semana. Era la época de los bailes de promociones, la famosa historia del Ducal. Con un amigo fundamos el primer boliche de Rivadavia, la primer disco que hubo: New Time Discotheque. Los fines de semana en la noche y los días de semana, administrativamente.
—¿Cómo aprendiste el oficio del sonido?
—Yo creo que el oficio de sonido se aprende solo. Se va practicando, uno va aprendiendo, y si le gusta la tecnología y se va amigando con eso, es cuestión de ir dando servicio, y se va ganando esa experiencia que hace falta para llegar, después, con muchos años, a tener una empresa.
—¿Cuándo decidiste que esto podía ser una empresa grande?
—Tiene que ver con el cierre por quiebra de la empresa donde yo trabajaba, Bodega Gargantini. Tenía que volver a conseguir un trabajo de empleado en otro lugar o dedicarme a lo que quería hacer, a lo que ya venía haciendo.
En ese tiempo había conocido a un gran actor mendocino y ya estaba trabajando con él, que fue Héctor Fernández Leal, una persona de primer nivel nacional. Salíamos de gira con él, ya hacíamos teatro. Me acuerdo que en el teatro del Hotel Huentala, en el subsuelo, hacíamos eventos a beneficio para los colegios.
También estábamos incursionando fuertemente en los bailes de promociones, en los distintos institutos, en salones de fiesta de toda la zona este, el famoso salón Ducal, que para toda la gente de esa zona y de nuestra edad es algo inolvidable. Ahí tomé la decisión de dedicarme a hacer sonido y después se fueron adicionando los siguientes rubros que hoy configuran la empresa.
—¿Cómo llegaste por primera vez al Teatro Griego Frank Romero Day?
—Eso es casi anecdótico, porque yo había comprado unos bafles, se le decía en ese tiempo, hoy son sistemas, de la marca La Baja, hasta el modelo me acuerdo, porque era algo muy especial, a 4115. Y una noche de mucha lluvia fue a mi casa una persona y ahí conocí a Carlos Ruiz, que tenía el mismo equipamiento que yo había comprado.
Yo no lo sacaba, para mí los bafles eran algo que cuidaba infinitamente, y él tenía un concierto que lo habían contratado en el Teatro Griego Frank Romero Day, un show de Mercedes Sosa. Necesitaba ese equipamiento que yo no se lo daba a nadie, y esa noche tuve algo que me iluminó y le dije que sí. A partir de ahí lo conocí a él, eso fue un gran paso para el desarrollo futuro de nuestra empresa, y ahí pude llevar por primera vez dos bafles al Teatro Griego.
—¿Qué tiene el Teatro Griego que no tiene otro lugar de Mendoza?
—Lo primero es que es majestuoso y sobre todo para nosotros los mendocinos. Lamentablemente, se usa muy poco, básicamente para la Fiesta Nacional de la Vendimia, pero tiene la espectacularidad del lugar donde está enclavado. Acústicamente suena muy bien y tiene la particularidad, sobre todo en Vendimia, de lo que yo le llamo un poco arenas movedizas.
Cuando no había tecnología en Mendoza y venían empresas de Buenos Aires a sonorizar y a iluminar nuestra fiesta nacional, pasaba mucho que esas empresas tenían problemas porque el lugar hay que conocerlo, tiene una amplitud y una majestuosidad muy difícil de llevar a cabo un evento si uno no lo conoce. Por ejemplo, de un clúster de sonido al otro hay 80 metros de distancia, cuando en un escenario normal de un show internacional hay 25 o 30 metros.
Es un lugar tan especial donde ningún cable alcanza, donde todo lo que se necesita es multiplicado. Y llevado ya al tema específicamente de Vendimia, me parece que es un evento donde el mendocino, cuando escucha la marcha de la Vendimia, se le pone la piel de gallina, cosa que no pasa con la persona que viene de afuera.
—¿Cuánto sufrís cuando un micrófono se acopla o algo no sale bien?
—Mucho, sobre todo si el servicio es nuestro. En tecnología hay millones de factores que pueden influir en tener algún inconveniente; se trabaja para que no pase, se trata de tener el mejor material, que no es solamente lo que se ve, es desde un conector, desde un cable, desde una ficha, para minimizar los riesgos, pero igual los riesgos siempre existen, porque son miles de componentes los que forman un sistema de sonido o de iluminación. Y generalmente siempre pasa: si se va a cortar un micrófono, se va a cortar siempre el del líder y no el overhead de una batería que por ahí ni siquiera se dan cuenta.
—¿Cuánto trabajo lleva poner un show como el de Calamaro en una plaza del interior?
—Normalmente los montajes llevan entre 2 y 3 días, más lo que tiene que ver con las pruebas de sonido, iluminación y todo eso, para después un show que puede durar una hora, una hora y media. Solamente de montaje, según la envergadura del evento, puede llevar no menos de 2 días de piso, a tres, cuatro, o, volviendo a la Fiesta Nacional de la Vendimia, son 15, 20 días de anticipación que comienza el montaje.
—¿Cómo trabajan con los requerimientos de los artistas?
—Cuando ya se trabaja a este nivel, profesionalmente, a uno le llega un rider donde están todos los requerimientos. A ese rider se contesta con un contrarider, donde uno le dice, por cada uno de los puntos, qué es lo que le va a poner o qué le va a ofrecer en base a la disponibilidad que tiene la empresa. Una vez que está aprobado con el artista, si uno cumple con todo lo que prometió, en general no hay problema. Por ahí se ha dado que algunas empresas del interior dicen que tienen algo y después no lo tienen, y eso cae muy mal en los artistas y fundamentalmente en los técnicos. Nosotros tenemos la política de que si nos piden 20 equipos de tal modelo, ofrecemos 18, por más que tengamos los 20.
—¿Cómo ves la competencia de los sistemas de sonido chinos frente a los europeos?
—Los mejores fabricantes y proveedores de sonido del mundo son una alemana y una francesa: Adamson en Alemania, que son los equipos que nosotros utilizamos acá en nuestra empresa local, y la empresa L-Acoustics de Francia, con la cual estuvimos proveyendo de audio al Movistar Arena en su inauguración y actualmente tenemos una empresa en Buenos Aires con un socio.
También tenemos un sistema italiano que en este momento está funcionando muy bien. Está claro que Europa es líder en la fabricación de sistemas y amplificadores; las mejores consolas del mundo se fabrican en Inglaterra o en Japón, Yamaha está muy bien. Con respecto al equipamiento chino no puedo opinar en este momento porque nosotros no incursionamos en ningún tipo de equipamiento de sonido chino; creemos que todavía están muy lejos, que por ahora lo que están haciendo es copiando, y no he visto ni conozco desarrollos propios.
—¿Cuánto afecta la baja del consumo al negocio del sonido y la iluminación?
—Sin ninguna duda afecta, porque yo siempre digo que nuestros clientes no son ni los productores ni los artistas, nuestros clientes son el público que compra y paga un ticket. Si la gente tiene menor poder adquisitivo, puede comprar menos tickets.
Ante un problema económico, el divertimento, vos lo viste en la pandemia, es lo primero que uno va a dejar; la persona no va a dejar de comer, pero lamentablemente el divertimento, el turismo, es lo primero que se cae. Entonces afecta que la persona no pueda comprar un ticket, para que el productor pueda vender esos tickets y contratar nuevos shows, y para que podamos ser nosotros los proveedores técnicos de ese show.
—¿Cómo es el traspaso de la empresa familiar a tus hijos?
—Yo he tenido la suerte de tener tres hijos varones. Hoy los tres se han sumado al proyecto, los tres están en la empresa. Mi hijo mayor, Cristian, cuando se recibió de contador, al otro día fue y me dijo: "Papá, yo me vengo a trabajar con vos". Yo había comprado las primeras estructuras para montaje de escenarios, vallados y todo eso, y él me dijo: "Esta área la tenés un poco media parada, papá, yo me hago cargo". Hoy maneja todo el área comercial de la empresa, todo lo que es rider, contrarider, tratar con los clientes, los productores, los artistas, los técnicos.
El segundo, Federico, también se recibió de contador. A él le gusta mucho la parte administrativa e impositiva, y está al frente de la oficina. Y el más chico, Gonzalo, como toda generación del 2000, con un teléfono hace cualquier cosa; empezó haciéndose cargo del área de pantallas LED y hoy está incursionando en las luces y en el sonido.
—¿Cómo te imaginás los próximos cinco años de la empresa?
—Acompañando al país, en la medida que el país pueda crecer y que la situación económica esté bien, para que una persona pueda comprar un ticket. Nosotros siempre apostando a crecer, siempre hemos abierto el área de importaciones de la empresa, en contacto con proveedores de Europa, de América, de China, siempre buscando el crecimiento porque la tecnología no te deja pararte. Por ahí no tanto en el sonido, pero lo que tiene que ver con pantallas LED y con iluminación, tenés que estar permanentemente invirtiendo, permanentemente actualizándote, y esto implica que hay que estar todo el tiempo full.