La obra El estado de las cosas, de la compañía BiNeural-MonoKultur se presentará el miércoles 9 de septiembre a las 19 y el jueves 10 de septiembre a las 21, en la sala Tito Francia del Espacio Le Parc Julio Le Parc (Guaymallén).
La compañía de Córdoba BiNeural- MonoKultur llega a Mendoza con una propuesta de teatro inmersivo que pone en juego una pregunta: "¿Es posible una dramaturgia de objetos?".
La obra El estado de las cosas, de la compañía BiNeural-MonoKultur se presentará el miércoles 9 de septiembre a las 19 y el jueves 10 de septiembre a las 21, en la sala Tito Francia del Espacio Le Parc Julio Le Parc (Guaymallén).
Esta experiencia inmersiva e interactiva, liderada por los directores y dramaturgos Ariel Dávila (Argentina) y Christina Ruf (Alemania), combina objetos y teatralidad, más las voces de Alicia Vissani, Gabriela Aguirre y Lautaro Signorile.
En Mendoza la sala tendrá capacidad limitada y está destinada para todo público a partir de los 12 años en adelante. Para más información de reservas contactarse con @festim_mdz
Además habrá un taller de dramaturgia llevado a cabo por los hacedores, el martes 8 de septiembre, destinado para actores, creadores, estudiantes apasionados por el teatro inmersivo.
El estado de las cosas, objetos en obra, de BiNeural-MonoKultur, es un viaje a través de una propuesta interactiva. La obra invita al público a ser partícipe, a establecer relaciones, asociaciones e interpretaciones. Es una obra que construye un dispositivo escénico en el que los objetos adquieren agencia y el espectador deja de ser un observador pasivo para co-diseñar la experiencia teatral.
El espacio escénico está organizado en torno a una mesa blanca sobre la que se disponen diversos objetos. A su alrededor, los asistentes ocupan sus lugares y observan una colección heterogénea de cosas cotidianas que, a primera vista, parecen inconexas. Sin embargo, a medida que avanza la experiencia, esos componentes dejan de funcionar a modo utilitario para convertirse en el eje de una dramaturgia colectiva.
El proyecto parte de una situación reconocible: convivimos permanentemente con objetos, los transportamos, los utilizamos y los acumulamos sin detenernos a pensar cuánto nos hablan acerca del tiempo, la memoria o los afectos. La obra transforma aquello que suele permanecer invisible en una potente pregunta teatral. ¿Los objetos son igual que las cosas? ¿Podemos contar historias a través de ellos? La puesta opera precisamente sobre esta transformación, desplazando los elementos cotidianos hacia nuevos sentidos construidos de forma comunitaria.
Uno de los aspectos más relevantes de la propuesta es que los objetos no son los únicos agentes que producen la obra. El dispositivo escénico también está compuesto por auriculares, mesas, bolsas numeradas, consignas sonoras y la propia intervención del público. Todos estos componentes organizan una experiencia específica y generan dinámicas de interacción.
Esta obra participativa transforma también el rol del espectador. Lejos de limitarse a contemplar una historia ya clausurada, los participantes deben asociar elementos, formular hipótesis y producir relatos.
Cada grupo, en cada función organiza las piezas de manera diferente dando lugar a diversas formas de vivenciar la obra.
La dramaturgia no aparece como un texto cerrado, sino como una construcción colectiva que emerge de la interacción entre los asistentes y las materialidades. En la obra, el sentido no es transmitido de manera unidireccional, sino producido a través de la participación de quienes forman parte de ella.
Otro aspecto fundamental es la reflexión sobre el tiempo. La experiencia propone pensar la duración de los objetos, su desgaste, su permanencia y su capacidad para sobrevivir a quienes los utilizaron. Cada uno despliega una temporalidad particular que remite tanto a la memoria individual como a procesos históricos más amplios.
Pero no solo se trata de objetos, hay una referencia a la icónica calavera de Hamlet que funciona como una clave de lectura de la propuesta. Al recuperar la historia del cráneo real utilizado en ciertas representaciones de la obra de Shakespeare, el colectivo artístico pone en tensión la distancia entre representación y materialidad. El objeto deja de ser un simple elemento escenográfico para convertirse en una presencia capaz de condensar preguntas sobre la vida, la muerte y la permanencia de las cosas.
La obra sin duda demuestra que los objetos pueden asumir un papel activo en la construcción dramatúrgica y que el sentido teatral no se produce exclusivamente a través de la acción de los intérpretes o de un texto previo. Mediante un dispositivo participativo, El estado de las cosas convierte a los espectadores en agentes de interacción y sitúa a los objetos como elementos centrales en la producción.
Texto: Emilce Martínez