Es que en el sector público el ajuste operó mediante una reducción en la dotación y cambios en las formas de contratación, con una caída del 4% en el empleo público nacional (equivalente a 13.000 trabajadores menos) entre fines de 2023 y comienzos de 2024. Este proceso no encontró compensación en el sector privado formal, que se mantuvo prácticamente estancado en torno a 6,2 millones de trabajadores.
Así, el deterioro observado entre octubre de 2023 y marzo de 2024 fue generalizado y de magnitud. En ese período, los salarios registrados del sector privado acumularon caídas reales en torno al 15%, mientras que en el sector público las pérdidas salariales fueron incluso más pronunciadas, con disminuciones que superaron el 25% en el ámbito nacional. Las jubilaciones mínimas tuvieron una caída del 23% entre el último trimestre 2023 y primer trimestre 2024. En ese periodo, las transferencias sociales tuvieron una dinámica más heterogénea y la AUH fue la única que subió 43% real.
En la segunda etapa que fue a partir del segundo semestre de 2024 y durante 2025 se observó una recuperación parcial de la masa de ingresos, impulsada por la desaceleración inflacionaria. Entre junio de 2024 y junio de 2025, el incremento alcanzó el 14% (con exclusión de los ingresos informales). La mejora fue acotada debido –entre otros motivos- a que la recomposición fue desigual entre componentes. Los ingresos formales evolucionaron con lentitud, condicionados por un mercado laboral registrado que no logra expandirse. De hecho, el ajuste se canalizó principalmente hacia formas de inserción más precarias, lo que se refleja en un incremento de la tasa de informalidad en 1,6 puntos porcentuales, pasando de 41,6% en el segundo trimestre de 2024 a 43,2% en el mismo trimestre de 2025.
Durante esta etapa de estabilidad, las jubilaciones apenas se recuperaron con un incremento real del 7% para el haber medio y una caída del 3% para el haber mínimo con bonos. “El esquema de actualización e indexación del pago a jubilados no logró compensar plenamente las pérdidas acumuladas en los tramos más bajos”, precisó el trabajo del Ieral. En este periodo, las transferencias sociales tuvieron una dinámica dispar y solo la AUH logró sostener su poder adquisitivo e incluso mostró una recomposición real (+6%). “Otras prestaciones como la Tarjeta Alimentar y Volver al Trabajo (ex Potenciar Trabajo) acumularon caídas cercanas al 28% entre junio de 2024 y junio de 2025, asociadas a su congelamiento nominal”, sumaron los economistas de la Fundación Mediterránea.
En pocas palabras, el derrotero de los ingresos mostró muy pocos signos positivos –incluso en la mejor etapa- si se tiene en cuenta que, luego del brutal ajuste hasta marzo de 2024, la recuperación salarial no solo fue desigual sino relativamente baja dado lo perdido. En este contexto, no debería llamar la atención que cada vez haya más familias endeudadas con distintos instrumentos. Muchas de ellas hoy poseen serias dificultades para honrar sus deudas. Es que fue en este periodo de estabilidad que se tomaron más créditos, pero lo hicieron a tasas elevadas.
Así lo explicó el economista del Centro de Economía y Finanzas de Mendoza (CEFI), Nicolás Aroma: “El crédito se expandió en términos reales con precios mucho más elevados que ahora”. El profesional agregó que las tasas no son otra cosa que el ritmo al que va a crecer la deuda con el agravante de que los ingresos familiares no pudieron alcanzar el valor de la financiación. “Las personas tienen cada vez más problemas para cumplir porque la tasa de ingresos cae y la de crédito sube, por lo que el problema se puede expandir”, sumó Aroma.
Derrumbe de los ingresos en el comienzo del año
En cuanto a la etapa actual, el informe del Ieral expresó que en los últimos meses, la aceleración inflacionaria volvió a erosionar los ingresos por lo que se revirtió buena parte de la recomposición lograda durante la primera mitad de 2025. “En los últimos 12 meses la inflación acumuló un 33% y la mayor parte de los ingresos no logró sostenerse al mismo ritmo”, precisó el trabajo. Agregó que unos pocos haberes y la AUH consiguieron superar la dinámica inflacionaria en el período, mientras que el resto de los ingresos formales se ubicó, en promedio, un 9% por debajo, con variaciones entre componentes.
El minucioso informe del Ieral explicó que las mayores caídas se observaron en los programas de asistencia social Volver al Trabajo y Tarjeta Alimentar (-25%), seguidos por el salario del docente universitario (-9,3%) y el empleo público a nivel nacional (-8,8%). Aunque las provincias intentaron moderar el ajuste salarial, no lograron acompañar el ritmo de los precios. En el sector privado, las negociaciones paritarias operaron como un techo y la mayoría cerró por debajo de la inflación durante los últimos meses.
“Esta dinámica llevó a que los ingresos retornaran a niveles inferiores a los de octubre de 2023, previos al shock inflacionario”, alertaron Caullo y Galindez. De este modo, en febrero de 2026, la masa de ingresos total se ubicó un 4% por debajo de aquel mes con marcadas disparidades entre componentes. Los ingresos informales y las transferencias orientadas a la niñez lograron mejorar respecto de aquel período (+12% y +24%, respectivamente), mientras que los jubilados apenas consiguieron sostener su poder adquisitivo.
Los asalariados, en cambio, permanecieron un 10% por debajo de aquellos niveles. En el otro extremo, los asalariados públicos y los beneficiarios del programa Volver al Trabajo no lograron siquiera acercarse a los registros de 2023. Lo que emerge con claridad es un cambio en la estructura de los ingresos. En comparación con años previos, perdieron peso los salarios del empleo formal y ganaron participación los ingresos más inestables, en particular el cuentapropismo e informalidad (la llamada uberización de la economía).
Crédito y deudas
En este contexto, la evolución reciente deja una doble lectura. Por un lado, la desaceleración inflacionaria permitió una recuperación de los ingresos hasta mediados del año pasado. Por otro, esa recuperación se dio sobre una base más débil y heterogénea. “Hacia adelante, la consolidación de la estabilidad macroeconómica será clave para recuperar el poder adquisitivo”, detalló el trabajo del Ieral. Las perspectivas, para el economista Nicolás Aroma, no están tan claras ya que en medio de este derrotero aparece el aumento de la morosidad de las familias que están cada vez más endeudadas.
En palabras del economista de la consultora Evaluecon, José Vargas, la situación se ha transformado en un problema para los bancos y billeteras virtuales que buscan las maneras de renegociar los pagos de sus clientes con demoras. “Prefieren estirar los plazos del cobro antes que tener un incobrable”, explicó Vargas. “En términos macro se abre una duda sobre el motor de crecimiento de la economía hacia adelante”, razonó el referente del CEFI. Y continuó: “Uno de los fundamentos era aumentar el crédito, pero con este nivel de mora se retrae porque para mantenerlo hay que aumentar la tasa. En este marco el crédito también va a estar estancado”.
La luz de alerta es importante, según explicó Vargas para quien la mayoría de las familias están en modo “supervivencia”. Para ello buscan adelantar sueldos, tomar deudas con billeteras virtuales, pagar el mínimo de las dos o tres tarjetas que tienen al máximo y pedir ayuda a los familiares. “Más del 70% de las familias de Mendoza tienen dificultades para llegar a fin de mes en las condiciones en las que lo hacía años anteriores”, contabilizó el economista de la consultora Evaluecon. En este combo, hay un segmento especialmente vulnerable que son –aunque no son los únicos- son los que más ayuda reciben de sus familiares, en especial sus padres.
El profesional del Centro de Economía y Finanzas recordó que los jóvenes menores de 29 años son quienes tienen mayores problemas para insertarse en el mundo laboral, por lo que deben recurrir a diversas ayudas por parte de sus allegados. Un informe de la consultora Focus Market analizó la situación de los jóvenes a los que les cuesta cada vez más llegar a la independencia económica. “La combinación de ingresos inestables configura un escenario en el que incluso quienes trabajan encuentran dificultades para sostener un proyecto de vida autónomo”, observó Damián Di Pace, director de la Consultora.
El salvataje familiar y cómo impacta la mora
Sobre la base de un relevamiento realizado por Focus Market a 2.670 hogares, junto con datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del tercer trimestre de 2025 y estadísticas del Banco Central de la República Argentina (BCRA), se analizó el nivel de endeudamiento y mora de los hogares argentinos. Según el estudio, las familias acumulan más de $39 billones en deuda: $32,1 billones en deuda bancaria y $6,9 billones en deuda no bancaria.
“La diferencia en los montos promedio por hogar es elocuente: mientras la deuda bancaria promedia $5.702.809 por hogar endeudado, la no bancaria se ubica en $1.149.431”, se observó en el informe que determinó que seis de cada diez hogares argentinos tienen deuda no bancaria. A la par que se expandió el crédito también creció la mora en forma sostenida a lo largo de 2025 y se aceleró en el arranque de 2026, continuó el informe de Focus. “El deterioro es transversal a todos los productos, pero con intensidades distintas”, sumó el trabajo.
En este marco, los préstamos personales (con tasas más altas en general) son los más afectados ya que la mora trepó del 3,5% al 13,2%. Las tarjetas de crédito pasaron del 2% al 11%. Los créditos con garantía hipotecaria son la excepción: se mantuvieron prácticamente estables, en torno al 1%, lo que refleja el mayor compromiso de pago cuando hay un bien en juego. El dato más llamativo es el de la categoría "otros préstamos", que incluye productos de menor monto y mayor informalidad dentro del sistema: su ratio de mora escaló del 10,7% al 31,9%, casi un tercio de la cartera en situación irregular.
El trabajo de Focus Market también detalló el circuito de la informalidad en lo que a préstamos refiere y habla de la deuda no bancaria que agrupa realidades muy distintas: desde el préstamo de un familiar hasta la cuota del colegio impaga, pasando por impuestos atrasados, expensas sin abonar o financiamiento en el almacén del barrio. Al inicio de 2026, esta categoría involucraba a 6.038.564 hogares —el 59% del total— con un stock promedio de $1.116.013 por hogar y un total acumulado de $6,7 billones.
Dentro de esta categoría, la mayor parte de la deuda está concentrada en préstamos personales fuera del sistema bancario, que representan el 46,6% del total con un stock promedio de $2.290.258 por hogar. Le sigue el no pago de impuestos (20,8%) y los préstamos de familiares o amigos (15,9%). El informe de Focus expresó: “Ese último dato es significativo: en 2025 los préstamos entre conocidos explicaban el 35,4% de la deuda no bancaria; hoy cayeron casi 20 puntos porcentuales, lo que sugiere que ese colchón de solidaridad cercana se está agotando o que quienes antes recurrían a él hoy buscan otras alternativas”.
El no pago de expensas subió del 1,4% al 4,9%, el de cuotas educativas del 0,7% al 3,1%, y el de servicios del 2,3% al 5,4%. Estas formas de endeudamiento, asociadas a dificultades para cubrir gastos corrientes, habían mostrado una mejora sostenida entre 2023 y 2025 –en línea con el historial de los ingresos realizado por la Fundación Mediterránea-. El repunte en 2026 es una señal de alerta sobre la capacidad de pago de los sectores más vulnerables que se condice con el deterioro que también muestran los índices de mora bancaria. En síntesis, una parte de los hogares que accedió al crédito formal en los últimos años enfrenta dificultades crecientes para sostener sus pagos. Esto, en un contexto donde los salarios reales han perdido y el costo de vida sigue en alza.