16 de julio de 2026 - 21:51

La luz como materia: la premiada restauración que transformó el antiguo Mercado Central en una escuela modelo

La restauración de la Escuela Raúl Alfonsín en Maipú, concebida por el arquitecto Ulises Gómez, prioriza la eficiencia de la luz y la flexibilidad espacial, con un diseño blanco absoluto que erradica el ruido visual.

La arquitectura interior tiene el poder de sanar las heridas del tiempo y reconfigurar la experiencia humana dentro de los espacios habitables. En pleno casco histórico de Maipú, el edificio del Antiguo Mercado Central —una estructura que durante décadas albergó diversas instituciones educativas— sufría un deterioro progresivo producto del desgaste y de intervenciones previas poco afortunadas que llegaron a provocar el colapso parcial de algunos sectores.

Frente a este escenario, el desafío de su recuperación no solo implicaba salvar el valor patrimonial, sino dotar a la actual Escuela N° 4-261 Raúl Alfonsín de un entorno óptimo para el aprendizaje. El proyecto de remodelación y restauración, desarrollado por el arquitecto Ulises Gómez, resolvió con maestría esta dualidad. La obra no solo revitalizó la estructura, sino que su sensibilidad conceptual la consagró como ganadora del prestigioso Premio Edificar 2025 en la categoría de Arquitectura Interior.

Restauración: Redescubrir la estructura oculta

El complejo escolar cuenta con una superficie diversa: un bloque de 600 metros cuadrados construidos en el año 2000 —donde funcionan sanitarios, cocina y algunas aulas— y el cuerpo histórico original, que posee 773 metros cuadrados en planta baja y 473 metros cuadrados en la planta alta. Esta última sección fue el epicentro de la nueva intervención.

La obra no solo revitalizó la estructura, sino que su sensibilidad conceptual la consagró como ganadora del prestigioso Premio Edificar 2025

La obra no solo revitalizó la estructura, sino que su sensibilidad conceptual la consagró como ganadora del prestigioso Premio Edificar 2025

El punto de partida del equipo de diseño fue una limpieza profunda y un relevamiento técnico exhaustivo para comprender la verdadera esencia de la edificación. Durante este proceso, se retiró un cielorraso inadecuado que mantenía ocultas las cabreadas metálicas originales del techo. El rescate de estos elementos estructurales devolvió la autenticidad arquitectónica al espacio, estructurado bajo una gran cubierta a dos aguas que converge en un imponente lucernario central a 12 metros de altura.

Para garantizar el necesario acondicionamiento termoacústico de las aulas, se colocaron nuevas correas metálicas y paneles de chapa. Toda esta intervención se ejecutó bajo criterios patrimoniales estrictos, asegurando que los agregados estructurales modernos sean absolutamente reversibles.

Luz: El lucernario central como faro urbano

Uno de los principales condicionantes de la planta alta era el carácter marcadamente central del espacio y la imposibilidad técnica de abrir grandes ventanas hacia los laterales. Al entender esta limitación, el proyecto convirtió el lucernario existente en el gran motor de iluminación del edificio. Las antiguas chapas deterioradas de la cumbrera se reemplazaron por un sistema de policarbonato translúcido que funciona como una doble cubierta interior.

Para garantizar el necesario acondicionamiento termoacústico de las aulas, se colocaron nuevas correas metálicas y paneles de chapa. 

Para garantizar el necesario acondicionamiento termoacústico de las aulas, se colocaron nuevas correas metálicas y paneles de chapa.

Esta operación transformó por completo la dinámica ambiental. Durante el día, el policarbonato distribuye la luz natural de manera homogénea y limpia, reduciendo drásticamente la necesidad de encender luminarias artificiales. Al caer la noche, el efecto se invierte de manera poética: el lucernario proyecta la luz interior hacia el exterior, convirtiendo a la escuela en un faro que destaca en la trama urbana del departamento.

Para acompañar esta estrategia lumínica, se adoptó una materialidad blanca absoluta en muros, tabiques y cubiertas. Al eliminar el ruido visual, el contenedor arquitectónico se vuelve casi imperceptible, cediendo el protagonismo absoluto al hecho educativo y al movimiento de la comunidad escolar.

Flexibilidad y sustentabilidad ambiental

La transformación de la planta alta modificó sustancialmente la habitabilidad de la escuela. Se eliminaron antiguos muros divisorios rígidos y cielorrasos deteriorados para dar lugar a espacios integrados, fluidos y sumamente luminosos, compartimentados mediante tabiques livianos que permiten flexibilidad de uso de cara al futuro.

El complejo escolar cuenta con una superficie diversa.

El complejo escolar cuenta con una superficie diversa.

Esta renovación tuvo un impacto colateral sumamente positivo en la planta baja. Al liberarse el espacio superior, la histórica galería interna recuperó su vitalidad original. Hoy funciona como un conector social, un punto de encuentro accesible que fomenta la convivencia y el intercambio entre los estudiantes.

Desde la perspectiva de la arquitectura sustentable, la combinación del lucernario y la apertura de las galerías interiores potencia la ventilación cruzada. El aire circula de manera natural, regulando la temperatura interior y garantizando un ambiente saludable que minimiza el uso de sistemas mecánicos de climatización.

Identidad en el corazón del casco histórico

La intervención en la Escuela Raúl Alfonsín trasciende los límites del diseño interior y se consolida como un hito de Cohesión comunitaria. Al devolverle la dignidad a un edificio emblemático, el proyecto consolida y fortalece la identidad del casco histórico de Maipú, integrándose a un valioso circuito urbano preexistente que incluye al Teatro Imperial, la escuela Justo José Urquiza, la plaza departamental, el edificio municipal y los templos circundantes.

Bajo una mirada contemporánea, el trabajo del arquitecto Ulises Gómez demuestra que el respeto por la memoria construida no está reñido con la innovación tecnológica ni con las exigencias de la educación actual. Preservar la historia también es proyectar un futuro más sustentable, inclusivo y conectado con el desarrollo de su propia comunidad.

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