Impsa: del “tallercito” a la empresa de alta tecnología

Esta semana se concretó el traspaso al Gobierno nacional, que se quedó con el 63% de las acciones y al provincial, con 21%. Cómo empezó, las deudas y los nuevos proyectos. / Foto: Ignacio Blanco
Esta semana se concretó el traspaso al Gobierno nacional, que se quedó con el 63% de las acciones y al provincial, con 21%. Cómo empezó, las deudas y los nuevos proyectos. / Foto: Ignacio Blanco

Nació en 1907, con un modesto plan de trabajo, y en la actualidad diseña, fabrica y monta grandes equipamientos en el mundo.

Como una novela, con varios capítulos, finalmente esta semana se concretó la estatización de la empresa Impsa. La compañía que supo ser un ícono de la tecnología y del desarrollo metalmecánico de Mendoza, durante varias décadas, quedó, tras varios problemas financieros, en manos del Gobierno nacional, como accionista mayoritario y de la provincia de Mendoza.

Pero, ¿cómo pasó de ser una empresa líder del sector privado a convertirse en una sociedad del Estado? El punto de partida es 1907, cuando Enrique Epaminondas Pescarmona, la piedra basal de esta historia, se instala con un tallercito en la ciudad. Nacido en Turín, murió en 1947 en suelo cuyano. Vino muy joven a la Argentina, más precisamente a Mendoza, pero no para quedarse sino con el pasaje de vuelta en el bolsillo. Tenía 23 años. Sin embargo, algo le gustó del lugar y resolvió quedarse. Técnico mecánico egresado del Politécnico de Turín, puso en marcha un taller de discretas proporciones del que saldrían piezas de repuestos de material de fundición de hierro, equipos para la joven industria vitivinícola y compuertas para los canales de riego. El galpón ocupaba 1.450 m2, en avenida España, esquina Godoy Cruz. Fue la primera generación.

Con el transcurrir de los años, se creó Construcciones Metálicas Pescarmona SRL (“CMP”) con el propósito de emprender el diseño y la construcción de estructuras metálicas, compuertas para riego, así como otros equipos electromecánicos. Uno de los hijos de Epaminondas, Luis Menotti, ya tenía por entonces 32 abriles y se insinuaba el hombre que haría grande a la industria metalúrgica local. Falleció en 1993, a los 79 años, en plena actividad.

La denominación Impsa, acrónimo de Industrias Metalúrgicas Pescarmona SAIC, con la cual se da continuidad a la modesta estructura fundada a principios del siglo pasado, data de 1965. Son los tiempos del diseño y la construcción de grandes estructuras de acero y equipos electromecánicos.

Hacia la tecnología de punta

La tercera generación asoma ya con la presencia de Enrique E. Pescarmona, un ingeniero electromecánico de la Universidad Nacional de Cuyo, nacido en 1941, a la postre el responsable del viraje hacia la tecnología de punta, la exportación de valor agregado y la internacionalización del grupo, con su instalación de unidades en 40 países del mundo (cuatro continentes).

El turinés de los primeros años necesitó un pequeño galpón para los trabajos iniciales, pero las demandas del crecimiento exigieron instalaciones más grandes. Por eso en los primeros años de la década del 40, la firma estableció la primera planta industrial en la calle Ceretti, de Godoy Cruz, que ocupó un área de 40.000 m2 de los cuales 27.000 correspondían a superficie cubierta. La constante demanda de bienes de capital determinó la necesidad de generar otro espacio, y a partir de 1978 se procedió a levantar la Planta Industrial II, en pleno Parque Industrial de Godoy Cruz, sobre el carril Rodríguez Peña al 2400. Allí funcionan, entre otras dependencias, el Centro de Desarrollo Tecnológico de Impsa, donde se fabrican componentes clave para proyectos hidroeléctricos, parques eólicos, centrales de generación de energía nuclear y equipos de proceso para la industria de petróleo y gas. El complejo, emplazado en un predio de 28 hectáreas, tiene una superficie cubierta de producción de 20.000 m2.

En los años ’70 comenzó un proceso de desarrollo tecnológico que otorgó a Impsa el perfil de empresa innovadora, convirtiéndola en líder en generación hidroeléctrica en el país. Es la época de la concepción e instalación de puentes grúa. Prueba de esta etapa son los instalados en la Central Nuclear Embalse (Río Tercero, Córdoba), en las hidroeléctricas.

Desde hace décadas, la empresa insignia de Mendoza sorprende con sus desarrollos.
Desde hace décadas, la empresa insignia de Mendoza sorprende con sus desarrollos.

Crecimiento imparable”

En esta etapa, el gerente general era Ernesto Jaime Ferrer. Fue el tercer ingeniero que ingresó al grupo y, cuando se retiró, había cientos. “Fue una época en la que la empresa fabricaba equipamientos para centrales hidroeléctricas, turbinas y generadores. Artefactos que son como un Rolex, de 10 metros de diámetro y 1.000 toneladas de peso (imaginemos una pila de 1.500 Fiat 600 uno sobre otro), con un rendimiento del 95%. Por eso, la importancia del laboratorio modelo de hidráulica, que teníamos para perfeccionar el diseño y sacar los mejores rendimientos posibles. Entre los ’70 y los ’90 el crecimiento fue imparable. La planta era una de las más modernas del mundo”, contó, desde Buenos Aires, Ferrer, ahora director ejecutivo del Instituto para el Desarrollo Empresarial de la Argentina (IDEA).

El ex ejecutivo insistió en la naturaleza de la producción: “Una turbina es una máquina de altísima precisión. Pocas empresas en el mundo son capaces de construirlas e Impsa es una de ellas. Además de la fabricación, está el diseño: la obtención de la tecnología básica que permite diseñar una turbina y sus componentes”.

Un aspecto que remarcó fue la dinámica de la capacitación de operarios, ingenieros y técnicos, citando que se enviaban no sólo a ingenieros a perfeccionarse al exterior, sino también a soldadores, en Alemania.

Remató con este concepto: “Es muy difícil el desenvolvimiento de una empresa de bienes de capital porque está ofreciendo algo que no es tangible en ese momento. El bien no existe, está en la cabeza de los ingenieros. Yo prometo un puente grúa o un equipo para una central que no existe; está en los laboratorios, en la mente de los proyectistas…Por eso es importante la credibilidad de la empresa, pero también el país donde está ubicada la firma. El fabricante argentino de bienes de capital compite en el mundo contra empresas japonesas, alemanas o estadounidenses, que pueden financiar a bajo costo los equipos que producen. Una empresa como Impsa ha tenido que luchar contra esas cosas. Y un aspecto más: los países que han desarrollado sus grandes empresas de bienes de capital han utilizado su propio mercado interno con un objetivo concreto, que es dar antecedentes a sus propias firmas para que puedan después salir a vender al mundo. Al vender una promesa, una de las maneras de que el cliente nos crea es mostrar que ya se ha fabricado algo y que está funcionando. Por eso hay que concentrarse en servicios y en equipamiento de altísimo valor agregado. Pero se necesitará además confiabilidad, ser creíbles y estar instalado en un entorno propicio para el cliente. Por eso decimos que el país debe ayudar con el mercado interno”.

Telecomunicaciones

Otro de los ingenieros que trabajó en la organización fue Horacio Retamales, residente en Luján de Cuyo. Sostiene que “en un período de alrededor de diez años pasó, de ser una empresa nacional con nivel medio en productos de competencia local, a alcanzar una envergadura internacional y crear productos de rango mundial”.

En el final de los ’80, hay que anotar el ingreso en el campo de las telecomunicaciones, al lanzarse Impsat, dedicada a la investigación, desarrollo y fabricación de equipos de telecomunicaciones.

En paralelo, la empresa logró convertirse en un referente mundial en la construcción de grúas portuarias y centrales hidroeléctricas bajo modalidad “llave en mano”, llevando adelante una política agresiva de investigación y desarrollo (ID), desde el ya citado Centro de Investigaciones Tecnológicas.

En los ’90 la compañía se consolidó en el mercado de la energía como desarrollador de proyectos hidroeléctricos, obteniendo dos importantes contratos bajo la modalidad BOT (Build Operate and Transfer, Construir, operar y transferir): Potrerillos, en Mendoza, y la central hidroeléctrica CBK, en Filipinas.

Comienzan las investigaciones sobre energía eólica.

Con el nuevo siglo surgió la unidad de negocios Wind con la que se apostó a la energía eólica con aerogeneradores de alta tecnología.

Fue adjudicada por contrato para construir la central hidroeléctrica Tocoma, en Venezuela, las turbinas Kaplan de mayor potencia jamás construida.

Se suministraron las grúas para el puerto de Tanjung Pelepas (PTP), en Malasia, gravitante centro de trasbordo.

Se firmaron contratos con la provincia de La Rioja, bajo modalidad EPC, para proveer doce aerogeneradores con diseño Impsa del tipo IWP-83 de 2,1 MW (magavatios) clase II, para el proyecto Arauco I, con la operación a su cargo y el mantenimiento del parque.

En tiempos más recientes, se obtuvo la adjudicación de Arauco Etapa III, correspondiente a doce equipos adicionales, incorporando una capacidad instalada de 25,2 MW (megavatios) la que, posteriormente, fue ampliada a 52 MW con la contratación del grupo para la Etapa IV que consta de 26 aerogeneradores IWP-100.

Se inauguró la Sala Limpia de Impsa, donde se construyeron los cuatro generadores de vapor para el remplazo y extensión de vida de la Central Nuclear Embalse Río III. Se obtuvo asimismo la contratación del diseño, fabricación, transporte y montaje del conjunto del recipiente de presión del reactor Nuclear Carem 25 M, primer reactor nuclear argentino para generación de energía.

Se instaló la nave Wind destinada a la producción de aerogeneradores en la planta de Rodríguez Peña.

En enero de 2017, Impsa obtuvo la adjudicación para la rehabilitación con nuevo diseño hidráulico y mecánico de dos turbinas Kaplan de 154 MW cada una y provisión de tuberías internas del rodete, para la central hidroeléctrica argentino-paraguaya Yacyretá (hoy se construye la turbina 201 para este emprendimiento).

Son una de las “naves” insignia de empresa que supo fundar la familia Pescarmona en la provincia de Mendoza.
Son una de las “naves” insignia de empresa que supo fundar la familia Pescarmona en la provincia de Mendoza.

Cambios

El 27 de abril de 2018, como consecuencia de la modificación de su estatuto, la compañía modificó su denominación social, la que quedó bajo el nombre de Impsa (en lugar de su anterior denominación Industrias Metalúrgicas Pescarmona, como derivación del proceso de reestructuración financiera de la compañía).

Entre las últimas acciones importantes que se pueden resumir, están tres operaciones:

*La construcción de un reactor hidrodesulfurizador de 26 toneladas, que la empresa fabricó bajo normas internacionales en su planta y que requirió 50.000 horas de trabajo, con destino a la Refinería Luján de Cuyo de YPF.

*El retorno al mercado de la energía renovable, al ser contratada para evaluar la revitalización de cincuenta turbinas de la central hidroeléctrica Santo Antonio, Brasil, sobre el río Madeira.

*La firma de un acuerdo para el desarrollo de nuevos productos de inteligencia artificial con la empresa india Algo8, uno de los principales proveedores de soluciones de inteligencia artificial (IA) en el mundo.

Un comentario, vía email, llega desde Quebec (Canadá), y lo formula Sergio Gabriel Rey, mendocino, ingeniero electromecánico. Opina que “pocas empresas del mundo pueden concebir, diseñar, calcular, fabricar, montar y poner en marcha una central de hidrogeneración completa como las que este grupo hacía. Turbina, alternador, transformadores…todo. Formaron cantidad de excelentes técnicos y mantenían una gran cantidad de ingenieros capacitándose en el exterior”. Por su parte, el director titular de la compañía, Alberto Jaime Aguiló, sostiene que el valor de esta empresa para Mendoza “ha sido enormemente significativo desde la creación de riqueza por ser fabricante de bienes de capital de alto valor agregado, ícono de Mendoza, líder en exportaciones de alta calidad y con financiación propia obtenida en el exterior y mandante en la formación de recursos humanos del mayor nivel para la provincia”.

El ex gerente de Relaciones Públicas, Luis Raviolo Funes, insiste: “Impsa fue y es una escuela de formación de cientos de personas, capacitándolas en la última tecnología, en la responsabilidad en el trabajo y la superación; los que pertenecimos a ella llevamos inculcado el concepto de crecer porque sabíamos que con ello aportábamos a Mendoza y a Argentina”.

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