18 de febrero de 2026 - 15:55

Comenzó la cosecha, pero aún hay hermetismo con respecto al precio

Con menores volúmenes que el año pasado, algunas bodegas chicas expresaron que no van a elaborar. Incertidumbre y falta de liquidez para levantar la cosecha.

Si hay un término que hoy define a la vitivinicultura en plena cosecha de uva es incertidumbre. Aunque es una palabra habitual tanto en la Argentina como en diversos sectores de la economía -incluido el vitivinícola- el actual hermetismo de los elaboradores con relación al precio que se pagará por la materia prima hace que el terreno sea pantanoso para la mayoría. A la tradicional puja por el precio de la uva y los modos de pago, en lo que va de la temporada se ha sumado un silencio atípico con relación al valor así como a la posibilidad de elaborar o no.

A esto se suman diversos factores que si bien no son nuevos para los productores, sí llegan en un contexto de caída en el consumo y en los márgenes de rentabilidad dada la suba de costos y la imposibilidad de trasladar a precios. La cosecha ya está casi a mitad de camino y en el sector hay coincidencia en que “nadie dice nada” sobre lo que se pagará. Incluso, algunas bodegas (chicas) han declarado que no van a moler este año ya que todavía tienen vino del año pasado.

“La uva se va a colocar en un lugar o en otro, en especial en el marco de merma de cosecha con relación al año pasado”, expresó Fabián Ruggeri, presidente de la Asociación de Cooperativas Vitivinícolas (Acovi). El especialista señaló que hay que ver cómo continúa el clima y qué sucederá con el stock en el tiempo que resta para sacar los racimos de sus viñedos.

Desde el INV se había calculado una cosecha 9% menor a la del 2025, pero dadas las últimas contingencias la caída podría ser mayor. Así lo expresó Mauro Sosa, al frente del Centro de Bodegueros y Viñateros. “Todavía no hay datos precisos, pero las bodegas que están recibiendo uva dicen que les ha llegado un 20% menos que la que recibían a la misma altura del año pasado”, expresó el referente del Este. Según los cálculos de esta entidad, es probable que la cosecha termine por debajo de la estimación del INV.

El riesgo mayor

A medida que pasan los días, los productores no solo deben enfrentar un precio incierto con la base de lo pagado el año pasado, la sensación de que hay uva “dando vueltas” así como algunas variedades más complicadas que otras o de que se pretende pagar lo mismo por uvas de valor diferencial. En el medio, una problemática actual tiene que ver con el financiamiento ya que las líneas para cosecha y acarreo del Fondo para la Transformación, Banco Nación y algunos privados están disponibles desde hace una semana.

El problema de fondo, para Miguel Abdala, dueño de la bodega Monte Real –una importante exportadora del Este- no tiene tanto que ver con los precios sino con la dificultad de los productores para poder levantar su cosecha. Desde el punto de vista de este referente del sector, en la actualidad el industrial no tiene dinero para adelantarle al productor ya que sus ventas han sido flojas. “El sector financiero privado tiene miedo de prestarle al productor, por lo que no hay crédito posible”, sumó Adbala.

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“La mayoría de los productores tienen problemas de liquidez y como las bodegas no pueden hacer hacen el tradicional anticipo para levantar la uva, se está a la espera de terminar los trámites para lograr el financiamiento y poder cosechar”, sumó Matías Manzanares, secretario de la Asociación de Viñateros de Mendoza (AVM). Aunque la disponibilidad de esas líneas suele estar a esta altura de la temporada, la complicación es que se han convertido en la única modalidad para conseguir fondos para pagar los gastos de levantar y trasladar la uva.

“El tema es que por una cuestión de mercado, que pide vinos con menos alcohol, la cosecha debe hacerse antes por una cuestión enológica”, reflexionó Manzanares. En línea con Ruggeri y Sosa, agregó que una vez que los productores consigan los fondos, la cosecha se levantará a menos que alguien no tenga a quién venderla, lo que ven poco probable. Para Adbala, esta posibilidad no es sencilla debido a los requerimientos impositivos que se solicitan para aprobar un crédito al sector.

“Si no pueden cargar nafta, es difícil que tengan el inmobiliario pago”, graficó el bodeguero. Desde su punto de vista, la situación es extrema y se corre el riesgo de que la uva quede en la planta. “Se ha ayudado al productor a podar y a curar por lo que es indigno que la materia prima quede en la planta”, lamentó Abdala. Agregó que él puede hacerse cargo de su bodega y sus pérdidas, pero no de 500 productores que tampoco tienen a quién pedirle un adelanto por la situación de la industria en general.

A la pata del financiamiento –o asociada a ella- se han sumado dificultades burocráticas que algunos productores encuentran para certificar los daños por contingencias climáticas y que, en algunos casos traban las líneas de crédito. En palabras de Mauro Sosa el sector posee dificultades extra para que los organismos correspondientes cumplan con lo que marca la ley para quienes tienen desastre o fuertes daños queden eximidos del pago de impuestos como marca la ley.

“En todas las cosechas que llevo, nunca he visto tantas trabas para poder acceder a un beneficio que está reglamentado por ley tanto nacional como provincial”, comentó el director del Centro de Bodegueros y Viñateros. Por diversas razones económicas o climáticas no es sencillo ser productor vitivinícola en líneas generales. En esta línea, los referentes consultados buscan desdramatizar la situación y apuestan porque el mercado se equilibre en el mediano plazo.

Por otra parte, en el sector exportador podrían abrirse algunas posibilidades entre las que se destacan el mosto –este año con demanda y buen precio- y el vino blanco a granel, por una necesidad de Europa de este producto. La menor cantidad de uva es otro motivo por el que se estima que los productores podrán colocar su producción. La necesidad más acuciante –además de saber qué precio tendrá la uva este año- es que el consumo interno se fortalezca en vistas de que más del 80% de la producción local se destina a la compra de los argentinos.

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