El abigeato en el sur provincial volvió a preocupar al sector y a ponerlo en alerta ante hechos que, según denuncian, se repiten con cada vez mayor frecuencia. Todo volvió a quedar en escena tras el caso ocurrido en General Alvear, que generó fuerte repercusión porque uno de los involucrados era un policía rural.
Los productores aseguran que ya no saben qué hacer frente a una situación que viven desde hace meses y que, en algunos casos, tiene una intensidad tal que el abigeato ocurre todas las semanas.
Sacando cuentas, se llega a la conclusión de que el daño económico para los productores es bastante mayor de lo que se supone. Por ejemplo, el valor mínimo de un ternero ronda los $2.000.000, aunque puede variar según la calidad y llegar hasta los $10.000.000 en el caso de toros. El alimento está incluido porque el pasto no representa un costo adicional.
El precio por kilo del animal ronda los $12.500 para ejemplares de entre 200 y 250 kilos, con un promedio actual de $6.500 por kilo como referencia. Sobre esos números, se calcula que un productor pierde aproximadamente $1.625.000 por cada animal joven robado. El cálculo surge de multiplicar el valor estimado del kilo por 250 kilos del animal.
“Hay animales que pueden valer un poco más y otros menos, en el caso del ternero. La vaca tiene otro precio porque es un bien de cría. Pero el daño está. Una vaca preñada cuesta tranquilamente unos $2,5 millones y de ahí para arriba. Cuando la roban, no saben si está preñada, la matan y dejan tiradas todas las achuras. Es un desastre. Realmente es denigrante llegar al campo y encontrarse con eso”, se lamentó Roberto Ríos, director provincial de Ganadería.
Añadió que esa vaca preñada “es una madre que puede producir durante entre seis y nueve años y da un ternero todos los años. Esa madre vale más de $2 millones. El tema también pasa por el daño a la propiedad y el daño moral. A veces roban todos los meses entre $2 y $3 millones; con eso no hay economía que resista”.
Al referirse al destino de la comercialización del producto robado, el funcionario explicó que “alguien que compra a un carnicero media res por la vía legal mete otro tanto por la parte ilegal. Por eso lo llevan en freezers y después lo sacan. Por ejemplo, ahora tenemos un laboratorio para identificar cuando es carne de caballo, que es más barata. Entonces muelen carne bovina junto con carne equina y nosotros estamos detrás de eso”.
Añadió que entre marzo del año pasado y marzo de este año “tenemos 35.035 toneladas secuestradas en todo Mendoza y seguimos trabajando. Pero esto es exponencial. Yo siempre digo que cuando aumenta el valor de la carne aumenta el delito, porque vale más lo que se obtiene. Con respecto al trabajo ilegal, mucha gente hace el faenamiento en casas particulares, en fincas alejadas e incluso en propiedades abandonadas”.
“Ahora el tema es que los ladrones se ubican en los caminos rurales más transitados. Nosotros hemos colocado cámaras y realmente eso nos ayuda bastante. También están los anillos digitales, con cámaras que toman la lectura de la patente del vehículo, que ya se implementaron en toda la zona sur”.
Abigeato: la logística que se utiliza
Los especialistas en el tema indican que lo primero que hay que tener en cuenta es que ese circuito ilegal evita toda la cadena de la industria cárnica y la venta formal, lo que disminuye muchísimo la carga impositiva y abarata el producto. También esquiva la faena legal, que tiene costos y controles de distintos organismos. Al tratarse de mercadería robada, el precio resulta mucho menor que el de la carne obtenida por canales legales.
Además, apuntaron a algunas carnicerías que actuarían como cómplices y exhiben precios inferiores. “Generalmente los circuitos de ingreso son la pulpa para carne molida o directamente los chacinados, porque es la forma más fácil de ocultar que la procedencia es ilegal. En una media res se detecta inmediatamente que faltan sellos, certificados y tickets de faena, entonces se oculta de esa manera”.
En cuanto al modo de operar, explicaron que los animales desaparecen en zonas de campo o de fincas. Generalmente se buscan animales jóvenes y gordos, que son los de mayor aptitud para comercialización. También ocurre con caballos, por ser dóciles y fáciles de capturar.
La faena se realiza en zonas alejadas, de manera artesanal y sin ningún tipo de control, generalmente sobre el cuero o colgados en estructuras improvisadas. Luego la carne se oculta en vehículos. Los cargamentos de leña suelen utilizarse como cobertura: colocan la carne debajo de una lona, la tapan con leña y circulan por ruta aparentando transportar otro tipo de carga, cuando en realidad llevan entre 200 y 300 kilos de carne sin refrigeración ni medidas sanitarias.
Desde la Dirección de Ganadería señalaron que mediante inspecciones se lograron detectar numerosos casos. “Lamentablemente es un flagelo que probablemente aumente por los altos valores que tiene la hacienda. En contextos de dificultades económicas, este tipo de delitos suele agravarse”, explicaron especialistas.
Una reunión con el Gobierno
El miércoles los productores se reunieron con la ministra de Seguridad, Mercedes Rus, y otros funcionarios con el objetivo de plantear estrategias para prevenir el robo de ganado.
“Fue una reunión muy importante porque participaron los productores y pudieron despejar muchas dudas. Vamos a trabajar en un plan integral junto con la Policía Rural y esperamos que baje el delito. También tendremos una reunión con el jefe de la Rural de la provincia y con el comisario a cargo de la zona sur para generar una comunicación más directa y armar un plan conjunto entre ganaderos, Dirección de Ganadería y Policía Rural para llevar adelante procedimientos más efectivos y evitar que estos hechos sigan ocurriendo”.