1 de diciembre de 2014 - 00:00

Dura realidad y pocas expectativas

La vitivinicultura atraviesa un momento difícil, pero hay situaciones nacionales que no ayudan a generar expectativas favorables.

No es ninguna novedad: la vitivinicultura se mueve de acuerdo con la realidad del momento, pero también por lo que pueden marcar las expectativas.

El momento actual determina que el precio del vino no ha mejorado, que han caído las exportaciones y que el mercado interno logró una muy leve mejoría que no alcanza para modificar los valores.

En cuanto a las expectativas, pareciera ser que desde la Nación no se contribuye a cambiar la situación y, por el contrario, aparecen novedades que en nada ayudan para mirar con optimismo el futuro, como por ejemplo la intención de un ministro de impulsar la tolerancia cero de alcohol para los conductores, la decisión del Gobierno de prorrogar el impuesto al champán, dejando de lado el proyecto que impulsaba su derogación por ley, mientras continúan las conversaciones en la búsqueda de establecer una reducción del impuesto a las bebidas gaseosas siempre y cuando sean edulcoradas con jugos naturales, lo que podría favorecer al mosto.

Lo cierto, lo concreto y lo real es que hemos ingresado en el mes de las definiciones. Los bodegueros hacen sus cálculos sobre cuánto vino van a elaborar, de lo que surge cuánta uva van a necesitar, mientras los productores siguen siendo el eslabón más débil de la cadena porque no pueden decidir, sino que deben esperar para ver qué va a ocurrir.

De allí que no resulte extraño que algunas entidades impulsen la pronta decisión de postergar la fecha de liberación de los vinos, a los efectos de, al menos, dar “algún golpe” al mercado, en una medida que con toda seguridad va a ser muy discutida, esencialmente por parte de aquellos industriales que han ordenado sus ventas a los efectos de llegar con el vino suficiente al mes de junio, que es la fecha que habitualmente se adopta para la liberación.

El mayor problema pasa por el hecho de que cualquier decisión que se tome de parte de las autoridades debe ser en el plano inmediato.

“Si en los próximos días no hay noticia que indique que se van a sacar excedentes, vamos a entrar en un momento más que complicado”, aseguró un dirigente consultado, quien agregó que “lo que está en juego es mucho, nada más y nada menos que la subsistencia de miles de productores que, de continuar las cosas como están, no van a poder seguir trabajando sus viñas”.

Sin embargo y pese a lo señalado, desde el orden nacional comienzan a bajar algunas líneas de acción que no sólo no favorecen, sino que tienden a complicar la situación porque directamente hacen bajar las expectativas.

En ese marco aparece la polémica iniciativa del ministro del Interior y de Transportes, Florencio Randazzo, que intenta establecer la tolerancia cero en el grado alcohólico para quienes conduzcan cualquier tipo de vehículos.

En la actualidad, esa exigencia sólo está destinada a los conductores de ómnibus y taxis, pero para el resto alcanza a los 0,5 grados. Randazzo hizo el anuncio en las comisiones del Senado de la Nación, montando un espectáculo que no hizo más que demostrar su intención de postularse como precandidato a Presidente por el Frente para la Victoria.

Según el funcionario, con ese proyecto se apuesta a la vida, pero más de uno de los asistentes coincidió en señalar que lo único que hizo fue tratar de deslindar responsabilidades por la tarea que no desarrolla desde su cartera -infraestructura vial, control en las rutas, etc.- y que la vitivinicultura terminará siendo el chivo expiatorio.

De prosperar la iniciativa, corre serio peligro el consumo de la denominada “botella abierta”, que es la que se expende en los restaurantes, mientras paralelamente puede afectar seriamente el enoturismo, que ha tenido un crecimiento exponencial en los últimos años en la provincia.

Cabría preguntarse qué puede pasar con el tratamiento del proyecto en las cámaras. Se afirma que cuenta con despacho positivo de parte de las comisiones, pero algunos advierten que puede ser muy discutido en el recinto.

De todos modos, el hecho de que uno de los principales referentes del kirchnerismo para la precandidatura a Presidente -Florencio Randazzo- es el impulsor, puede pesar en las decisiones finales de los legisladores.

El tema restante pasa por lo que sucedió con el proyecto de ley que le daba calificación de “vino espumante” al champán, lo que paralelamente determinaba que, de hecho, se formalizaba legalmente la quita del impuesto que en su momento se aplicó por ser considerada una bebida suntuaria y que fue “sacado”, por decreto en 2005.

Cabe recordar que en aquel momento se estableció que la quita del porcentaje de impuesto se realizaba a cambio de que ese dinero que las bodegas champañeras se “ahorraban”, debían ser reinvertidas para generar fuentes de trabajo, con el agregado de que el decreto debía ser renovado anualmente, lo que ha ocurrido hasta ahora.

El proyecto, de autoría del mendocino Adolfo Bermejo, fue aprobado en Senadores, pero fue trabado en diputados, aduciendo el Frente para la Victoria que, por tratarse de un tema de impuestos, debía tener a la Cámara Baja como iniciadora.

Frente a la posibilidad de que el proyecto termine durmiendo en los cajones de las comisiones, se acordó que se vuelva al decreto para la renovación anual, con las mismas exigencias en lo que a inversiones se refiere.

Cabe considerar también lo que sucede con la posibilidad de que se establezca, por ley, una reducción en el impuesto a las bebidas gaseosas si son edulcoradas con jugos naturales de frutas, entre los que se encuentra el mosto. Según se afirma, de aprobarse la norma legal se podrían “sacar” por mercado interno unas 55 mil toneladas de mosto.

El mayor problema se plantea en el hecho de que hay que enfrentar, para su aprobación, a los poderosos lobbies del azúcar y de los jarabes de maíz.

Durante la semana hubo una importante reunión en el Senado nacional, de la que participaron el titular del bloque del FPV, Miguel Pichetto; el senador nacional Aníbal Fernández, funcionarios del Ministerio de Salud y legisladores, entre los que se encontraba el mendocino Ernesto Sanz.

Resultó importante que la delegación mendocina, encargada de informar sobre el tema, haya sido encabezada por el propio gobernador Francisco Pérez. “Hay 13 provincias interesadas, porque no sólo se trata del mosto, sino del jugo de limones, de manzanas o de peras y contamos con el apoyo del Ministerio de Salud”, dijo uno de los asistentes, quien destacó que “hemos logrado instalar el tema en la agenda y, si es necesario, vamos a llegar hasta la propia Presidenta para lograr su aprobación”, se indicó.

De todos modos, no será un tema que se tratará en forma inmediata, sino que tendrá su lento tratamiento parlamentario.

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