1 de febrero de 2020 - 00:00

Duplicidades - Por María del Rosario Ramallo

¿No les ha pasado alguna vez que una misma palabra les parece correcta de dos formas distintas? ¿Cómo saber cuál es la aceptada en nuestro medio? Siempre menciono el Diccionario panhispánico de dudas, que se encuentra en la red tanto en la página de la Real Academia Española como en la de nuestra Academia Argentina de Letras.

Un término que nos plantea esa duda es ‘compartimento’: ¿no será ‘compartimiento’? Voy a la fuente mencionada y me encuentro la respuesta que estoy buscando:  bajo la entrada ‘compartimento’, encuentro la definición “cada una de las partes en que se divide un espacio”. E inmediatamente la recomendación: “Es igualmente válida la variante ‘compartimiento’, de uso menos frecuente”. Si acudimos a la familia léxica formada a partir de la forma sin diptongo, nos encontramos con el verbo ‘compartimentar’, que significa “dividir internamente algo, en especial un lugar”, como compartimentar una oficina; también, se da el sustantivo ‘compartimentación’, con la misma acepción del verbo, como división interna de algo.

También nos pasa a veces con el término ‘ícono’; ¿es esdrújulo o grave el vocablo?

Apenas lo buscamos en el diccionario de dudas, advertimos que las dos formas son lícitas. En efecto, la entrada nos da las dos posibilidades: ‘icono’ (grave) e ‘ícono’ (esdrújula). Vemos sus distintas acepciones: en lo estético, alude a la “representación pictórica religiosa propia de las iglesias cristianas orientales”; en el habla general, es el “signo que mantiene una relación de semejanza con el objeto representado”; en el ámbito de la informática, es la “representación gráfica esquemática utilizada para identificar funciones o programas”. Hoy, el vocablo ha extendido su empleo con el sentido de “persona que se ha convertido en símbolo o representante de algo”.

Advertimos este múltiple valor en ejemplos respectivos como Vimos en la clase algunos íconos de la iglesia ortodoxa. En ese supermercado, los extranjeros no se pierden pues siguen los íconos de los principales productos. Para saber qué hacer no tiene nada más que buscar el ícono en la pantalla de su ordenador. Ese cantante francés era el ícono de la generación setentista. Pero, ¿cómo lo escribo y pronuncio?  Tiene dos acentuaciones válidas: la llana o grave, con sílaba tónica en ‘-co-‘,  es la más próxima a la etimología; en efecto, proviene del griego bizantino “eikón, eikónos” y nos llega desde el francés “icône”. Esta pronunciación es la que predomina en España. En cambio, en América y, por consiguiente, en nuestra Argentina, se usa más la esdrújula “ícono”.  En relación con la primera acepción de ‘ícono’ o ‘icono’, podemos advertir una cantidad de derivados, tales como ‘iconoclasta’ (“que rompe imágenes”); ‘iconolatría’ (“adoración de imágenes”); ‘iconología’ (“estudio de la formación, transmisión y contenido de las imágenes”); ‘iconomanía’ (“afición incontrolable de tener muchos objetos de adoración”); ‘iconoteca’ (“lugar donde se guardan íconos”).

Y cuando queremos hablar de un grupo selecto, de una minoría cerrada, hablamos de ‘elite’ o de ‘élite’. ¿Cómo acentuar? Los diccionarios académicos, tanto la edición del tricentenario como la del Panhispánico, validan las dos formas y nos dan una justificación al respecto: el término proviene del francés “élite”; todos sabemos que la tilde sobre la ‘e’ no daba carácter de tónica a esa sílaba, en ese idioma; de hecho, la sílaba tónica de palabra era ‘-li-‘ y la pronunciación es [elít]; nosotros heredamos el vocablo, pero el hablante de español, al ver el acento ortográfico sobre la ‘e’, la pronuncia como esdrújula: ‘élite’. Por otro lado, están quienes se dejan guiar por el oído y transfieren la pronunciación francesa al español, con acento prosódico sobre ‘-li-‘: ‘elite’.

Las dos formas se aceptan, pero el diccionario de dudas nos aclara que, aunque la pronunciación esdrújula es antietimológica, es hoy la más extendida, incluso entre las personas cultas.

Hay una serie de palabras en español, formadas con la terminación ‘-plejía’, que designan diferentes clases de parálisis; escuchamos a algunas personas que las pronuncian con hiato entre las dos vocales finales, mientras que otras lo hacen formando diptongo entre la ‘-i-‘ y la ‘-a’. Nos dice al respecto el Panhispánico que las dos pronunciaciones son válidas: ‘hemiplejia’ y ‘hemiplejía’, ‘paraplejia’ y ‘paraplejía’, ‘cuadriplejia’ y ‘cuadriplejía’. De este grupo de vocablos, el único que solamente admite el hiato entre sus vocales finales es ‘apoplejía’.

¿Cómo llamamos a un hombre de baja estatura? Decimos de él que es ‘petiso’; pero también, por allí, vemos escrito ‘petizo’: ¿cuál es la grafía correcta? El término ‘petiso’ y su femenino ‘petisa’, designan a quien es “de baja estatura”. También, el sustantivo ‘petiso’ puede designar a un “caballo de poca alzada”. Se puede encontrar escrito con ‘-z-‘ por su origen en el portugués “petiz”.  Así, hallamos: “Era un joven petiso y gordo” y

“Era un petizo de pura sangre”. Pero el diccionario de dudas nos advierte que, aunque la forma ‘petizo’ está gráficamente más cerca del étimo portugués, es hoy mayoritaria y preferible la forma ‘petiso’, con una S, quizás motivada por el seseo.

Hay un metal cuyo nombre es ‘cinc’, definido como “elemento químico de número atómico 30, usado industrialmente en aleaciones y como recubrimiento protector de otros metales; lo veíamos antes escrito ‘zinc’; acerca de esta duplicidad nos dice el Panhispánico que las dos variantes son válidas, aunque nos resulta ‘zinc’ más cercana a su etimología germana “zink”. El vocablo original significaba algo afilado o con punta, debido a que los cristales, una vez fundidos, toman forma puntiaguda.

Finalmente, también encontramos con grafías diferentes la palabra ‘cenit’: este vocablo puede, físicamente, indicar el “punto más alto del hemisferio celeste” o “la posición del Sol cuando se lo ve en su punto más alto al elevarse sobre el horizonte”: “Ya casi había llegado el sol al cenit”. En sentido figurado, se usa muchas veces este término para señalar que alguien o que un proceso han alcanzado el punto de apogeo o su máximo esplendor y éxito: “Estaba orgulloso de haber logrado llegar al cenit de su carrera”. En la norma culta y en el lenguaje astronómico se prefiere usar este término con acentuación aguda, fiel a su etimología; sin embargo, también es válida la forma grave ‘cénit’. Antes, era frecuente encontrar el término escrito con Z inicial, pero en la actualidad no se considera recomendable.

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