29 de octubre de 2017 - 00:00

Dos años de gobierno sin herencia

Con el motor de los créditos hipotecarios, se espera que la construcción privada también muestre signos de reactivación.

En los próximos dos años el gobierno de Macri deberá afrontar la solución de problemas y no podrá argumentar aspectos de la herencia que no fueron blanqueados hasta ahora.

Terminó el proceso electoral y, luego del cómodo triunfo logrado por Cambiemos, comienzan los dos últimos años del mandato de Mauricio Macri. En estos dos años el gobierno deberá afrontar muchos desequilibrios pendientes de resolución, sumados a otros que se generaron durante esta gestión.

Lo que no podrá hacer ahora es apelar a la “herencia recibida”.

Es verdad que siguen apareciendo cosas, pero después de dos años y una ratificación electoral, ya no se puede apelar a más excusas y lo que se blanqueó pasó a ser propio. Quizás por esto es que el gobierno se apresta a proponer una serie de medidas que ayuden, en primer lugar, a consolidar la baja del déficit fiscal pero, sobre todo, a racionalizar el gasto público que hoy luce desmadrado.

Es real que el gobierno heredó una situación fiscal compleja, pero es real también que en el primer año, cuando habitualmente los gobiernos aprovechan a tomar medidas de fondo, el gobierno de Macri aumentó el gasto, sobre todo generando mayor gasto social, algunos justificados y otros incomprensibles.

El desborde del gasto y el déficit en 2016 lo obligó a tomar medidas en 2017 y no le fue mal electoralmente, a pesar de haber tenido algunos aumentos tarifarios.

Es que el gobierno, además, encaró con firmeza un plan de obras públicas que dinamizaron al sector de la construcción, que ha sido el motor de la recuperación de la economía, lo que permitió comenzar  a bajar los índices de desempleo y, levemente, los de pobreza e indigencia.

De todos modos, al cierre del tercer trimestre de este año el gobierno exhibe un ahorro mayor al previsto ya que los egresos corrientes fueron menos a los ingresos. En ese comportamiento colaboraron mucho los menores subsidios a las tarifas de servicios públicos.

El gobierno cree que puede sobrecumplir la meta del 4,2% propuesta para el presente año. Donde le fue mal fue en el déficit financiero que creció por efecto del mayor endeudamiento, casi compensando el ahorro primario. Como dirían los especialistas, “lo que sacaron de la parte de arriba lo trasladaron por debajo de la línea”

El nivel de actividad

El nivel de actividad se ha mantenido a un ritmo moderado, aunque no todos los sectores se han movido al mismo ritmo. Según el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) que elabora el Indec, la economía creció un 4,3% interanual en agosto y acumula en los primeros 8 meses del año un 2,4%. Si bien los próximos meses se comenzará a comparar con el último trimestre de 2016, cuando comenzó la reactivación, es posible esperar un crecimiento cercano al 3%.

En el octavo mes del año, el motor de la economía estuvo en la mano de la construcción, que creció un 11,7% interanual; la industria (+5,9%), la intermediación financiera (+5,2%), el comercio (+4,8%) y las actividades inmobiliarias (4%). Salvo el sector de la minería, que fue el único que marcó un descenso, el resto de las actividades mostraron crecimiento. Datos de FIEL mostraron que en setiembre la industria mostró un crecimiento interanual del 5,6%.

Según el Estimador Mensual de Actividad Económica, el sector con más crecimiento en agosto fue el de la construcción, con un mejora del 11%.

Por ahora, y con el motor de los créditos hipotecarios, se espera que la construcción privada también muestre signos de reactivación, complementando la inversión pública que se hace ver sobre todo en grandes obras. Si bien el nivel de demanda de mano de obra es menor que la privada, motoriza a una gran cantidad de empresas proveedoras del sector.

El nivel de actividad en 2018 se mantendrá en el mismo ritmo, aunque es probable que avancen otros sectores y no avance tanto el sector de los granos, muy afectados por las inundaciones de campos que han restado muchas hectáreas al área explotable.

La inflación

Es la consecuencia directa del gasto público y del déficit. La persistencia hace que los mercados sigan operando con desconfianza, sumándole el efecto que causan las actualizaciones de los valores de los servicios públicos.

El núcleo duro, que corresponde a la inflación estructural, no cede y ahí puede estar haciendo efecto, entre otras cosas, el costo del crédito, que está cada día más elevado por efecto de la política de tasas del Banco Central.

La tasa inflacionaria, con los datos acumulados y la proyección que se puede hacer con futuros aumentos de tarifas, podría estar cerca de 22 ó 24% como se había proyectado desde sectores privados. Para el año próximo, con los reajustes tarifarios, será difícil que los números puedan bajar del 18-20%. Es que la persistencia del déficit fiscal (bajaría a un 3,2%) seguirá empujando la presión de precios.

Resta saber cómo se definirá la ley de Responsabilidad Fiscal, el Presupuesto y las negociaciones por la coparticipación, porque en las mismas se discutirá sobre fondos nacionales y,  obvio, recursos a las provincias.

El riesgo es que haya pequeños cambios y que fondos de la nación vayan a las provincias, pero no disminuya el gasto global. En materia fiscal, si hubiera cambios, no se notarán en 2018 y habrá que esperar una mejora en el comportamiento fiscal de Nación y provincias para esperar una baja de la presión impositiva.

Tipo de cambio

Es motivo de preocupación por parte del gobierno pero también de los empresarios. El tipo de cambio está notoriamente atrasado por el ingreso muy fuerte de dólares generado por el ingreso de divisas obtenidas en colocaciones internacionales de bonos por parte del Estado, pero también por parte de empresas privadas.

Otra fuente de ingreso es la que generan los inversores que llegan atraídos por las elevadas tasas de interés que fija el Banco Centra con el objeto de mantener controlada la inflación. Esto genera un movimiento de ingresos de capitales especulativos que en la jerga del mercado se conoce como “carry trade” pero en la calle se lo denomina “bicicleta financiera”.

Este atraso de tipo de cambio afecta fundamentalmente a las economías regionales, como la de Mendoza, que viene sufriendo con los precios de la producción local y está generando un fuerte déficit comercial. Este atraso cambiario también genera una fuerte salida de divisas tanto por turismo como por compras al exterior. Vale señalar que estas salidas de divisas ayudan a que el dólar no baje más en nuestro mercado.

El problema hoy está centrado en lo que ocurra con el dólar a nivel internacional. Las expectativas que genera el potencial candidato a ocupar la presidencia de la Reserva Federal, Jerome Powell, está impulsando al alza las tasas de los bonos de EEUU, que han crecido un 19% desde setiembre pasado. Esto también se vio impulsado por una mejoría general de la economía global y una reversión de la política de tasas comenzada por la actual conducción del organismo rector de la política monetaria de EEUU.

Esta suba de tasas ya se está trasladando a la devaluación de las monedas de los demás países frente al dólar. En nuestro continente es notable la devaluación que han sufrido el peso mexicano y el real brasileño, mientras que en nuestro mercado el dólar no puede levantar vuelo, y agrava el problema de competitividad.

También la suba de tasas puede complicar el financiamiento externo de Argentina y de ahí surge el alto riesgo de sostener una alta dependencia de capitales del exterior para financiar el déficit. Esto genera la urgencia de terminar con los desequilibrios de las cuentas externas.

De todos modos, lo que viene es todo desafío del gobierno. Ya no puede utilizar las excusas de la herencia recibida. De aquí en adelante, es todo cosecha propia.

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