Muy interesante la nota de diario Los Andes del 13 de noviembre que habla de la necesidad de renovar el bosque debido a su decrepitud (envejecido y seco). En la misma se dan cifras difíciles de digerir por ser tan relevantes y que, a la vez, aparecen como desmesuradas.
Las cantidades enunciadas no pueden ser producidas por los viveros oficiales existentes en Mendoza que se encuentran, según palabras del secretario de Ambiente, en un intenso proceso de renovación.
Pero si pensamos en términos técnicos, se requieren varios años de trabajo de vivero para producir un árbol robusto y de porte suficiente como para ser implantado en un parque, en una avenida o en una calle. Esos tiempos aún no han transcurrido.
Es necesario distinguir entre lo que es plantar estacas de álamos como futuras cortinas forestales, y lo que es plantar árboles como los mencionados en la nota de marras, o sea: plátanos, moreras o fresnos.
Es fácil comprender entonces que gran parte de las cifras presentadas reflejan muy buenas expresiones de deseo especialmente en lo que respecta al bosque urbano del cual, siguiendo el hilo de la nota, es necesario reponer el 30% de 1.400.000, o sea nada menos que 450.000 árboles.
¿Podría la DRNR informar dónde, cómo y cuándo se producirán tantos árboles?
Bien, seamos benignos y aceptemos dichas expresiones de deseos de nuestras autoridades ambientales y, a su vez, preguntemos ¿cuántos árboles más se van a perder mientras se producen y se plantan esos 1.400.000 árboles?
Más aún, cifras oficiales dicen que de los árboles plantados en áreas urbanas habitualmente se pierde más del 30% debido a vandalismo, mala calidad de las plantas, suelos inapropiados, plagas, etc. Entonces la necesidad de nuevos árboles debería incrementarse proporcionalmente? pero no queremos enredarnos en cifras que no nos llevan a buen puerto.
Es evidente que es necesario e imprescindible pasar a la implementación de urgentes acciones concretas y correctas para evitar que continúe el deterioro del bosque urbano y la pérdida de ejemplares ya desarrollados.
Al hacer un análisis de la situación actual del arbolado o bosque urbano de Mendoza nos encontramos con un sinnúmero de situaciones que indica una total falta de gestión por parte de los responsables del arbolado. No hay coordinación entre las dependencias de obras públicas las áreas responsables del arbolado tanto a nivel provincial como municipal. Se evidencia que muchos municipios no han implementado las leyes referidas a la conservación y cuidado del arbolado.
Se ven muchos árboles utilizados para colocar carteles de toda índole, para apoyo de rejas al frente de numerosos negocios, se colocan clavos y ganchos para colgar bolsas de basura domiciliaria, se vuelcan en las acequias restos de pintura y de cemento en obras en construcción, no se realizan los tratamientos fitosanitarios necesarios, equipos de transporte de contenedores o de cemento a granel dañan tronco y quiebran ramas sin ninguna consideración, se ciegan los espacios destinados a los árboles para circulación de vehículos o para aprovechamiento comercial de las veredas, se cubre con cemento y con veredas el espacio que los árboles requieren para el normal desarrollo de su sistema radicular circunstancia que disminuye también la cantidad de aire necesario para el crecimiento de sus raíces, se los llena de ataduras con alambre para instalar pasacalles o propagandas de todo tipo, se utilizan como postes para el cerramiento de veredas debido a obras en construcción, no se eliminan las malezas que compiten por el espacio y por el suelo, falta de riego, podas indiscriminadas, agua estancada y llena de podredumbre en las acequias.
Por otra parte, vemos que poco a poco se va perdiendo la armonía forestal, efectivamente, las calles muestran un verdadero y lastimoso caos pues se entremezclan alegremente numerosas especies que convierten al bosque urbano en un verdadero carnaval vegetal. Encontramos palmeras, olivos, ailantus, damascos, coníferas, eucaliptus, etc. Que aparecieron como por arte de magia, crecieron compitiendo con los árboles, en muchos casos conviven con severas deformaciones estéticas, pero en otros desplazaron al ejemplar implantado por el municipio.
Muchos vecinos han colocado en el frente de sus viviendas árboles a su propio gusto. Encontramos así brachichitos, jacarandáes, crespones, ligustros, palo borracho, etc. rompiendo la armonía original del arbolado diseñado para esa calle.
Vaya un ejemplo. Sin orden ni gracia alguna vemos que se van perdiendo los plátanos de la calle Arístides Villanueva y se los repone con moreras o fresnos sin tener en cuenta aspectos elementales de arquitectura urbana. Peor aún, en numerosos casos ni siquiera son repuestos, directamente los espacios correspondientes quedan anulado o cubiertos por postes de comunicaciones, de energía o del trolebús. O simplemente son embaldosados.
Pero volviendo a la nota en cuestión, es imprescindible que para no seguir perdiendo el patrimonio forestal de Mendoza por falta de gestión, no hacen falta declamaciones aparatosas, sólo hay que seguir las simples buenas prácticas de manejo del arbolado urbano y, poco a poco, reponer los faltantes o sustituir los especímenes deteriorados siguiendo los conceptos de bien establecidos por los lineamientos de la arquitectura urbana.
Lamentablemente hoy solo vemos cómo el arbolado urbano, otrora orgullo de los mendocinos, se va deteriorando a grandes pasos. Menos palabras y más acciones. Más trabajo planificado con visión de sustentabilidad y menos declamaciones grandilocuentes, esto es lo que puede llegar a significar que Mendoza sea realmente una Ciudad Maravillosa.