La presidenta Cristina Fernández se destacó la semana pasada al comparar la Argentina con Australia y Canadá al señalar que estos países tenían menos reservas en función de su PBI que el nuestro y sin embargo nadie dudaba de su solvencia. Con esto, como era de suponer, planteaba que la culpa es de los medios o de ciertos gurúes envueltos en alguna campaña destituyente.
Lo que la presidenta olvidó es que en un régimen de libre flotación no es tan importante tener reservas como prestigio, es decir, confiabilidad de que el país cumplirá con sus obligaciones, y Argentina no se ha caracterizado por serlo. Incluso, el hecho de tener las reservas conformadas por 2/3 en títulos públicos y 1/3 en divisas reales da una idea de los motivos de la preocupación.
Más allá de los pagos de la deuda, el país tiene agujeros negros que no dan seguridad sobre su solvencia futura, además de decisiones políticas que atentan contra la propiedad privada. La semana pasada fue la embestida contra la empresa chilena LAN y con la idea de La Cámpora de sacarle a Eurnekian la concesión sobre el Aeroparque metropolitano.
Los agujeros negros están relacionados con la madre de todos los males: la inflación.
Justamente, en su comparación, Cristina no consideró que en Canadá fue del 1,2% en el último año, mientras que en Australia fue de 2,4%. La inflación es la madre de los problemas de los cuales se derivan los dos grandes problemas que hoy afectan a nuestra economía: el dólar oficial atrasado y el déficit energético.
El problema del dólar
El gobierno viene sosteniendo desde que comenzó la etapa kirchnerista un rígido control sobre el mercado de divisas. Todos los exportadores deben liquidar obligatoriamente el producido de sus ventas al Banco Central (BCRA) y los importadores deben comprarle las mismas al organismo para pagar sus compras.
Hasta 2010, el Banco Central mantuvo la moneda sobre devaluada, al no convalidar una revaluación que se habría producido por efecto de las entradas de dólares fruto del comercio exterior. Para esto, el BCRA compró muchos dólares y así se acumularon reservas y los pesos emitidos eran capturados por medio de la emisión de Lebac y Nobac, títulos adquiridos por los bancos.
Esta excesiva devaluación actuaba como freno al turismo emisivo y era atractivo para el turismo receptivo de origen extranjero. Pero también actuaba como una valla de contención para que no ingresaran productos de consumo y el grueso de las compras eran bienes intermedios (insumos para fabricación de otros bienes) o bienes de capital (máquinas).
Pero en 2010 se comenzó a disparar la inflación y el gobierno decidió mantener fija la cotización del dólar oficial, usándola como ancla antiinflacionario, mientras era permisivo con quienes sacaban capitales, ya que de esta manera no tenía que emitir moneda y evitaba otra fuente de aceleración de la inflación.
Pero, además, y de la mano de Guillermo Moreno, se comenzaron a manipular los datos del Indec que miden la evolución de los precios. De esta manera se conseguían datos mentirosos de la inflación, como hasta ahora, y le permitía pequeñas actualizaciones del dólar oficial.
En la estrategia oficial, mientras la inflación crecía, el dólar lo hacía mucho menos y esto fue carcomiendo los márgenes de competitividad cambiaria que gozaron las empresas durante 8 años. La inflación crecía porque el gobierno aumentaba los montos de subsidios a los servicios públicos y el gasto en sí mismo y se quedó sin superávit fiscal y comenzó a tener déficit. Si bien no se endeuda en el extranjero, toma deuda con el Anses, el BCRA, el PAMI, la Lotería Nacional y cuanto Fondo Fiduciario oficial ande dando vueltas con excedentes.
Pero en 2011, luego de ganar las elecciones, el gobierno impuso un “cepo” cambiario consistentes en la prohibición de comprar dólares. Para esto, impuso un sistema de pedido de autorización a la AFIP, a la vez que impuso un rígido control de importaciones que, aunque ahora parece más relajado no lo es porque los ingresos de mercadería están supeditados a las autorizaciones de la Secretaría de Comercio.
Este cepo generó el nacimiento del mercado paralelo, denominado “blue”, donde el dólar hoy cotiza casi un 50% más caro que en el oficial. Esta diferencia es un freno para las inversiones y por ello, atenta contra el futuro de la economía.
Las consecuencias del atraso cambiario se sintieron en las exportaciones, sobre todo de las economías regionales, que han sido las más afectadas, y en la llegada de turistas extranjeros. Pero el cepo afectó también a las importaciones, sobre todo de insumos.
Por otro lado generó otra distorsión y fue la cantidad de argentinos que aprovechan a viajar al extranjero pagando gastos con tarjetas a valor del dólar oficial. También la compra de bienes importados al valor oficial estimula las compras y agudiza la salida de divisas, como pasa con los automóviles.
Hoy el gobierno está acelerando la devaluación del dólar oficial, pero no alcanza a compensar lo perdido en los años anteriores, con el agravante que se están devaluando todas las monedas de la región y si no sigue el mismo ritmo el problema comercial será más grave el año próximo.
El tema de la energía
Es el gran problema de la Argentina y será un condicionante muy grande para las futuras gestiones presidenciales. El déficit se origina en un achicamiento de la oferta y una expansión de la demanda. Lo de la oferta obedece, en la faz eléctrica, a que no creció la oferta al mismo ritmo de la demanda.
En materia de gas el problema se originó al congelar las tarifas, que desalentaron la búsqueda de nuevos yacimientos, mientras que en materia de combustibles se dio el mismo proceso que en el gas.
El problema con la demanda tiene dos vertientes. Por un lado, la mayor demanda generada por el aumento de la actividad y el crecimiento del empleo, pero por otro lado, el congelamiento de los precios generó una sobre demanda que estimula un uso no racional dado que el costo es irrisorio frente a los precios de los demás bienes.
Hoy la Argentina importa energía por unos 15.000 millones de dólares, pero a su vez gasta cerca de 80.000 millones de pesos en subsidios con lo cual el gobierno se creó su propia pinza. Gasta dólares (que no le sobran) en importar energía a precios internacionales pero subsidia el consumo, con lo cual aumenta el gasto público.
Recrear la producción no será fácil y por más que aumenten los precios a los costos reales, no se podrá solucionar el déficit de forma simple. Además, las quejas sociales se harán escuchar porque nadie pidió el subsidio, pero nadie querrá que se lo saquen.
Hoy, vía YPF reestatizada se está intentando aumentar la producción de petróleo y gas pero es un proceso que llevará varios años en madurar. Seguir importando minará la solvencia en dólares de la Argentina. Energía y dólar oficial son, realmente, dos agujeros negros fabricados por el propio gobierno.