El enojo del pequeño-mediano bodeguero y productor era evidente: "Hace dos años me pagaron 6 pesos el litro de malbec, el año pasado me lo bajaron a 5 y ahora me están ofreciendo entre 2,40 y 3 pesos. ¿Me puede explicar usted cómo hago para seguir en la industria con un inflación del 25 por ciento anual?", nos consultó, agregando entonces que "lo más grave es que los precios en las góndolas de los supermercados están subiendo, no al ritmo de la inflación, pero subiendo al fin".
Propietario de una antigua bodega en estructura edilicia pero con moderna tecnología e inclusive barricas para vinos de guarda, (tiene también otro emprendimiento de viñedos en Junín) el informante señaló entonces que "por el momento estoy zafando con el envío de unas 30 mil botellas al año a Estados Unidos y otro poco al mercado interno, que es muy duro porque hay que enfrentar a marcas fuertes. Pero no sé hasta cuándo voy a poder mantenerme".
Según se supo luego, el malestar se transmite hacia el resto de los productores, especialmente tenedores de montos medianos y chicos de vino. "Cuando uno analiza las auditorías de mercado o inclusive visitando los supermercados, puede observar que, en mayor o menor medida los precios van aumentando, lo que en los hechos implica una pérdida de participación relativa del pequeño productor", dijo una fuente consultada.
Para muchos, la pregunta sobre quién se queda con esa parte de la torta global es la incógnita. "Más allá de eso, todos sabemos que la única manera de reducir la participación del sector comercial es tener precios relativamente estables o buenos. Pero -aclaró- también nos encontramos con otra realidad: están subiendo los insumos, desde las botellas, hasta los corchos y también el cartón y es el vino el que termina pagando las consecuencias", expresó la fuente consultada.
Siempre en ese mismo tema, desde Bodegas de Argentina se indicó que "el precio es como la fiebre del enfermo, es la manifestación del problema. Lo que sucede es que hace tres años, las exportaciones tiraban los precios hacia arriba, pero de repente se perdió competitividad y se cayó la salida de vinos al exterior. Al haber entonces menor demanda, es lógico que también se afecten los precios", destacó un dirigente.
Expresó luego que "de una caja, el vino en el precio final es el 30 por ciento. El resto es cartón, etiquetas, vidrio, corcho, etc. y la realidad marca que se trata de insumos donde hay una fuerte concentración que les permite fijar los precios, por lo que el problema no lo tiene sólo el productor, lo tiene toda la cadena", agregando que "no busquemos problemas en cosas que no existen. El mayor problema es que el vino no sale, que se cayó la demanda y todos estamos pagando las consecuencias".
Otra de las denuncias surgidas de parte de algunos productores de uvas finas radicó en el hecho de que "no se está controlando como corresponde y se está vendiendo más malbec que lo que realmente se cosechan en las viñas", a lo que respondieron los empresarios que "aquí (en la Argentina) se utiliza el CIU (Certificado de Ingreso de Uva a la bodega) y el INV tiene un sistema informático que controla todos los viñedos, de manera tal que cualquier diferencia en las cuentas salta de inmediato".
Profundizando entonces su opinión, indicó que estamos trabajando a full en la identificación varietal, porque es una directa exigencia en el mercado externo. Nosotros somos los principales interesados en la certificación varietal", para finalizar indicando que "aquí existe otro problema, como es la inflación y, en este aspecto, no tenemos expectativas favorables, al menos en el corto y mediano plazo".
Siempre en el plano de la discusión sobre los precios, desde otros sectores se señaló que "hay que trabajar para que mejore la distribución. No está en peligro el consumo, lo que está en peligro es la distribución interna de los ingresos".
Por otra parte, se indicó que haría falta una mayor participación del Gobierno en las decisiones de la industria. "El gobierno debería establecer prioridades para que estas cosas no pasen y que esas prioridades sean permanentes. Las decisiones espasmódicas, de salir con operativos o anuncios que luego no se concretan o se demoran, lo único que hacen es agudizar el problema, porque la gente, ante la desilusión, tiende a vender".
Agregó entonces que "redefinir la política vitivinícola implica establecer políticas permanentes para estabilizar los stocks, porque este es un problema financiero que todos conocemos: cuando se liberan los vinos, los que menos tienen y deben realizar las tareas culturales, tienden a vender tanto vinos como mosto y esa mayor oferta hace caer los precios. Y la función del Estado es proteger para evitar estos abusos".
Respecto del operativo anunciado días pasados, manifestó la fuente consultada que "no se puede criticar el objetivo, pero sí hubo muchos fallos operativos. Hay que permitir que el productor tenga la posibilidad de retener su vino con un crédito a tasa razonable y esperar el momento. Eso no cambiará el precio final del mercado, pero por lo menos les permitirá a los productores esperar la oportunidad", se indicó.
En otro orden, hay dirigentes que están comenzando a hablar del tema del alcohol, a modo de alternativa en la diversificación. "Hoy -se indicó- el alcohol aparece como una alternativa interesante y así como se premia la exportación de vinos podría premiarse la exportación de alcohol y hay que seguir insistiendo con el mercado interno del mosto, porque nos preocupa que vayan a quedar unas 50 mil toneladas sin exportar".
Dentro de ese esquema, una buena noticia es que el mercado a granel se habría comenzado a reactivar, de acuerdo con los números dados a conocer por el INV. "Es factible que esa mayor salida haya tenido directa relación con la movida que ha tenido el dólar oficial", destacó la fuente.
"Debemos recordar que tanto granel, como el mosto o el alcohol, son diversificaciones para apuntalar el precio del vino, de ninguna manera son objetivos en sí mismos y es una manera de atajarse para el momento en que haya superproducción. Estos aspectos también tienen que ver con la redefinición de las políticas vitivinícolas en las provincias, porque no es un problema sólo de Mendoza, porque San Juan también tendrá problemas con la caída del precio del mosto a nivel internacional".
Muchos coinciden que el actual es el momento de comenzar a trabajar porque en setiembre-octubre, con la brotación de las vides, ya comenzará a conocerse cómo viene la próxima cosecha.