"… incitados por los elementos ácratas [Anarquistas] y acaso por los políticos opositores, tratan de llevar a cabo un movimiento de protesta contra la nueva Ley (… ) Se agrega que la policía metropolitana ha secuestrado armas con que se preparaban muchos de estos elementos fanatizados para actuar en los disturbios.
(… ) Somos respetuosos de los derechos sancionados y garantidos por la Constitución Nacional, entre los que se registran los de reunión y libre manifestación de las ideas, pero (… ) cuando se toma como pretexto y escudo el ejercicio de esos derechos para atentar contra el orden (… ) esas manifestaciones no pueden estar comprendidas entre las que garantiza nuestra carta fundamental (… ) constituyen un espectáculo bochornoso para el pueblo, en las que las turbas fanatizadas por un credo perturbador y antisocial, son capaces de cometer los actos más denigrantes y criminales… "
Las palabras precedentes bien podrían constituir una crónica de lo sucedido el pasado lunes -en el marco del tratamiento y aprobación de la Ley Provisional-. Sin embargo es parte de una nota que en marzo de 1911 (sí, en 1911) publicó el diario santafesino "Santa Fe" refiriéndose a la muy combatida Ley Social.
Seguimos en una infancia atroz como pueblo, arraigados en problemas de otros siglos, embarrados hasta el cuello. En 1833, al visitar estas tierras, Darwin tomó nota de algunos aspectos que caracterizaban a los argentinos:
"Es curioso constatar que las personas más respetables invariablemente ayudan a escapar a un asesino. Parecen creer que el individuo cometió un delito que afecta al gobierno y no a la sociedad. (… ) tienen, sin embargo, la esperanza de que el gobierno democrático perdure. En mi opinión, antes de muchos años temblarán bajo la mano férrea de algún dictador"
Así, echando una mirada a testimonios pretéritos, las limitaciones nacionales se develan, mostrando una coherencia irracional a la que no ponemos fin. Probablemente porque nos visualizamos como una especie de pueblo elegido. La popular frase "Dios es argentino" sintetiza a la perfección el concepto glorioso que tenemos sobre nosotros mismos.
Esta primera gran contradicción, la que se da entre lo que creemos ser y lo que en realidad somos, fue observada por el filósofo español Ortega y Gasset, quien nos visitó en varias oportunidades entre 1925 y 1930. En un viaje en tren desde Buenos Aires a Mendoza el intelectual comprendió -observando el paisaje infinito- cuál era la esencia de los argentinos: los argentinos éramos como la Pampa, una promesa.
Lo esencial de la vida argentina era ser promesa. La forma de existencia del argentino es el futurismo concreto. No era además un futurismo colectivo, sino que cada cual vive en el mundo paralelo de sus ilusiones como si fuera n ya realidad.
Con esta base, tan bien descripta por el español, se comprende a la perfección lo atractivo que puede ser para algunos ese "relato" cargado de mentiras, atestado de fantasías setentistas y de héroes ilusorios, ese "relato" incoherente que escupen bramando violencia y que cada vez se tiñe más de anarquismo e intolerancia.
Pero contrario a lo planteado por Ortega y Gasset, los actos de violencia de esta semana fueron protagonizados por personajes que, lejos de vivir en el futuro, lo hacen en el pasado, uno atroz al que quieren arrastrarnos.