Hay varios misterios insondables en la vida: ¿Dónde van a morir los pajaritos? ¿Quiénes salen con las mejores minas? ¿Cómo pueden haberse vuelto millonarios algunos ex funcionarios con el sueldo de funcionarios?
Hay varios misterios insondables en la vida: ¿Dónde van a morir los pajaritos? ¿Quiénes salen con las mejores minas? ¿Cómo pueden haberse vuelto millonarios algunos ex funcionarios con el sueldo de funcionarios?
Pero uno de los misterios que siempre le han preocupado al hombre es si el universo es finito. Cuando digo finito no quiero decir como un grisín, o como muslo de tero; quiero decir finito porque tiene fin. Como alguna vez dijo El Perich, el universo no solamente es infinito sino que también es muy grande. ¿Pero es realmente infinito? Pues bien, la revista científica Nature termina de publicar un trabajo de un grupo de astrónomos conducido por el norteamericano Jeffrey Weeks.
Sabido es que un astrónomo es como un boxeador: ambos se dedican a ver las estrellas. El trabajo firmado por Weeks explica que el cosmos sería limitado, y tendría un diámetro de 70.000 millones de años luz, difícil de recorrer con una sola red bus. Pero un descubrimiento tal vez más importante que el anterior es que ese universo finito, limitado, tendría la forma de una pelota de fútbol. Usted se dirá ¿algo redondo, como una esfera, como un gran globo? No, no, exactamente como una pelota de fútbol.
Según los científicos aludidos el universo se curva en cuatro dimensiones, las tres ordinarias: alto, ancho y largo, más el tiempo, generando una hiperesfera de doce caras que se expande, lo mismo que una pelota de fútbol. Esto explicaría la adhesión que tiene este deporte entre los humanos. Ya no sería un simple pasatiempo de los domingos sino una clara actitud cósmica, celestial, de ser coherentes con el universo en el que vivimos.
Así como los Mayas en la antigüedad transformaban sus observaciones astronómicas en normas de vida, así los habitantes de este planeta no hacen más que interpretar a su universo que lo rodea cuando gritan un gol, o cuando contienen la respiración por un penal, o cuando van con los tapones de punta.
La cuestión podría tener una derivación mística, porque si Dios existe y al universo lo creó Dios, un partido de fútbol vendría siendo como un acto litúrgico, una ceremonia devota, casi un sacramento. ¡Pobres las mujeres que se quejan de que sus maridos las desatienden varias horas por semanas por ver los malditos partidos! Deberán entender que lo que están haciendo es simplemente un acto de fe.
Hasta puede darse que en el futuro la AFA traslade su sede al Vaticano y que el próximo Papa sea Sampaoli, mire lo que le digo. Alguna vez leí en una tribuna un cartel que decía “Maradona es Dios”. Lo tomé como una exageración, pero ahora estoy comenzando a sospechar que puede haber algo de verdad, y también que puede haber algo de verdad en aquello de que “Dios es argentino”.
La cuestión es que si usted va un domingo a una casa y escucha que están relatando un partido, no saque conclusiones apresuradas, no diga: “El dueño de casa es fanático del fútbol”. Puede que simplemente sea un astrónomo, o puede que sea un nuevo sacerdote de una nueva religión. Ahora bien, hay algo que produce desaliento, porque si el universo es una pelota de fútbol, ¿cómo pretenden que en un planetita como el nuestro no andemos a las patadas?