El primer ministro británico David Cameron ha dado el visto bueno a la realización de un referéndum a finales del año 2017, para decidir si el Reino Unido abandona o no la Unión Europea.
El primer ministro británico David Cameron ha dado el visto bueno a la realización de un referéndum a finales del año 2017, para decidir si el Reino Unido abandona o no la Unión Europea.
Lo hace presionado por el ala más conservadora de su partido y mucho más aún por el reciente ascenso del Partido por la Independencia del Reino Unido (UKIP), de orientación ultranacionalista, antieuropea y antiinmigración, el cual ha sido la gran sorpresa de las últimas elecciones locales de principios de mayo, cuando obtuvo el 25% de los votos, transformándose en la tercera fuerza a nivel nacional.
Al igual que en otros países europeos, la crisis económica ha provocado un crecimiento de los movimientos de extrema derecha, nacionalistas y xenofóbicos, como también del escepticismo sobre el futuro de la Unión Europea.
En medio del aumento del desempleo y los recortes presupuestarios, la sociedad británica se está transformando en una de las más desiguales del mundo. Han crecido también los problemas raciales y religiosos entre comunidades de distinto origen y el rechazo a la inmigración.
Se le achacan a la Unión Europea y sus normas los problemas por los que atraviesa el país. Además, y fundamentalmente, Londres no quiere someterse a los dictados de Bruselas y Berlín en materia económica y fiscal.
Paradójicamente, el Reino Unido fue el que más promovió la ampliación de la Unión Europea y la incorporación de nuevos países a la misma. Sin embargo no es parte del área Schengen (que permite la libre circulación de personas) y nunca adoptó el euro, optando por mantener la tradicional libra esterlina.
El Reino Unido se encuentra en un momento turbulento de su historia, atravesando un período de redefiniciones sobre la constitución misma del Estado británico y su relación con Europa y el resto del mundo.
La pretensión de independencia de Escocia, la perspectiva de integración de Irlanda del Norte con la República de Irlanda y la posible salida de la Unión Europea son temas que se encuentran sobre el tapete en este momento.
Estos tres asuntos serán decididos a través de sendos plebiscitos en los próximos años. Su definición será crucial para el futuro británico.
Escocia
Los gobiernos de Inglaterra y Escocia acordaron convocar un referéndum para el 18 de setiembre de 2014. Según los sondeos, las posibilidades de que triunfe el independentismo del Partido Nacional Escocés parecen remotas.
Su líder, Alex Salmond, estaría apuntando en realidad a la máxima autonomía y la mayor devolución de competencias posibles. Escocia ya recuperó su propio parlamento hace unos años.
Existen varios puntos delicados y controversiales en la negociación entre Inglaterra y Escocia, como por ejemplo las regalías petroleras del Mar del Norte, el armamento nuclear instalado en territorio escocés, la deuda pública escocesa, el uso de la libra esterlina y la pertenencia a la Unión Europea.
Irlanda del Norte
En el caso del Ulster, el referéndum sobre su status está planeado para el año 2016. Las opciones serían continuar siendo parte del Reino Unido o integrarse a la República de Irlanda.
En los últimos años el balance étnico de Irlanda del Norte se viene inclinando a favor de los irlandeses republicanos y católicos (que buscan la definitiva unión de toda la isla), en detrimento de la población de origen inglés y protestante (que desea continuar bajo dominio británico).
La causa de la reunificación irlandesa parece tener más posibilidades de éxito. Lo que suceda finalmente dependerá en gran parte de la situación económica de Irlanda, Inglaterra y Europa.
Sucesión real
Varias encuestas indican que la mayoría de los británicos no desean que la reina Isabel II (de 87 años de edad) sea sucedida por su hijo, el polémico príncipe Carlos. En cambio preferirían que la corona pase directamente a su nieto Guillermo. La reina ha manifestado su intención de no abdicar.