Pese a toda su bravata, la garantía del presidente Vladimir Putin el martes pasado, en el sentido de que Rusia no planea -por lo menos por ahora- ocupar el oriente de Ucrania, sugirió un posible camino para salir adelante en la crisis geopolítica que ha cautivado al mundo. Mercados globales reaccionaron con alivio, en tanto la Casa Blanca lo hizo con un cauto optimismo.
Sin embargo, el suceso presentó un engañoso acertijo para el presidente Barack Obama y sus aliados europeos. Incluso si Rusia no deja en paz el este de Ucrania y evita una escalada de su intervención militar, ¿puede congelar efectivamente su ocupación de la península de Crimea? ¿Se verían obligados EEUU y Europa a aceptar tácitamente eso o podrían encontrar una manera de reducirlo, y, de ser así, a qué precio?
Desde que fuerzas rusas tomaron el control de Crimea, subalternos de Obama han concedido en privado que sería difícil revertir la ocupación, si no imposible, a corto plazo, centrando más bien su energía en trazar una línea para impedir que Putin vaya más lejos. Si Crimea sigue acordonada en las próximas semanas, entonces se requerirá de un esfuerzo concertado para obligar a Rusia a que haga retroceder tropas, esfuerzo que podría separar a EEUU de aliados europeos que pudieran estar más dispuestos a vivir con el nuevo statu quo.
Por el momento, la Casa Blanca está concentrada en impedir que el enfrentamiento escale. Y si bien se sintieron desalentados por la belicosidad de Putin y justificación de sus acciones, oficiales estadounidenses tuvieron un poco de solaz en que él dijo que en este momento no veía la necesidad de una intervención en áreas de habla rusa del oriente de Ucrania. Además, ellos se sintieron motivados por lo que, al parecer, fue la aceptación de Putin de nuevas elecciones en mayo como una forma de darle legitimidad a un nuevo gobierno ucraniano.
Obama, quien consultó a la canciller alemana Ángela Merkel por teléfono el martes, al tiempo que su secretario de Estado, John Kerry, visitaba Kiev, dijo a reporteros que algunos habían interpretado los comentarios de Putin como si significaran que él “está haciendo una pausa por un momento y reflexionando sobre lo que ha ocurrido”.
Otros advirtieron que no se debe interpretar demasiado en las declaraciones de Putin. Ivo Daalder, el primer embajador de Obama ante la OTAN, dijo: “Sería un error de nuestra parte ver lo que él está diciendo y pensar que esta crisis ya casi termina: ‘De acuerdo, hemos perdido Crimea, pero el resto del país está con nosotros’”.
Prosiguió: “Crimea es de suma importancia. Significa que un país puede ser invadido y que un gran pedazo del mismo puede ser arrebatado sin precio alguno. Pero esto no es sólo sobre Crimea, es sobre quién está, a fin de cuentas, en control de Ucrania”.
La situación seguía tensa a medida que oficiales de la administración Obama proseguían con planes para sanciones que pudieran ser impuestas por EEUU y, esperaban, en conjunción con aliados europeos. La Administración está desarrollando planes para acciones que escalarían con el paso del tiempo si Rusia continuara dejando fuerzas en su sitio en Crimea, región autónoma de Ucrania.
Obama tiene autoridad para aplicar varias medidas sin nueva legislación. Para empezar, bajo la llamada Ley Magnitsky, el Departamento de Estado ya trazó una lista de rusos vinculados con abusos a los derechos humanos, a los cuales se abstuvo de imponerles sanciones en fecha reciente. La Administración podría prohibir rápidamente que esos rusos viajen a EEUU y congelar cualquier activo en el país.
El presidente estadounidense también tiene el poder, bajo sanciones sobre Siria ya existentes, de ir detrás de individuos e instituciones rusos que han estado involucrados en el envío de armas para ayudar al presidente Bashar Assad a aplastar la rebelión allá. La Administración se había contenido de ese tipo de acciones mientras intentaba trabajar con Rusia para resolver la guerra civil de Siria, pero si se aplicaran podrían aislar a bancos rusos de instituciones financieras en Europa.
Obama también podría firmar una orden ejecutiva que cree otra serie de sanciones específicamente en contra de oficiales y organizaciones rusos responsabilizados por crear inestabilidad en Ucrania y violar su soberanía. En teoría, eso pudiera incluir a cualquiera, hasta al mismo Putin, pero algunos oficiales indicaron que ellos no lo atacarían, cuando menos al principio, y más bien trabajarían para ir ascendiendo por la cadena de mando.
Dirigentes europeos, dependientes del gas natural ruso y con vínculos económicos mucho más profundos con Rusia, han expresado renuencia a aceptar las sanciones más severas hasta este momento. Sin embargo, una orden estadounidense que declarara a un banco ruso en violación sería enviada a bancos por todo el mundo, obligándolos a cortar nexos con esa institución rusa o arriesgarse a que les prohíban hacer negocios con el sector financiero de Estados Unidos. “Mi opinión es que Rusia puede ser obligada a salir de Crimea con la combinación de sanciones financieras y diplomacia dura y directa”, dijo Anders Aslund, del Instituto Peterson de Economía Internacional, en Washington.
De cualquier forma, otros abrigan más dudas, notando que Obama pudiera no estar dispuesto a ir tan lejos como es necesario sin el apoyo de aliados, particularmente dado que eso presuntamente pondría en peligro la cooperación rusa con respecto a una diversidad de temas, incluyendo Siria, Irán, Afganistán y la paz en Oriente Medio.
El precedente pudiera ser Abjasia y Osetia del Sur, dos regiones a favor de Moscú que se separaron de la ex república soviética de Georgia. Tras la guerra de Rusia con Georgia, en 2008, el Kremlin desafió a Estados Unidos y al resto del mundo reconociendo su independencia y dejó tropas en el sitio para garantizarlo. Pese a todas sus protestas, Estados Unidos y Europa empezaron a final de cuentas a hacer negocios de nuevo y como de costumbre con Rusia.
Subalternos de Obama dijeron que Ucrania era diferente y que ellos tenían dificultades imaginando regresar a una relación normal mientras tropas rusas ocuparan Crimea.
Después de escuchar a Putin, funcionarios de la Casa Blanca dijeron que veían el progreso de tres posibilidades. La primera sería una escalada rusa al interior del este de Ucrania. La segunda, que Rusia decidiera mantenerse firme en Crimea, ya sea a través de una anexión o mediante un dominio de facto. La tercera, que Rusia accediera a permitir que observadores internacionales reemplacen a sus tropas en las calles para protegerse de cualquier ataque en contra de oradores rusos y aceptar el gobierno ucraniano que surja de las elecciones de mayo.
Obama, quien habló durante 90 minutos con Putin el pasado fin de semana, dijo que él reconocía que Rusia tiene intereses naturales en su vecino pero aun así no aceptaría “una persistente violación del derecho internacional. Sé que el presidente Putin parece tener una serie diferente de abogados que hace una serie diferente de interpretaciones, pero no creo que por eso esté engañando a alguien”. Y agregó que los ucranianos deberían tener el derecho a determinar su propio destino.
“El Sr. Putin puede lanzar muchas palabras por allá, pero los hechos en el terreno indican que, justo ahora, él no se está rigiendo por ese principio”, dijo Obama. “Aún existe la oportunidad para que Rusia así lo haga, trabajando con la comunidad internacional para ayudar a que se estabilice la situación”.